Capítulo IV «Ravioles y Canelones»

3142 Palabras
Estamos tan acostumbrados a que las cosas buenas nos pasen por ser buenas personas ¿Verdad?  Como aquel día bajo la lluvia y mi reclamo inconsolable del porque me estaba pasando eso en aquel determinado momento. Pero la vida se basa en un montón de situaciones que a la final del día no nos importan, puede terminar dañando nuestro mejor momento y aunque eso te clave una estaca en el corazón de dolor, gradualmente lo superaras, empezaras a buscar algo bueno de ese suceso para compensarlo, para no sentirte tan miserable por dañar lo único bueno que te estaba ocurriendo. No estamos hechos para una avalancha, pero si nos toca pararnos frente a ella y detenerla, debemos hacerlo, nuestro ser nos dice correr o enfrentarnos y no todos estamos hechos de acero, algunos quieren que los tomen en brazos y les ayuden. Fácilmente podemos apartar todo lo que nos amarga la vida, podemos dejar a un lado las malas influencias y pisar la tierra alta como todos unos conquistadores, pero ese es nuestro problema, pensar y pensar, quizás cuando queremos entender que fue lo que paso, terminamos contando anécdotas que nunca pensaste pasarían parte de tu historia, porque no sabemos quienes realmente vienen a dañar cada parte de nuestra vida. Podemos sentir vibras, auras o lo que sea que exista, pero no siempre tenemos la certeza de conocer a las personas, no podemos hablar por ellos o descifrar sus propios demonios cuando aún no sabemos cuáles son los nuestros. ¿Te crees muy santo? Párate en la brecha de tu peor momento y ponte a pensar si no sacarías las garras por lo que más amas, y aunque en cierto momento lo que más amamos nos da la espalda, aun así mantenemos nuestra frente en alto. -Si tuvieras que matar a una persona para ser feliz ¿Quién sería la persona indicada?- Aquella pregunta aún resuena en mi cerebro, puede una persona ser tan dulce y al mismo tiempo horrorosa. Creo que en mi diccionario de palabras usadas de vida, no había usado tan fuerte palabra, pero el horror existe y muchas veces nos negamos a ello. No se trata de un vestido o un sombrero horroroso, estamos hablando del verdadero horror apareciendo en tus ojos, cuando las pupilas se dilatan, cuando sudas de miedo y tus lágrimas no se detienen, cuando tu hipido puede más contigo que no puedes imaginarte más que en tu mejor lugar. El horror existe y algunas veces está dentro de nosotros mismos, a veces somos llamados horrorosos por nuestro aspecto, y en otras oportunidades por como solemos actuar. Pero ser horrorosos y egoístas son dos situaciones distintas, hasta que te vuelves horrorosamente egoísta en una sola frase, adjuntándose en una sola persona, encontrando dos males en un solo frasco embotellado, como si fuera un premio dentro de una caja de cereal y créanme, es la mayor mierda que te puede pasar. -¿Cómo fue que aceptaste tener un tiempo con él?- ladeo mi cabeza porque no me asusta que me encontraran pensando en el pequeño parque. Sonrió porque se quién es la que me está preguntando. -¿Tiempo con él? No estoy atendiendo- miro hacia ella cuando me he deslizado un poco para que Michelle se sienta a mi costado observando también el inmenso árbol lleno de hermosas flores amarillas, que dentro de unos días comenzaran a caer. -Creo que no me he explicado- murmura mientras niego aun sin verle -¿Cómo es que aceptaste una cita con ese chico?-  muerdo mi labio y ahora si me tomó el tiempo de girar mi rostro y verla directamente a sus ojos. -No fue mi decisión en primera instancia- le confieso –Trevor me parecía el ser más dulce que podía conocer- muevo mis manos para luego dejarlas en mi regazo –Era entusiasta, amante a la naturaleza y como ya pudiste conocer, ama la navidad- ladeo una sonrisa. -Como tú- sonríe mirándome. -Como yo- asiento a sus palabras –Pero no fue mi primera decisión, sino de mis amigas cuando se los conté- -¿Tus amigas? ¿Tú no querías?- sonrió mientras alzo mis cejas y cierro mis ojos rememorando ese día.     Hace 7 años y 11 meses…   «-¿Porque no nos dijiste?- la voz de Flor es suave pero en reproche mientras esta tirada encima de mi cama, hace eco en la habitación. -Cierto ¿Por qué?- Dannia habla ahora girando su cabeza a mi dirección. Flor sigue con sus ojos cerrados. -¿Es feo? ¿Es porque tienes gustos extraños?