-Maldita sea Lili- la voz estridente retumba en mi cabeza. No puedo alejarme lo más que me gustaría o huir como quisiera hacer –No huyas como una maldita cobarde- cierro mis ojos y trato de ordenar los papales que tengo encima de la mesa.
-No estoy huyendo como crees, estoy trabajando- digo en un hilo de voz. No la voz porque estoy segura eso terminaría mal.
El golpe de hace tres días aun permanece en mi espalda, me ha estado costando tener que levantarme luego de ayudar a un estudiante, e incluso inclinare se está volviendo un desafío.
-¡MIRAME CUANDO TE HABLO!- grita y me sobresalta. Giro mi rostro y allí está el, con su camiseta medio abierta apuntándome con su dedo.
-¿Qué pasa Trevor?- le pregunto con la mayor calma que puedo, aunque no estoy segura que estoy del todo calmada, mi corazón esta latiendo desbocado y sin un control aparente.
-Me crees estúpido, te la pasas todo el maldito día sentada en esa estúpida mesa y ni siquiera te tomas el tiempo de plancharme una maltita camisa- miro la que lleva puesta y esta pulcra -¡UNA MALDITA CAMISA!- alza de nuevo el dedo y camina con rapidez hacia la habitación dejándome con la boca abierta.
Se supone que hoy es un día festivo y la escuela había dado el día libre, pero sinceramente solo apreciaba estar en mi trabajo, en donde Trevor no estaba del todo a mí alrededor.
-Lo siento- me disculpo cuando él llega de nuevo ahora con el saco puesto.
-¡No sirves ni como ama de casa!- escupe esas palabras con tanto desdén que no parece el mismo hombre que se arrodillo a proponerme matrimonio, asegurando amor eterno.
-Solo estoy trabajando- digo con la mayor fuerza que puedo pero él me toma del brazo. Bajo mi cabeza y siento la presión en el mismo lugar del que me tomo los tres días antes y vuelve a doler, pero como siempre a él no le interesa.
-¿Trabajo? Esa mierda que haces con los niños no es un maldito trabajo- habla entre dientes, parece que ni siquiera la mandíbula se mueve cuando habla.
-Es mi trabajo- vuelvo a decir pero el tira de mi brazo y me sienta de golpe en una de las sillas del comedor.
-¡TRABAJO ES ESTO!- lanza su maletín encima de mis hojas. Aprieto mi mandíbula y sorbo un poco para retener mis lágrimas –Tu eres una maldita cuidadora de niños- me toma del mentón y me hace mirarlo, es brusco y la fuerza me hace presión en la barbilla. Sus ojos no se apartan de los míos, y la calidez que había conseguido de él hace dos años, ya no está allí.
Trato de zafarme de su agarre pero se vuelve peor.
-No sabes nada de trabajo real- me mira alternando sus ojos sobre los míos y se ríe sin ganas halando su maletín con intensión para tirar mis hojas al suelo. Dejo salir un suspiro cuando él se ríe saliendo del departamento.
Miro al suelo todas mis hojas esparcidas, las planificaciones que debía llevar mañana para la escuela y darla a la coordinadora, las actividades para los niños y además veo la suela de su zapato en varias de las hojas, las demás estaban algo sucias y arrugadas, pero las pocas que habían quedado en la mesa puede que estén algo lisas.
Y no lo pude contener. Dejo caer mi cabeza en la mesa, pego mi frente suavemente con la madera y rompo a llorar, el dolor en mi espalda se hace cada vez más intenso y no puedo saber de dónde viene el peor dolor, mi espalda, mi mentón, mi brazo o mi corazón.
El dolor el real y en este momento solo quiero correr, correr tan lejos que nadie pueda encontrarme, no aguanto el malestar que me recorre todo el cuerpo.
Mis lágrimas bajan humedeciendo mis mejillas, alzo mi rostro y veo ahora como algunas lágrimas están encima de las hojas, y aun con el dolor en mi pecho decido buscar las nuevas hojas blancas y empezar de nuevo.
Al final del día, llorar no soluciona mis problemas.
-¿Qué estás haciendo acá?- Johan dice con simpleza y una sonrisa ladeada.
-Hola- alzo mi ceja y me giro a mirarlo durante un breve segundo antes de volver a mirar hacia el frente –Pasando el rato- me encojo de hombros dejando salir un breve suspiro –¿Y tú?- el mira hacia el frente y luego alza su mano y me señala.
