¡j***r! ¿Cómo lo inicio? No es como que esté buscando que todo encaje a la perfección en los sucesos, pero quizás para algunos, la vida en general fue injusta. Quizás en mis inicios puedo admitir que lo he logrado, la vida perfecta, el mundo colorido y los lindos amaneceres adornados del perfecto naranja, ya saben, todo el cuento de hadas.
Mi vida perfecta se resume a una cantidad de acontecimientos propios e impropios de mi parte. Quizás el ser una chica criada en un entorno hogareño me encerró de varios de mis problemas, o quizás los logro desatar más de lo que tenía ocultos, aunque quizás deba admitir mis problemas desde un punto de vista más amplio. Quizás siempre los tuve, pero sabía cómo esconderlos.
Los demonios no solo aparecen en chicos malos.
La niña perfecta en el camino perfecto, seamos realistas ¿Quieres a una chica débil? ¡Oh vaya! No seas tonta, los chicos quieren chicas débiles para poder tener su mayor poder en ellas. Lo que las chicas debemos hacer es aparentar ser débiles y luego, cuando están en nuestras garras, demostrar lo contrario.
Ese fue mi primer problema, aparente ser lo que no soy.
El consejo de mi mejor amiga se pudo ir al caño ¡Ojo! Solo conmigo, pero para el resto de las chicas, todo se formuló completamente diferente y en parte, esa fue mi culpa.
Aspire tanto que cuando pensé tocar las nubes, el cuento empezó a tomar otro rumbo. Nunca fui una chica de dobles apariencias, así que asumo, siempre fui débil.
Pero ¡Vamos amigos! ¿Por qué ser alguien que no soy al lado de alguien a quien quiero pertenecer? Exacto, el primer error seguía persistiendo, aunque para ese entonces, el error no era un error, era un paso a la mejor vida que siempre había deseado. Es lo que pensaba.
Una casa de campo perfecta para pasar los tiempos de veranos y las vacaciones, una casa en la ciudad en donde estaríamos tomando nuestro autos para ir a nuestros trabajos, tener noches de cita y cenas a la luz de la luna ¿Quién no quiere eso? Seamos sinceras, todas las mujeres una vez en la vida, hemos deseado ser consentidas, mimadas y amadas.
Pero ese es el segundo problema. Vivimos tratando de encontrar eso en diferentes personas hasta llegar a la indicada, si es que le podemos decir indicada a quien te trata bien, te da un beso y te lleva a citas.
Yo Lilith McFavior, pensé encontrarlo, o mejor dicho. Lo encontré.
Tan dulce como el azúcar y tan amargo como la vainilla ¿Contradictorio verdad? La sutileza no estaba en su diccionario pero lo intentaba, quiero excusarlo pero ¿A quién quiero engañar? Todos queremos un poco de rudeza en nuestra vida, un poco de esto y aquello.
Mi forma de ser, e incluso de tomar mis libros de camino a la universidad dio paso a la idea de la chica perfecta.
Mi estatura de 1,69 cm, un promedio mayor a lo que las demás chicas poseen, una larga cabellera castaña con ondulaciones naturales, el perfecto tono pálido de mi cuerpo junto al leve retoque de maquillaje en mi rostro, la contextura de chica sumisa y nerd que va en la esquina de un autobús a la excursión, pero con el poder de una porrista en potencia, y a eso súmale, mis ojos color grises.
¡Exacto! Para muchos era la chica perfecta, e incluso quien me pueda ver ahora mismo lo puede asumir ¿Me molesta? No, efectivamente no, pero no todas las caras lindas tienen sonrisas perfectas.
Tonos grises, azules y blancos rodean mi vida en este momento, no me molesta, no me afecta y quizás me intriga, pero la soledad es lo que me embarga en un momento como este.
Llorar ya no está en mi diccionario y quizás sola complemente no estoy, pero cuando hago énfasis en soledad, es en el espacio que me encuentro ahora, debo admitir que siempre fui una chica de varios amigos, pero no todo siempre se pinta de un color pastel.
