Capítulo 30

1342 Palabras

El viaje se retrasó más de lo que la caravana había pronosticado. Pero había una razón de peso; la princesa consorte enfermó durante todo el viaje. No había un solo día que ella no se sintiera mareada, con ganas de vomitar o desganada y sin ganas de hablar. La reina viuda ya no tenía sospechas respecto a la enfermedad de la princesa consorte, en realidad no era una enfermedad… En absoluto. Sin embargo a la mujer le convenía mantener todo el asunto bajo control, manejarlo con sigilo.  A veces callar no estaba demás. Componentes como esos marcaban la diferencia a la hora de vivir en entornos resbaladizos e inestables como el palacio. Más que ser una estrategia era una virtud que muy pocos podían tener. Casi ninguna concubina querría callar, todo lo contrario correrían a contarlo a todo e

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