Katherine.
Este maldito hotel seguía siendo un caos, había restricciones por todos lados y para completar corrieron a Malcom y Beltrán de aquí porque necesitaban ese piso para los famosos hombres importantes que llegaban a Mykonos. Podríamos irnos, pero mis primas se negaron a cambiarse, la curiosidad era más fuerte cuando querían saber qué clase de hombres llegaban además solo nos faltan tres días para encontrarnos con los chicos en Athenas y ahí habíamos alquilado una gran casa con piscina para divertirse de maravilla. Sin dudas estaban siendo las mejores vacaciones, sobre todo porque no teníamos tanto control de nuestros padres, aunque si sabíamos que había guardaespaldas rondando nuestros pasos, pero eran bastantes respetuosos, tal vez no le contaban todo lo que hacíamos, igual mis padres estaban curados de espanto cuando se trataba de mí o mis hermanos.
— ¿Qué dicen que serán? — inquiere Faith mirando a los hombres de n***o que rondaban en el restaurante del hotel.
— Alguna celebridad — acoto encogiendo mis hombros.
— Una banda famosa, eso seguro — afirma Inzie entusiasmada.
— Tal vez son puros políticos — comenta Ellie rodando sus ojos.
— Un jaque árabe, si lo es me voy con él — bromea mi prima haciendo que empecemos a reírnos por su idea.
Empezamos a hablar sobre los por menores de la fiesta de anoche, si que me había ligado un buen griego solo que su belleza no acompañaba su desempeño en lo s****l, así que me llevé una gran decepción y frustración con él desconocido que no recordaba su nombre.
Ellie comentaba que tanto bronceado en los hombres no le gustaba mucho, que prefería una piel blanca y todas nos miramos con complicidad al saber que la descripción hacía referencia a la rata de laboratorio. Ignati no era un feo hombre, todo lo contrario solo que sus conversaciones eran demasiado aburridas y solo mi amiga se reía de sus estúpidos chistes.
— ¿Sigue sin hablarte? — pregunto dando un sorbo a mi café.
— Sí, no se qué le pasa — contesta encogiendo sus hombros. Nosotras pensamos que ella estaba enojada con él por un suceso que había pasado donde Ignati le contó sin anestesia que al parecer la hermanastra de su primo le dió una mamada, pero que no le gustó tanto y que la boca de Ellie era la única que sabía complacerlo, muy romántico el ruso, pero a mí amiga no le gustó mucho. Después se dejaron de hablar, ella asegura que es porque se olvidó de su cumpleaños, que al estar perdida en una colección para su marca de ropa no se dió cuenta de la fecha, bueno en fin, creo que había un largo malentendido entre ambos.
— Ignati es raro — comenta Faith rodando sus ojos.
— Siempre lo fue — afirma Inzie.
— Es que nadie lo entiende — justifica Ellie haciendo que las tres pongamos nuestros ojos en blanco.
— Señoritas — nos interrumpe el señor de la recepción del hotel.
— ¿Sí? — cuestiona Faith.
— Está noche el hotel hará una fiesta, estás son sus invitaciones — dice entregando a cada una fina caja negra con un gran lazo blanco.
Se retira dejándonos confundidas, pero cada una empezó a abrir su caja para encontrarnos con la invitación y un antifaz, el mío era gris plata, Inzie tenía uno dorado, Ellie verde oscuro y Faith uno n***o.
— Amo los antifaces — dice mi prima probando el suyo.
— Este verde es mi color favorito — acota Ellie mirando el suyo con una gran sonrisa.
— La fiesta es hoy y no tengo nada que ponerme. No traje vestido de fiesta — habla Faith alterada.
— Debemos comprar vestidos, unos muy sexys porque estoy segura que los huéspedes importantes estarán presentes en esta fiesta — afirmo.
Rápido terminamos nuestros desayunos, rápido corrimos al mismo centro comercial que había en el hotel para buscar algo digno de nuestra belleza. Ellie al ser diseñadora y asesora de moda nos fue guiando en que nos quedaría perfecto a cada una. Ella encontró un vestido color verde oscuro largo, con escote corazón y una abertura en su pierna izquierda, ese vestido fue perfecto. La segunda que encontró fue Faith, ella es más clásica y escogió un vestido n***o al cuerpo estilo sirena dónde marcaba sus verdaderos atributos.
Inzie y yo éramos los más indecisas, nada nos convencía, hasta que mis ojos se toparon con un largo vestido color plata con cristales que brillaban, fue como sentir amor a primera vista. Cuando entre a la exclusiva marca, pedí eso y en verdad parecía que fue hecho para mí, el vestido se amoldaba a mi cuerpo, tenía la espalda descubierta, un escote en forma de corazón y un largo tajo en mi pierna.
