La concubina Laghari regresó a la sección del palacio con el estómago hecho un nudo. Después de haber compartido un rato con el príncipe, supo de inmediato que sus planes no podían realizarse tan rápido como esperó. Tener a uno de los príncipes del rey a su cuidado era una responsabilidad muy grande y además peligrosa; si no cuidaba bien de Mamún, de seguro la consorte Ghaaliya buscaría la oportunidad para tenerlo de regreso. La reina viuda le había concedido el honor de cuidar del primer príncipe, pero Laghari sabía que ese no era un momento ideal para cuidarlo. El tener a Mamún junto a ella por ese tiempo iba a ser peligroso para él. Ella se había empeñado tanto tiempo en hacer un plan perfecto, que le daba nauseas dejarlo tan de repente. Agobiada con la posibilidad de postergarlo

