Ella sonrió. Desde hace mucho que no lo hacía. Su corazón ya no se sentía triste. Mariana abrazo con más fuerza a la pelinegra mientras escuchaba los latidos de su corazón, pero, aunque ella sonriera, Magnolia yacía preocupada. Los sentimientos de la princesa hacia ella podrían convertirse en odio cuando descubra lo que realmente hizo para permanecer encarcelada. ¿Qué debo hacer? —se preguntó para luego cerrar nuevamente sus ojos y dejarse llevar por el sueño Más tarde ambas volvían al entrenamiento. Esta vez la joven princesa se esforzaba, así como su mirada muchas veces yacía distraída. No podía dejar de observar a su amada Magnolia. —Sigue. —insistió Magnolia cuando la princesa dejo de atacar— Mariana —advirtió nuevamente —¿Por qué debo seguir entrenando? —pregunto suavemente —