Sexy, extremadamente sexy me sentía con el puesto.
Cuando cada uno encontró lo que necesitábamos, corrimos al spa, masajes, tratamiento en nuestras piel, manicura, pedicura, peluquería y después de tres horas de puro día de chicas cada una caminaba a su habitación porque estábamos cerca de la hora que sería la fiesta.
— ¿Y esto? — me pregunto cuando entro a la habitación y encuentro una rosa roja sobre mi cama. No había indicios de nada, cosa que genera mucha intriga porque no sabía quién había entrado para dejarme esto.
Revise con atención el cuarto, estuve tentada a llamar a mi padre, pero si lo hacía se activaba el protocolo protección de princesas y en menos de lo que imaginaba tendríamos a todos nuestros padres en Grecia alterados pensando que una banda de trata de personas quería secuestrarnos.
Dos golpes en la puerta hacen que lleve mi mano al pecho asustada, con cierto temor me acerco abrir para encontrarme con Inzie que trae con ella la bolsa de su vestido y sus zapatos.
— ¿Estás bien? — pregunto al ver que mira detrás de ella algo paranoica.
— En verdad siento que nos están observando — me cuenta cerrando la puerta con rapidez.
— Tengo la misma sensación — reconozco.
— No se si llamar a mi papá — murmura tirándose en la cama.
— Creo que son los guardaespaldas que ellos mandaron ....
— Tengo un presentimiento — dice mi prima mirándome a los ojos.
— Creo que nos estábamos volviendo paranoicas — acoto suspirando.
— Eso espero — musita suspirando a mi lado.
Tal vez eran las guardaespaldas de nuestros padres y eso nos estaba haciendo sentir perseguidas, Inzie llevaba ya dos días teniendo ese presentimiento en su pecho, solo espero que sea por algo bueno, sino tendríamos que activar el protocolo protección de princesas y dejar que ellos vengan por nosotras.
***
Con tres copas de champagne y música de por medio, hicimos nuestra previa de fiesta con mi prima, retocamos nuestros peinados y maquillaje, para a la hora que había pactado Faith salíamos de mi habitación mientras colocaba mi antifaz plateado que resaltaba el color gris de mis ojos. Brillaba por todos lados, sexy y sensual lista para conquistar corazones.
— ¡Selfie! — grita Inzie extendiendo su teléfono para memorar este momento.
— ¡Mykonos! — chillamos las cuatro juntas.
Esto recién empezaba, con solo entrar al salón donde se llevaba la fiesta, las puertas se abrieron ante nosotras y en verdad todos los ojos se centraron en nuestro caminar. Diosas, muy diosas.
Todos llevaban antifaces, tomando un copa en mis manos dejo a mis primas para caminar por el recinto observando todo, sentía una mirada en cada uno de mis movimientos y sonriendo le dediqué una mirada. Esos ojos azules transmitieron una electricidad en mi cuerpo que sentí algo en mi pecho ...
Imposible.
Lo ví sonreír, levantar su copa hacía mi dirección y luego escabullirse entre la gente, por eso empecé a seguirlo, la mirada de sus ojos me obligaban a qué no me detenga porque necesitaba llegar a él.
Tal vez es producto de mi imaginación, pero esos ojos y esa sonrisa ...
— ¿Me extrañaste, serpiente venenosa? — me pregunta al acorralarme cuando tira de mi brazo y mi cuerpo queda pegado contra la pared y su pecho.
Solo había una sola persona que me decía de esa forma.
— Noah — jadeo cuando su brazo se aferra en mi cintura al acercarme más a su cuerpo.
— Mi bella y loca serpiente venenosa — murmura mordiendo mi labio inferior.
Dentro mío podía saltar de alegría, pero ahí teniéndolo enfrente y entre sus brazos estaba sorprendida, sin palabras.
— ¿Esto es un sueño? — pregunto apoyando mi mano en su mejilla.
— Te mostraré que nada es un sueño y estoy demasiado enojado contigo, cariño mío — sentencia justo chocando sus labios contra los míos.
Me aferré a su cuello, sus brazos me apretaron más fuerte a él y nuestras bocas se movían en esa perfecta sincronización, no quería soltarlo, Noah estaba ahí conmigo y ni siquiera había completado mi plan para tenerlo aquí.
En ese momento solo podía afirmar, que sin importar siempre uno terminaba corriendo a los brazos del otro, siguiendo ese mismo círculo vicioso que teníamos hace ocho años. Podía haber miles de hombres, acostarme con cualquiera, pero mi cuerpo solo le pertenece a uno solo, a Noah y se que a él le pasa lo mismo, enfermizos, lo sé.