Cayo de rodillas bruscamente. Sus cabellos enmarañados y sucios cubrían su rostro que relucía de suciedad. En su mejilla pequeñas gotas de sangre permanecían secas mientras que su labio superior lucía con un pequeño corte. Agacho la cabeza sintiendo el dolor consumir todo su cuerpo. —Cobarde —siseo Lía entre dientes Augusto soltó una corta carcajada que resonó en la estancia. —No soy cobarde, princesa. —Augusto se cruzó de brazos mientras caminaba fingiendo ofensa, observo con detenimiento a la mujer quien yacía en el suelo con las manos agarradas, sintió una mirada pesada que recorría su cuerpo con nerviosismo— ¿Qué quieres decir ahora, Santiago? El segundo príncipe alzo el rostro para observar fijamente a su hermano. —Esta no es la manera, ella es una princesa y no está acostumbra