-Estas llorando, y no pude evitar caminar hasta aquí al verte- miro fijamente al árbol viendo como poco a poco sus flores amarillas están cayendo junto a las otras ya en el suelo. Alzo mi mano y limpio mis lágrimas con una sonrisa.
-¿No puede una chica llorar?- le hago la pregunta pero él se ríe.
-Todos podemos llorar, pero no ver llorar a una chica linda como tú- él ni siquiera me mira cuando dice eso, solo alza su mano y señala al árbol –Cuando cae es mi momento favorito, no pensé encontrarte aquí-
-No estaba las veces anteriores para hacerte compañía- digo con sinceridad.
-Y quizás nos hemos encontrado algo tarde- niego y me encojo de hombros.
-Cada quien llega a la vida de una persona cuando es necesario, no todos deben aparecer en el mismo momento ¿No crees?- el analiza mis palabras y luego asiente.
-Tienes razón, quizás el destino estaba en que nos conociéramos- sonríe pero yo ya no lo hago. –Solo que no esperaba que en estas circunstancias-
-La vida tiene un juego complejo, Johan- hace un puchero.
-Michelle me hablo de tu golpe ¿Ha mejorado? Me ha pedido con urgencia una pomada y no sabía para que era hasta que comento que te habías caído o doblado un pie, no lo sé, en el santuario-
-Cosas que le pasan a las personas torpes- digo mirándole. El observa mi rostro un momento hasta detenerse en mis ojos.
-No todo pasa por ser torpes, Lili- la determinación en sus palabras es indescriptible –Algunas cosas nos pasa por tener miedo- ahora él tiene razón.
-No podemos llevar una armadura siempre- miro al frente y el me imita.
-No importa lo que necesites, no dudes en llamarme ¿Si?- el pasa un pequeño papel y lo deja en mi mano –Prometo estar para ti Lili, incluso si me toca ganarme tu confianza día a día- él se levanta y hace una reverencia –Prometo ser sincero para usted- muerde su labio en un gesto ansioso.
El azote en la puerta me hace saltar en el lugar, Trevor camina con rapidez por el departamento hasta detenerse frente a la cocina.
-Cariño- su voz es suave y deja un beso en mi mejilla. Es dulce a diferencia de esta mañana, dejo que el bese un poco y luego se aparta –Me daré un baño, mi cielo- trago hondo y asiento mientras sigo preparando la comida.
Saco los trozos de pollo del horno y lo dejo en una bandeja ordenado, un poco de puré de patatas y trozos de panes con ajo y mantequilla como a él le suele gustar, la ensalada es de pollo así que seguramente le puede gustar, dejo todo en el centro de la mesa y coloco ambos platos, uno frente al otro.
Desde hace tiempo he decidido que no quiero comer a su lado, y aunque suene estúpido porque aún sigo durmiendo en la misma cama junto a él, es la única manera que puedo estar en la misma habitación.
Sus pasos son pesados cuando aparece con ropa de vestir al tiempo que coloco los vasos en la mesa.
-¿Vas a cenar?- hago la pregunta con cautela, él se gira mira la mesa y sonríe negando.
-Tengo una cena con unos inversionistas, si todo sale bien podemos cerrar un trato millonario- asiento a sus palabras.
-Suerte con tu cena- el asiente y se acerca a tomar un trozo de pan, le agrega ensalada, lo lleva a su boca y mastica con gusto. Me quedo estática no mostrando el temor de que no le guste la comida.
-Esta delicioso- asiento con una sonrisa.
-No te preocupes, en otro momento puedes disfrutarla- el asiente ausente y camina hacia la puerta –Trevor- le llamo y él se gira antes de arreglar mejor su corbata -¿Puedo decirle a Alex que venga?- le hago la pregunta pero aquello hace que sus ojos se tornen casi en furia.
El camina hacia mí aparentando una falsa calma, lo sé por la forma en que su ceño se frunce con molestia.
-No, te he dicho que no me gusta que tu hermano venga- aprieta su mandíbula y puedo verlo por la forma en que sobre salen.
-Es mi hermano- Susurro –Solo es para que me acompañe a cenar- digo pero el abre más sus fosas nasales y me mira desde arriba.
