Rashid vio la cicatriz que Shaina llevaba en el hombro. Las expectativas que tenía para salvarla de la acusación de la concubina Ghaaliya se fueron por la borda. No iba a poder defenderla si se exponía la cicatriz. Todo se derrumbó frente a él. La irritación se posesionó en cada poro de su cuerpo. — ¿Cómo es que eres una esclava, Shaina? —Preguntó mientras la confusión tomaba lugar en su mente—. Eres la hija de una noble familia abasida, ¿Cómo es que eres una fugitiva? Shaina quedó en silencio. No sabía que responderle, pues ella también quería saber la respuesta a ello. —Yo no lo sé, Rashid. —Algo debes saber, Shaina. Dime algo. —A mi madre no le gustaba que mostrara a nadie esa cicatriz, es más ella misma supervisaba mi baño, pero después Tamara se ganó su confianza y empez