Mi vida siempre estuvo decorada de los colores que tanto me gustaban, rosa, turquesa y lila, todos de la gama de tonos pasteles, amo esos tonos, y quizás cuando era un poco atrevida, cambiaba los papeles por un buen rojo y n***o. Aunque muy pocas veces me lograron admirar en esa postura.
La chica perfecta siempre debe ser sumisa, eso decía mi madre, pero cuando veía a mi padre jugar al futbol americano con mi hermano mayor, sabía que no tenía opción, ellos me incluirían y gradualmente mi madre me sacaría.
No puedo negar que mi vida se centró en pequeños aspectos que marcaron mi adultez, pero ¿Quién no fue guiado por sus padres en cierto momento? Todos, no seamos ingenuos, ya que para bien o para mal, estamos aquí ahora.
Quizás he evitado poder pensar en una sola cosa en el último tiempo “El amor” se supone que ahora debería de estar soñando en el puro mar de sábanas blancas, en el deseo de la convergencia de los cuerpos unidos en una sola sintonía, vivir en demasía el amor o por lo menos por lo que fui creada.
Se supone que escribiría mi historia cuando tuviera 70 u 80 años de edad, que relataría hasta los momentos vergonzosos e íntimos, pero ya para esa altura no tendrá problemas por los sonrojos, mi vida debería estar plasmada y leída por cada joven en el mundo que deseaba un amor eterno.
Pero hay dos cosas importantes que recalcar; La primera es que no se escribir y la segunda, no tengo un amor eterno, por lo menos no por ahora.
¿Qué si lo tuve? Efectivamente.
El recuerdo de su toque en mi cuerpo es maravilloso, no podría olvidar como las yemas de sus dedos tocaban como el cielo mis brazos, como dejaba sutiles besos en el hueco de mi cuello y como mordía los huesos de mi clavícula tratando de tomar más de lo que podía ofrecerle.
No puedo olvidar cada centímetro de su piel, ni como se veía su nívea piel al salir de la ducha, no puedo olvidar el destello de amor cuando nos veíamos en la mañana para tomar el café del día y pasar el desayuno para una mejor oportunidad.
Pero tampoco olvido la ferocidad con que sus pupilas se dilataban debajo de mi cuerpo, no olvido su apretar en mi garanta, ni tampoco la ira recorriendo su cuerpo cuando llegaba más tarde de lo provisto.
Amo y odio recordarlo, porque no es alguien que merezca ser recordado, por lo menos, no por mí.
Es inevitable cuando una persona impactante se cruza en tu camino, de repente te ves envuelta en su aroma, en su aura y cuando menos lo piensas, en su vida. La pareja perfecta del mundo perfecto pero ¿Qué ocurre dentro de una habitación oscura? No lo sabemos, por lo menos hasta que al salir la luz del día deje en evidencia sus ataques de amor y desenfrenos.
Marcas rojizas y moradas, ellas permanecían ocultas en mi cuerpo, por lo menos al inicio cuando sentía vergüenza de que supieran que fui tocada inapropiadamente antes del matrimonio, pero la sensación de tocar el cielo con los dedos aun estando en la tierra, tenía su toque de satisfacción, imagino que lo tuvo hasta cierto tiempo.
Cuando las marcas comenzaron agrandarse…
Flashback
«-Dulce niña- besos recorren mi cuerpo, mi espalda está expuesta. La decisión de dormir sin camiseta me está pagando caro, no deseaba tener que cubrirla cuando el calor era tan abrasador que podía cocinarte en medio de la noche.
-¡Uhm!- murmuro aun con mis ojos cerrados, dejo que el haga de las suyas, puedo sentir como mi cadera es apretada con sus grandes manos. Me retuerzo mientras muerdo mi labio, la sensación es dulce y delicada, aunque con la ligera presión para que no me mueva de mi espacio.
-Dulce amor ¿Quieres tentar a este débil hombre a caer en el pecado?- ladeo una sonrisa, no puedo verle porque sinceramente no tengo aun las ganas suficiente de abrir mis ojos, pero cuando sus labios caen en el contorno de mi trasero, es cuando me alerto y los abro de par en par.