- dice la última mencionada apoyando su codo en mi cama para poder verme. Dannia se sienta y pega su espalda en la pared para recostarse y vernos a ambas mientras que yo giro mi cabeza pero negar. -Es simpático- alzo un hombro restándole importancia. -Pero…- Flor agita su mano para que continuara hablando sobre lo que según ellas, estaba tratando de ocultarles. -Nada, no es nada feo o algo así- ahora me apoyo yo en la cama para poder verlas a ambas solo moviendo mi cabeza –Es dulce, me acompaña y le gusta la navidad- suelto aquello como si lo estuviera escondiendo en lo más recóndito de mi ser. -¿Y porque no has aceptado su cita?- pregunta Dannia. Me encojo de hombros cayendo a la cama. -¿No estabas buscando un hombre como él?  Es que te gustan las chicas ¿Es eso?- su pregunta me hace carcajear pero lo dejo pasar. -Se lo que quieren decir pero ¿No es muy apresurado?- les hago la pregunta pero ellas niegan con insistencias. -Si lo dejas ir, a tu chico perfecto se lo puede robar otra- Flor hace énfasis en robar como si fuera lo peor que puede ocurrir. -No es como si estuviera corriendo detrás de él, cada quien tiene sus propias ocupaciones y si no le intereso entonces ¿Por qué me pidió una cita?- analizo. -Tienes razón, señorita intelectual, pero puede ser tu oportunidad, has tenido encuentros con él desde hace un mes ¿Por qué no darle una oportunidad?- dice mi amiga mirando a la otra recostada en la pared y cierro mis ojos llevando mi brazo para cubrir mis ojos. -No quiero que la buena amistas se pierda- suelto con algo de vergüenza. -Si la pierdes por algo que él quiera hacer, es mejor perderla ahora antes de que sea más fuerte, y si no, estas ganando una relación ejemplar- Flor alza su ceja con coquetería y no puedo dejar de reír.»   Fin del flashback   -¡Vaya! Creí que tenías la determinación- niego enfocándome en la flor amarilla que estaba casi en el tope, el rayo de sol iluminaba mi rostro y cerré mis ojos deleitándome de lo que el cielo quisiera darme. -No la tenía, para ese entonces Trevor era un gran amigo, no mucho más que eso, aunque si me parecía atractivo, no pensaba en el como algo mas allá de eso, quizás hasta que ellas lo insinuaron- muerdo mi labio analizando lo que acabo de decir –Luego de eso me fue muy difícil verlo como un amigo, sino como un prospecto para un futuro hombre, aunque para ese momento creo que él ya tenía ese paso asimilado- alzo mi hombro y mi mano para querer tocar el cielo. -¿Cómo así?- la pregunta es mas en busca de un trasfondo. -Él ya tenía asimilado lo que quería que yo fuera para su vida, incluso antes de yo saber, o querer tenerlo en la mía desde esa perspectiva- miro a Michelle que está pensando en mis palabras. -¿Él te quería para el novia antes de pedirte una cita?- asiento a sus palabras. -Quizás todo se volvió un poco borroso en el momento que corrimos bajo la lluvia y él me dijo que me veía como la realeza actual- recuerdo mis anteriores palabras. -Ese chico llevaba un paso adelante- asiento. -No por algo me había pedido una cita, mis amigas tuvieron razón, así que ellas son las responsables de que esa cita se hiciera realidad- ladeo una sonrisa. -¿Y cómo fue?- pregunta. -¿La cita?- ella asiente con emoción.     Flashback   «-¿Qué me puedo poner?- le hago la pregunta a mi madre. Ella se gira a verme con una expresión de sorpresa y luego sonríe pícaramente. -¿Mi niña esta teniendo una cita?- muerdo mi labio y dejo salir un suspiro. -Lo conocí hace un mes, las chicas asumen que es perfecto, me agrada y ayer le acepte la propuesta de una cita- me encojo de hombros. -¿Quieres probar a ver cómo es?- alza su ceja y analiza lo que llevo puesto –En pijama no vas a ir y no le diremos a tu padre porque se infarta- comenta saliendo de la cocina para que la siga escaleras arriba. No puedo evitar reír porque mi padre no me soltaría tan rápido, aun creo que él no lo haría, pero veremos primero. -Solo algo sencillo, no quiero abrumarnos con algo escandaloso- me dejo caer en la cama mientras ella abre la puerta de mi closet. -Y hasta que no pase la prueba, no te pondrás un vestido- entrecierra sus ojos y aprovecha mí aireada manera de caer a la cama para sacar las prendas. -¿Crees que me vea bien? ¿Crees que le guste?