-¿Te estas tirando tu hermano? ¿Es eso?- mis ojos se abren grande por la pregunta tan abismal.
-¡Es mi hermano!- la sorpresa en mis palabras son casi una locura.
-¿Acaso no ves como él te ve o trata?- me mira de arriba hacia abajo mostrando disgusto en su mirada –Te has estado acostando con el ¿Verdad?- su ceja se alza y niego.
-Es mi hermano- vuelvo a decirle –Solo es para compartir la cena- sigo apuntando a la mesa.
La acción siguiente me dejo aún más devastada y sorprendida, no sabía si quedarme estática o llorar de rabia y dolor.
El tomo todo lo que había en la mesa y lo lanzo al suelo, se han partido platos, vasos, la jarra y el florero. Toda esta en el suelo regado, cristal con cubiertos, comida y flores.
-Ya no tienes con quien comer- sus palabras son suaves y hay un atisbo de satisfacción en ellas –Si veo a Alex pisando el departamento la pagaras- se gira a mirarme y me toma del cuello y me pega a la pared -¿Entiendes mi amor?- aprieto mis labios –Valora al hombre que tienes, porque si me largo de esta casa quedaras sola y nadie quiere a una puta que se acuesta con su hermano ¿Entiendes?- asiento mientras su agarre se hace más severo al punto de dejarme casi sin respirar.
-Trevor- murmuro y el me suelta dejándome caer de golpe al suelo.
-Recoge el desastre y vete a dormir- paso mi mano por mi cuello y asiento a su demanda, abre la puerta y la cierra. El silencio vuelve a reinar en todo el lugar y mis lágrimas vuelven a salir dejando que mi pesar siga creciendo.
-Nadie nunca me va amar realmente- me encojo moviéndome de un lado a otro, dejo caer mi cuerpo en el suelo refugiándome entre mis brazos con el dolor.
Desde aquí puedo ver todo el desastre desparramado en el suelo, y como todo lo que había preparado está perdido, cierro mis ojos pero no me duermo, si el vuelve y ve todo como está ahora, es posible que sea peor.
Me levanto con pesar y dolor, busco algo de hielo para colocar en mi cuello y decido comenzar a recoger todo, quizás pueda llamar a Alex y hablar un poco con él, eso puede ayudarme un poco.
-Es difícil encontrarte si te pierdes de esa forma- la voz de Michelle a mi lado me hace girar a verla.
-He estado aquí desde hace unos horas- digo como no entiendo a lo que ella me dice.
-Estas aquí sentada, pero tu mente en otro mundo- niego con una sonrisa.
-Es fácil perderte cuando todo te viene de golpe a la mente- hago un puchero del que Michelle siente agrado y mira hacia el cielo.
-He traído jugo, sé que te duele la pierna así que es mejor que hacerte levantar, ya viste como estuvo tu hermano ayer cuando se enteró- alza sus hombros –Te dije que estaría molesto-
-Siempre esta molesto si me pasa algo, pero se ha vuelvo peor desde que no pudo cuidarme antes- tomo el juguito y saco la pajilla, doy un apretón hacia abajo y hago que encaje, entra toda la pajilla y sorbo de ella.
-No puedes molestarte por eso- niego.
-No me molesta, me hace sentir segura- muevo mis hombros recordando la canción que bailamos aquel día.
-¿Trevor te volvió a golpear luego de ese día?- la pregunta de Michelle me toma de sorpresa, quizás porque en eso estaba pensando cuando ella llego a mi lado.
-Sí, las veces aumentaron, hasta un punto en que muchas de las cosas que me decía se volvían una realidad- confesé sin mirarla.
-¿Cómo cuál?- pienso un poco sorbiendo el jugo.
-Él decía que nunca encontraría a otro hombre como el, que nadie me amaría, y al final termine creyendo toda esa basura- Michelle se ríe por lo último y niega.
-Eres hermosa Lili, eso no lo dudo- sonrió ante sus palabras –No soy gay, pero se apreciar la belleza- ella ríe por su aclaración –Cualquiera que te viera sabe que tengo razón, aunque eso es más representación del miedo de ellos, de que nadie querrá quedarse con él por voluntad propia- me quedo pensando en sus palabras y para mi tienen suficiente sentido común.