Muerde, una, dos y tres veces antes de dejar pequeñas mordidas en todo el centro de mi espalda, siento cuando presiona los hoyuelos que se me forman en la espalda baja y como sus manos van subiendo tocando todo a su paso.
Su peso se vuelve mayor encima de mi cuerpo, mi rostro esta ladeado a la izquierda, mi mejilla derecha está recibiendo todo el peso de mi rostro y puedo distinguir como el blanco de la habitación me abre paso a saber que el sol ya está arriba, en su punto alto, dejándome saber que deberían de ser ya las 8 o quizás 9 de la mañana.
Dejo que me toque durante una brevedad de segundos antes de emitir algún sonido.
-¿Estas feliz esta mañana?- le pregunto mirando por encima de mi hombro causando que él sonría y bese mi mejilla.
Dulces orbes de color verde se posan en mi rostro, su cabello esta desordenado por la almohada, pero aun así logro ver sus ojos moverse por toda la extensión de mi rostro tratando de encontrar algo que no creo tener, hasta que se posan en mis labios.
-¿Cómo no estarlo?- ladea su sonrisa y se acerca dejando todo su peso encima de mi cuerpo para hacerse dueño de mis labios, un placer del que me siento afortunada.
Es de mañana y muchos pueden decir que es asqueroso, pero sentir su tibia lengua sobre la mía al momento de unir nuestros labios me hace sentir deseosa. El juego continúa con nuestras bocas tratando de tomar más del otro.
-Eres la mujer más hermosa que mis ojos han visto- murmura al separarse unos segundos para tomar aire y atacarles nuevamente como ansiando que nuestra unión de labios fuera eterna.
Su creciente erección está instalada en mi trasero, la siento moverse al compás de sus caderas. Sus antebrazos ahora están a cada lado de mi cabeza para tomar la buena cantidad de impulso y seguir en su faena de masturbarse contra mí.
-Nena, te necesito- sus orbes dilatados caen de nuevo sobre los míos, no lo evito y me giro para dejarlo encima de mí, entre mis piernas. Él se ubica como si siempre hubiera pertenecido allí, y me hace creer que así fue, que estamos destinados a ser, a encontrarnos y que en nuestra vida pasada estábamos enlazados hasta la medula.
-Te amo- mis palabras son sutiles, suaves y esperanzadas.
-También te amo, nena- besa mis labios con dulzura antes de quitar la delgada sabana que me cubría del calor abrasador. Mi cuerpo queda al descubierto y mis pechos pequeños quedan a su vista, delinea con su dedo toda la extensión que me pertenece, pasa desde mi cuello hasta mi clavícula, baja por el centro de mis pechos hasta llegar a mi abdomen, llega al cinturilla de mis short de pijama y tira de él.
No es rudo, pero se toma tu tiempo en sacarlo de mi cuerpo junto con mi ropa interior, esta de rodillas en la parte inferior de nuestra cama, es más que obvio que ya es nuestra. Mi habitación de estudiante cerca del campus es casi nuestra, nuestro dulce y acalorado nido de amor.
El saca sus prendas y puedo ver su erección prominente apuntar en mi dirección. Voy a mentir si diera que no estoy ansiosa por tenerlo, aunque también un poco adormilada.
-Seré dulce- dice el acercándose a mi cuerpo, dejando parte de su peso a cada costado de mi cabeza antes de volver a meterse entre mis piernas.
-Siempre eres dulce- susurro mientras tomo su cuello y lo halo hacia mí, unimos nuestros labios mientras una de sus manos delinea su m*****o hacia mi sexo. Se introduce, lento y suave esperando como cada vez que está dentro de mí, a que mis paredes se acostumbren a su gran tamaño.
-Estrecha como un guante. Me enloqueces princesa- sus palabras susurras en mi oído me hacen estremecer, y lo compensa cuando sale de mi para volver a entrar. Trago hondo, fuerte y aun así, él está siendo suave con mi cuerpo.