- su sonrisa crece y deja un beso en mi cabeza antes de girarse y caminar hacia la salida. -Recuerda cariño, nos vestimos para sentirnos hermosas y cómodas, no por los hombres- me guiña y sale de la habitación.»   Fin del flashback   -¿Tu madre te ayudo?- su pregunta me hace sonreír y asiento. -Ella  me apoyaba en casi todas mis locuras, sobre todo las que mi padre detestaba - me giro para ver a Michelle –Decía que así nunca descubriría lo que me gustaba, a mi parecer ya tenia medido lo que me agradaba, así que tampoco buscaba grandes experiencias, con tal de sentirme feliz estaba más que satisfecha- -Entonces eras de las que estaban feliz comiendo la cajita feliz de McDonald’s- su sonrisa junto aquella frase me hace reír. -Amo esas cajitas, aunque en cierto momento dejo de llenarme su contenido-  asiente afirmando. -¿A dónde fueron en esa cita?- ladeo la cabeza y luego la bajo para arreglar mi jeans. -Le pedí que no me llevara al cine, así que cuando el tomo la decisión de esa cita, todo corrió por su propio ingenio- abro mis ojos. -¿Te gusto la cita?-   Flashback   «-Señorita McFavior- la inclinación en reverencia me hace querer golpearlo con más fuerza. -Levántate, estúpido- muerdo mi lengua para que mi madre no me escuche, pero yo sí puedo escuchar la carcajada que el suelta antes de levantarse, me mira desde abajo y mueve su cabeza de un lado a otro. -Vamos Cosita bonita- su mano se extiende y la tomo. Mi madre debe estar mirando por un escondite de la ventana, no me detengo a mirar para ver si es cierto, pero sé que al final de la noche cuando llegue a casa ella tendrá muchas preguntas, y quizás mi padre también. -¿A dónde vamos?- le hago la pregunta cuando su auto arranca. -La niña bonita me la ha puesto difícil, así que he tenido que improvisar- giro mi cabeza y luego sonrió. -No me vengas con que tenías planeado ir al cine, no me digas que eres muy básico- alzo mi ceja y él se lleva su mano al pecho sintiéndose ofendido. -No pensé que las niñas bonitas hablaran así- toma la salida de la residencias en donde vivo y entramos en la calle que nos debe llevar al centro. -No me caracterizo por ser solo una cara bonita,  también se cómo objetar algo que no me agrada- lanzo aquello causando que el alce sus manos en rendición. -Ósea que puedes pelear ¿Verdad?- da unos movimientos al aire antes de tomar el volante de nuevo. -Sí, quizás un poco, la ciencia es analizar la situación- froto mis manos y él se ríe. -Sabía que eras bonita e inteligente, más no violenta- murmura. Me parece algo graciosa la utilización de sus palabras, pero dejo de darle importancia cuando nos estamos acercando a un pequeño estacionamiento. -No tengo algo mejor que ofrecer, por lo menos por ahora, pero quiero que pruebes la deliciosa comida de este pequeño lugar- dice el saliendo del auto para abrir mi puerta. No me detengo a quejarme, primero porque no me gusta y segundo, él ha tomado en serio el tener una cita sencilla y suave, algo que nos haga sentir cómodos, que podamos hablar y quizás discutir algunas situaciones sobre la mesa. Se ve sincero antes sus palabras, y creo que realmente le apetece que conozca este pequeño y cómodo lugar. -Es agradable- susurro cerca de él cuándo hemos entrado. Esta hecho como de ladrillos, tiene algunos cuadros y unas fotografías, también una chimenea que hace el amague de estar encendida, un toca disco llenando el ambiente con música. Es un ambiente acogedor y tranquilo, no hay niños y casi todos están en parejas sentados tomando una copa de vino o charlando muy suavemente. Los meseros van de un lado a otro con una camisa manga corta blanca, pantalones negros y su característico delantal. Todo es bastante armonioso, aunque los colores solo varían entre los arcillosos y negros. Aun así es agradable. -La pasta aquí es maravillosa, el dueño la prepara el mismo, por lo que es fresca- asiento a su acotación mientras leo el menú que estaba encima de la mesa antes de sentarnos. -¿Qué me recomiendas?- pregunte sin apartar la mirada del menú. -Los ravioles y los canelones son maravilloso- el gira su menú para que yo pueda ver la sección que el esta mirando –Pero cualquier cosa que elijas de la carta te va a encantar- asiento pero me dejo guiar por su breve recomendación. -Te doy el placer de elegir por mi esta noche ¿Te parece?- le propongo y el sonare de medio lado. -¿Quiere decir que podemos tener otras?