Los días pasaron y con cada uno, los nervios de Shaina se iban acrecentando en niveles extraordinarios. Como era de esperarse, el rey la visitó durante cada noche, pero Shaina nunca le abrió las puertas de la residencia. Existían dos razones por las que actuó de esa manera: primero, porque ella misma había armado una historia en su cabeza, era una doncella extranjera que había sido raptada por el rey abasida, por lo tanto, era lógico que se resistiera a los encantos que le podía ofrecer el rey. La segunda razón era que sabía lo irrazonable y voluble que podía ser cuando se encontraba frente a Rashid. Lo que Shaina buscaba era evitar a toda costa una oportunidad que él interpretara como un retroceso en su decisión. Cuando pasaron cinco días desde su reintegro al harén, Shaina fue invitada