Paulatinamente siento como aumenta sus movimientos, sus jadeos se vuelven insistentes en mi oído y mis manos se aprietan en sus nalgas cuando empieza a moverse con rapidez.
-¡Oh! Allí bebé, allí- trato de hablar con claridad.
Besos en mi cuello comienzan a ser repartidos hasta que él se alza, se apoya en sus antebrazos y mis uñas se clavan en sus hombros para ayudarme con los movimientos cuando he enrollando mis piernas en su cintura logrando que el arremeta contra mí con más rapidez.
Se pone de rodillas y sus manos sostienen mis caderas para que me mueva a su propio compas. La niebla de placer me consume, me abruma y me hace pensar que lo único que debo hacer es dejarme hacer por él, porque el sabrá que hacer con mi cuerpo en este momento.
Mis manos aprietan las sabanas, el orgasmo está por llegar, la sensación en mi vientre comienza a formarse con tanta rapidez que no me da tiempo de asimilarlo, de avisarle o balbucear cuando ya estoy gritando mi orgasmo y corriendo en todo su pene desnudo dentro de mí.
Mis ojos entre abiertos y mi espalda arqueada son índice que mi cúspide es momentánea, porque vuelvo a caer de nuevo en la cama mientras el sigue arremetiendo contra mí en busca de su ansiada liberación.
-Un poco más nena, un poco más- asiento inconsciente mientras aun siento mi cuerpo sensible y casi por tener un segundo orgasmo si él no se detiene en este momento – ¡Ohh cariño!- su cabeza cae hacia atrás antes de dejar que su peso se pose encima de mí.
Mi respiración esta desigual, y mi vista empieza a enfocarse cuando siento unos besos en mis mejillas. El segundo orgasmo fue inminente, cuando su semen salió disparado manchando mis paredes, sabía que llegaría y como lo pensé, en ese momento volví a gritar su nombre por todo lo alto.
-Eres maravillosa- sale de mi cuerpo y se acuesta a mi lado. Nuestros pechos suben y bajan tratando de regular todo a su paso, una sonrisa aparece en mis labios en conjunto con la de él.
Acerco mi mano hacia su mejilla y toco el pequeño indicio de barba que empezara a llenar de nuevo su rostro.
-Te amo, cielo- acerco mis labios hacia los suyos fundiéndonos en ese largo beso dulcemente amargo.
-Tomemos una ducha cariño, debemos irnos- asiento un poco cansada pero el día está iniciando y mis responsabilidades junto con ella.»
Fin del Flashback
El amor, el concepto más efímero y complejo en mi vida. Buscar el significado ya no es una de las acciones que me puedan complacer, por lo menos por ahora. Los nuevos conceptos que tengo en mi cabeza van muy alejados a lo que se puede relacionar con él.
Mi sonrisa es triste, lo sé, pero no puedo hacer mucho cuando no me veo en el espejo y admiro un poco mi belleza, que ha sido reemplazada por las ojeras a tiempo completo que están en mi rostro.
Mi familia me protegió tanto, me enseño tanto y me advirtió tanto sobre lo que hacer y lo que no, que se les olvido enseñarme lo más importante ¿Qué hacer con la dependencia humana? Y sobre todo ¿Cómo caminar con mis propios pies?
No es en sentido literal, es sinceramente una metáfora, mis padres no me enseñaron a como pensar como un ser individualista, no me enseñaron a como decirle “No” a una persona, y aunque ellos lograron entender su error a una edad muy tarde, no lo admitieron.
Me hicieron de cristal, de uno tan fino que cuando el amor toco a mi puerta, arraso con cada pedazo de mi ser, y esto si lo digo literal, arraso cada pequeña pulgada de mi cuerpo, de mi vida y mis pensamientos.
Pero tranquilos, mientras estemos de pie podemos salir adelante, porque solo basta algo importante para que los sueños y los deseos que cumplan.
Determinación es la palabra, pero en mi caso es la sed de un deseo que le he pedido a Dios desde hace varios años.
Y es que nunca me borre “El dulce recuerdo de mi amargo amor”