¿Quién quiere quedarse con un hombre como Trevor? Golpea, maltrata y abusa verbalmente de una persona. Nadie puede quedarse con un hombre que es uno en la casa y uno en la calle, una persona que aparenta más de lo que no es, un mentiroso.
¿Es un mentiroso realmente?
Dejo que el sol pegue en mi rostro durante un largo rato hasta que Michelle me hace levantar.
-Creo que es momento de entrar, a esta hora el sol ya no es bueno- hago un puchero pero me levanto. Camino con calma pero ya no duele casi el golpe –La pomada ha servido- observa mi caminar.
-Sí, ayudo más de lo que pensé cuando la colocaste-
-¿Te han vuelto las náuseas?- asiento.
-Depende del momento, a veces puedo sentir y en otras no, creo que depende del momento, como dije antes-
-O del recuerdo- dice ella y mi suspiro no pasa desapercibido.
-Trevor decía que mi trabajo no era trabajo, era cuidar niños- sonrió ante el recuerdo de esas palabras.
-Ojala uno cuidara niños con tanta vocación- ella ríe con gracia mientras caminamos por los pasillos.
-También me recriminaba que me acostaba con Alex- esa confesión si es algo que ella no esperaba escuchar, y por la forma en que sus labios se abren y sus ojos se expanden, creo que la he sorprendido.
-Eso es muy loco- asiento a lo que dice.
-Mi hermano es cariñoso, amoroso y algo agresivo cuando quiere, pero es mi hermano y no sabía ni siquiera de donde había sacado esa idea de su cabeza, eso causo que incluso el me prohibiera hablar o pasar tiempo con Alex-
-¿Cómo lo tomo Alex?- entramos a su lugar de trabajo.
-No lo sabía, por lo menos no era capaz de decirle todo eso que me decía Trevor ¿Con que cara puedo decirle que asumen que me acuesto con mi propio hermano?- Michelle muerde su uña pensando –No sabía cómo decirle muchas cosas, aunque en ciertos momentos pensé que él las sentía-
-¿Qué?- ella alza su rostro y me mira con intriga ante lo último -¿Sentía lo que tú? Pero si ustedes no son gemelos o mellizos en tal caso- ladea su cabeza y no aparta su mirada.
-No lo sé, el sabia donde estaban mis dolores porque a él le dolían tanto como a mí, y yo nunca me atreví a decirle nada, incluso cuando Trevor me golpeo en el labio, y él no estaba en el país, aun así me había llamado para quejarse que no dejaba de dolerle sus labios-
-Lili, eso no es normal- me encojo de hombros.
-También pasaba conmigo, pero como él nunca decía nada era extraño sentir dolores sin saber- me encojo de hombros como si eso tuviera mucho sentido para mí.
Michelle no deja de mirarme, su expresión de sorpresa paso a intriga, por sus ojos se notaba el querer saber más aunque no sabía cómo sacarme la información.
-Alex la debió de pasar mal ¿Verdad?- sé a qué se refiere.
-No me quiere decir que paso en ese tiempo, solo me ha dicho que no estaba bien del todo- ella vuelve a morder su uña pero no deja de maquinar, lo sé por la forma en que su pie se mueve.
-¿Él lo pudo sentir?- me hace la pregunta y me vuelvo a encoger de hombros.
-Puedo decir que si- la miro alzar su rostro.
-¿Cómo lo sabes?- su pregunta me hace sonreír.
-Él fue quien llego a casa- asiente ante esa confesión.
-¿Siempre fue así? ¿Con todo?- ladeo mi cabeza y niego.
-Cosas pequeñas eran más fáciles de ocultar, pero por ejemplo- llevo mi mano a mi mentón –Los dolores menstruales a veces los pasaba el- Michelle abrió sus ojos en sorpresa –No siempre, pero luego cuando empezaron los golpes si se hizo algo más constante de sentir-
-Lili, que tu hermano sienta tu dolor no es normal, vuelvo a decirlo- ladeo mi cabeza con una sonrisa.
-No sé si es normal o no, pero así es como Alex describe muchas cosas sobre mí- muerdo el interior de mi mejilla.
-Eso es mucho más extraño- muerdo la punta de mi lengua mirándola –Ustedes dos lo son- sonríe mientras me atrae a ella para un abrazo –Pero son lo mejor que me han pasado-
-Tú igual Michelle, nunca olvides eso-