La niña corrió lo más rápido que pudo, en sus oídos incluso podía escuchar el llamado de los criados del palacio de la emperatriz, pero se hizo oídos sordos y no hizo caso. Paró de correr cerca de un enorme árbol y miró atrás a ver si alguien la seguía, al comprobar que nadie lo hacía se sentó en las raíces de ese árbol viejo y grande que se atravesó frente a sus ojos.
Después de estar varios minutos allí, sintió que pequeñas nueces caían sobre su cabeza, pero no le prestó atención pensando que se trataba de una ardilla.
— ¡Oye! —Shaina escuchó una voz femenina a sus espaldas y alzando los ojos vio a una muchacha.
Esta bajó ágilmente y de un salto del árbol. Shaina quedó sorprendida por la destreza de la mujercita.
En el salto, un broche se le desprendió de entre las ropas y cayó justo a los pies de Shaina, ella lo recogió y de inmediato lo reconoció.
— ¡Eres una princesa! —. Gritó emocionada.
—No grites así o descubrirán que escape de mi madre
— ¿Cómo escalaste ese árbol? Se ve muy alto
—Es la práctica, todos los días vengo aquí y lo escalo para ver el atardecer
—Eres una princesa, no debes hacer cosas que no son propias de una dama.
—No soy precisamente una “dama” delicada como tú, soy rebelde. Si mi hermano puede, ¿Por qué no puedo yo también?
—Bueno… Usted es la princesa.
— ¿Quién eres? —Preguntó con curiosidad—. Nunca te he visto en el palacio… ¿De qué noble eres hija?
—El príncipe Jaffar es mi padre y mi madre es la noble dama Salsa —contestó—. ¿Usted es hija de algún emir o jeque?
La princesa rio con burla mientras negaba con la cabeza.
—Soy la princesa Banuqa, la hija del fallecido rey con la consorte Azzar —. Respondió. En su rostro se vio una sonrisa de autosuficiencia.
—Eso quiere decir que su alteza y yo somos primas —. Dijo casi que gritando— ¡Somos primas!
En un momento de emoción corrió hasta ella y la abrazó. Sin embargo, tratar de esa manera a la princesa imperial era una grave falta de respeto, así que era mejor saludarla con respeto y evitar problemas.
—Su alteza, la princesa Banuqa —. Reverenció
La princesa rodó los ojos con evidente fastidio.
—Somos familia, los respetos no son necesarios
—Gracias, su alteza —volvió a reverenciar.
—Olvídalo —. Comentó Banuqa con desagrado—. ¿Qué te pareció mi salto?
—Es muy peligroso, alteza —. Se apresuró a contestar—, no debería hacerlo, ni siquiera porque su hermano, el príncipe Rashid lo haga… él es menor que usted y por tanto juguetón.
— ¿Lo estás justificando? —interrogó con evidente enojo.
—No, no lo hago. Pero, es la princesa del imperio; una mujer respetada y bendecida
—Mejor cállate, ¿sí? —. Rodó los ojos
—Sí, alteza —. Aceptó sin debatir nada en absoluto.
Banuqa negó con la cabeza mientras sonreía con incredulidad.
— ¿Siempre eres así?
— ¿Así como, alteza? —. Preguntó sin entender.
—Tan obediente y sumisa… ¿Cuánto años tienes? Actúas como una mujer adulta y recatada, ni yo actúo de una manera tan madura. Eres una anciana en el cuerpo de una niña —. Explicó
Shaina no alcanzó a responder a la acusación de la princesa imperial, pues esta la dejó a un lado para prestarle atención al muchacho que venía hacia ellas.
— ¡Hermano! —. Gritó emocionada
Shaina vio como aquel muchacho de cabellos como el carbón y ojos esmeraldas se acercaba a ellas con pasos lentos. Y en cuanto llegó al frente , lo saludó con una pequeña, pero bonita reverencia.
—Señorita Shaina —Rashid la saludó
Shaina respondió el saludo con una amplia sonrisa y de esa manera tan dulce y tierna hizo que el corazón del príncipe palpitara con frenesí.
— ¿Conoces al príncipe? —Preguntó Banuqa.
—Sí, su alteza en una ocasión me protegió de la lluvia —. Respondió
La conversación terminó cuando varios criados del palacio de la emperatriz llegaron al lugar. Shaina se asustó y corrió a esconderse tras la princesa Banuqa, mientras los dos hermanos imperiales esperaban que los recién llegados hablaran.
—Sus altezas —reverenciaron en saludo—. Su majestad solicita a la señorita Shaina en una audiencia privada.
Shaina se escondió aún más, pues no quería ir a ver a su tía, no cuando sospechaba que la iban a casar con su primo Hadid.
—Soy la princesa imperial, pero no puedo desobedecer una orden real… —Banuqa susurró a Shaina.
—Pensé que era rebelde —. Recriminó
Banuqa ni se inmutó ante esas palabras y se hizo a un lado dejando ver a la hija del príncipe Jaffar.
—No es necesario que hagan esto, yo puedo llevarla a la cámara de mi madre —. Rashid salió a auxiliarla. Banuqa tenía razón, no podían desautorizar a la reina viuda frente a los criados o no existiría respeto ni jerarquía.
Después de pronunciar esas palabras, el príncipe avanzó mientras dejaba que Shaina le siguiera. El camino fue corto, y en poco tiempo hizo entrar a Shaina en la sala de audiencias de su madre.
—Adentro está su majestad —. Avisó mientras señalaba el interior de la cámara.
—Gracias, alteza —devolvió el favor del príncipe con una sonrisa tímida.
Shaina ingresó a la enorme sala. Los postes eran gigantes, estaban recubiertos en oro y además tenían muchos grabados de todo tipo y texturas.
La brisa entraba a través de los enormes ventanales a la vez que movía las cortinas ligeras de algodón que adornaban cada una de las ventanas.
—Saludos, majestad —. Pronunció Shaina
—Sé que escuchaste todo lo que le dije a la dama Macnuka
—Perdóneme, majestad
—No te disculpes. De hecho, me beneficia que te hayas enterado.
— ¿Por qué, majestad?
—Porque no gastaré mucho tiempo tratando de explicarte mis razones
—Majestad, soy solo una niña, no puedo casarme todavía
—No te casarás de inmediato con Hadid, solo es un acuerdo temprano. Cuando te hagas una mujer te casarás con él —. Explicó y al ver la expresión asustada de la niña, se apresuró a calmarla—, eres una niña, eso lo sé. Pero, también sé que eres muy inteligente y entiendes muchas cosas… Puede que me vayas a odiar por lo que estoy haciendo, pero en la guerra por el poder todo se vale.
—Entonces, soy una ficha en sus manos, le serviré para administrar de la mejor manera el palacio, la corte y todo el país, ¿es así?
—No te considero una ficha, más bien te veo como una llave al poder. Tú puedes abrir o cerrar la puerta que lleva a la gloria y la riqueza en este lugar.
—No lo entiendo ¿Qué hay de los lazos familiares?
—Eres mi sobrina, por supuesto que eso influyó para dejar que Hadid te haga su reina
—No creo que la dama Macnuka deje que yo me haga la reina… Ya debe haber pensado que yo le aseguro a usted la continuidad del reinado.
—Hablar contigo es muy gratificante… Eso me gusta. Pero, Macnuka misma se ha puesto la soga al cuello, solo quiero ver qué hará y hasta donde llegará —comentó con una sonrisa sardónica—.Todavía no cumples con las capacidades para entrar al harén. Aunque eso no es un problema por ahora, porque puedo enseñarte a manejar las intrigas de las concubinas.
— ¿Concubinas?
—No te alarmes, las concubinas pueden llegar a ser estresantes, pero tienes que tenerlas bajo control, si eres descuidada o débil alguna podrá escalar sobre tu cabeza y cortarla.
— ¿Lo dice por experiencia?
—Así es, yo misma fui una concubina de poca categoría cuando entré al harén… Por eso digo que no debes subestimar la voluntad de una. —. Comentó con seriedad—. Mírame ahora, pude ganarle a todas mis rivales y ocupo la máxima estructura del poder. Nadie en todo el país está por encima de mí.
—Todo el poder está en sus manos, pero respóndame una pregunta: ¿es feliz?
La reina rio a carcajadas frente a Shaina.
— ¿Felicidad? —. Bufó—. Nadie es feliz en este lugar, no podemos hablar de felicidad porque estaremos profanando el significado de tan bella pero invisible palabra. La felicidad en el harén es un ensueño… todos la desean, pero nadie la conoce… No existe. —Argumentó con una sonrisa forzada.
—Yo fui feliz viviendo con mi abuelo en la tribu, yo si experimenté la felicidad —reprochó entre lágrimas, porque nada de lo que decía hacía retroceder la decisión de la reina viuda—. No todo depende del poder. Usted no puede comprar su felicidad ni siquiera ofreciendo la mitad del reino, ¡No puede! —exclamó.
La reina viuda miró por un largo rato sobre las ventanas y las nubes que se asomaban en ellas. Su mirada estaba perdida en los recuerdos del pasado, un pasado que Shaina no conocía, ella no sabía que la mujer que tenía frente a sus ojos fue endurecida por la experiencia del pasado y los golpes a manos de sus rivales.
— ¿Lo ve? —Preguntó con lágrimas en sus ojos—. No es feliz, sabe que la vida aquí no es vida, no es vivir es sobrevivir.
Ezra Azzar desvió una vez más la mirada sobre Shaina mientras se mordía el interior de las mejillas con nerviosismo. Sus ojos se cristalizaron con viejos recuerdos, dolorosos como las espinas de una rosa. Sin embargo, ella no permitió que su imagen colosal e intimidante se derrumbara frente a su sobrina.
Shaina ni siquiera se percató de la debilidad momentánea que su tía dejó medio ver entre líneas.
—Puedes retirarte, Shaina —. Pidió la reina viuda volviendo a endurecer la corteza que cubría su corazón.
Shaina bajó los hombros con desilusión y sabiendo que su tía no iba a cambiar la decisión salió de la sala.
—Despido respetuosamente a su majestad —. Salió
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Muchísimas gracias por esperar esta historia. Me alegra que estén conmigo en este proyecto.
Agradecería mucho sus comentarios ?