Se detuvo bruscamente cuando sintió aquel aroma tan cerca. —¿Qué quieres? —pregunto apretando sus puños— Ya tienes a tu hija. ¡Ahora largo! Siguió su camino ignorando aquella presencia. Xavier observo al felino tomar asiento, la mirada de Augusto yacía perdida mientras en su pecho un inmenso dolor se impregnaba. Por primera sintió una extraña sensación consumir su cuerpo. Sintió vergüenza y tristeza. Ni siquiera tuvo el valor de observar a su joven hermano. ¿Qué iba a decirle? Augusto prefería guardar silencio. Seguía sintiendo una mirada sobre él, cerro sus ojos y soltó un suspiro recostándose sobre su trono. —Si piensas que iniciare alguna guerra estas equivocado —susurro con voz ronca y casi débil —Sé que no harías eso —contesto el brujo —Entonces ¿por qué sigues aquí? —los labi