- me hace la pregunta mientras apoya su barbilla en su mano y asiento. -Si me agradas esta noche, puede que tengamos otras- el frota sus manos en orgullo antes de ver como la mesera se acerca a nosotros. Me quedo mirando todo a mi alrededor, observo con detenimiento como incluso un fogón esta fuera de la cocina para que las personas puedan ver la focaccia cocerse, es algo maravilloso, incluso también hacen pizza, lo que lo hace bastante italiano. Me inundo con el delicioso aroma que recorre el lugar y cierro mis ojos deleitándome. -Los olores y los sabores son casi lo mismo, algunas personas pueden considerar que los colores se comen, y aunque es algo imposible, se pueden asociar- lo miro esperando que él me dé una explicación –Por ejemplo, la salsa de pasta de tomate es roja y podemos asociarla a un color- -¿Por qué es rojo? ¿Solo por eso?- hago la pregunta viendo como la chica nos trae nuestros vasos con hielo. -El chef es un hombre daltónico, pero ha descubierto que no necesita ver los colores, sino saborearlos- abro mis ojos en asombro viendo la puerta que nos separa –Ha aprendido que los sabores y los colores tienen muchas similitudes, y para el saber qué color tiene una mezcla, la prueba-  niego buscándole sentido. -No…- -Esa es la esencia de sentir Lilith, como con la lluvia, sentimos lo que no podemos palpar realmente, pero lo disfrutamos si nos detenemos-    muerdo mi labio porque no puedo creer su inmensidad al hablar. -¡Vaya!- es lo único que puedo murmurar mientras el habla, pero luego sus ojos van a otra dirección y veo lo que ha llamado su atención, la mesera viene con nuestros platillos y él ahora me mira. -Mi elección para ti es Ravioles rellenos de queso crema con albahaca, con una salsa de tomate, unos champiñones picaditos y hojas de albahacas para decorar- me quedo mirando cada parte del plato encontrando todo lo que él me ha descrito. -Gracias, se ve delicioso, huele maravilloso- cierro mis ojos disfrutando del olor. -Y sabe exquisito- veo su plato y es el mismo que ha ordenado para mí, pero en el centro están los canelones, ellos están rellenos de carne y cubiertos con queso. -¿Cómo descubriste este lugar?- le hago la pregunta tomando un sorbo de mi bebida y tomando los cubiertos. -Trabajaba aquí- alzo mi rostro y lo miro tomando el primer bocado. -¿En serio?- el asiente con una sonrisa. -Cuando descubres un lugar maravilloso como este, no puedes apartarte tan rápido, es como  una aguja en un pajar, y más cuando están dispuestos a enseñar a una persona ajena a la familia- -¿Te gusto?- asiente limpiando sus labios. -El arte de cocinar es maravilloso, algo tan contradictorio a lo que estoy estudiando- asiento porque recuerdo que él estudia contaduría. -Pero que estudies una rama no quiere decir que no ames pasar tu tiempo haciendo algo mas- me encojo de hombros –Yo estudio educación preescolar, pero amo bailar- sus ojos se abren. -También me gusta estar contigo ¿Cuenta para pasar mi tiempo libre?- no puedo evitar sonreír, mis ojitos se cierran mientras bajo mi rostro. -Te vendría mejor cocinar ¿No crees?- doy otro bocado pasando mi lengua por mis labios. -Me vendría bien cocinar para ti- su ceja se alza y toma un canelón para dejarlo en mi plato –Pruébalos juntos- asiento a su sugerencia. -Delicioso- murmuro para tomar otro bocado. -Sí, es lo mismo que se me vino a la mente cuando te vi degustarlo-»   Fin del flashback   -Fue maravilloso- las sutiles palabras de Michelle me hacen volver a la realidad, mi mundo de pensamientos se ve forzado a apartarse por un breve momento y dedicarle un sonrisa. -Lo fue, Mich, lo fue. Un cuento de hadas hecho realidad esa noche- miro hacia el cielo y me levanto –Vamos, te invito la cena el día de hoy- ella se levanta de un salto y camina a mi lado –Pero siempre es importante saber algo Michelle- Ella se gira a mirarme con algo de intriga -¿Qué?- pregunta. -Lo cuentos de hadas no existen, eso debes tenerlo siempre en mente- toco su mejilla logrando que ella sonría y asienta mirando a la dirección en donde comeremos. -¿Podemos ilusionarnos?- sonrió para ella. -Sí, pero ese también es nuestro mayor defecto, y quizás, el que más nos hace doler cuando la daga nos atraviesa- enlazo mi dedo meñique con el suyo,  y dejando salir un suspiro al unísono, entramos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR