Banuqa y Shaina bailaron hasta el cansancio. Pero lo bueno duraba poco y aquella momentánea libertad empezaba a menguar con el pasar del tiempo. Se hizo tarde y debido a ello tenían volver al palacio. —Debemos volver, alteza —Shaina sugirió al ver que las nubes rojas se amontonaban sobre el cielo. —Deja de ser agua fiesta, esto apenas comienza —rebatió con hastío. Entornó los ojos y tosió un poco. —Si seguimos aquí se resfriará, princesa. Debemos volver —ordenó al ver que la princesa perdía lentamente el color. El relámpago se vislumbró en el cielo, apareció entre las nubes coloreadas con rojo y n***o. —Está bien —aceptó sin muchas ganas, pero sabiendo que la lluvia podía empaparlas. Como si llamara a la lluvia con su mente, el agua empezó a caer sin mucho empeño. Eran pequeñas

