Prólogo
Hace muchos años, en tierras lejanas y extranjeras, un poderoso príncipe árabe ascendió al poder. Este se llamó Shahriar y era poseedor de un enorme ejercito.
Este tenía todo: poder, prestigio y fama, pero no tenía un buen corazón; creía que el amor de una mujer era simple necedad, que eran criaturas mentirosas y traicioneras por naturaleza, que sólo actuaban para alcanzar un objetivo.
Un día, cansado de las solicitudes de sus fieles servidores por conseguir una esposa, mandó a su visir llevar a su alcoba una mujer cada noche. Al amanecer, las mujeres eran ejecutadas por la propia mano del rey. Todas y cada una de ellas sufrieron el mismo destino trágico.
Nadie entendía el extraño comportamiento del rey. Los funcionarios de la corte en su desesperación por agradar al rey, conseguían todas las noches a más mujeres con el deseo que alguna aplacara la furia del hombre, y así evitaran que la desgracia asomara en sus vidas. Pero, cuando en el reino no quedaron más mujeres que las hijas y esposas de los funcionarios del rey, Scherezade, hija del visir se ofreció a pasar la noche con el rey con el propósito de detener la matanza.
Ella era astuta y muy inteligente. Además, contaba con un arsenal de historias, memorias, anales y leyendas guardadas en su mente.
Cada noche, Scherezade le contaba una historia diferente al rey, pero cuando iba amaneciendo la interrumpía en el momento más emocionante y decía:
—Ya amaneció, dejaré la historia, porque usted debe matarme
Entonces el rey le respondía:
—Sigue con la historia esta noche a cambio de un día de vida.
Scherezade siguió contando historias al rey cada noche, y así se ganó la vida, el rey la absolvió de la pena de muerte.
Ella logró conquistar el corazón del rey y así se convirtió en su esposa.
La verdadera historia de Scherezade como jamás fue contada, el legado de la flor eterna que perduró con el paso del tiempo y que hoy es recordada como una hermosa leyenda.
Las mil y una noches