El frío del corazón.
Faiza agarró su mejilla y miró con ira a su rival. El odio le corría por las venas; siempre ocurría lo mismo cuando era pisoteada por otros. Una fuerza interna le demandaba una revancha, un golpe que le llenara de satisfacción.
—Soy la favorita, no tienes ningún derecho a reclamarme —Amenazó entre dientes—. Si quieres un trato preferencial entonces ve y busca el favor del príncipe… ¡Ups! Lo olvidaba, hace más de cuatro meses que no te visita, ya ha perdido el interés en ti —Se burló con sarcasmo—. Mejor ve y cuélgate de un árbol.
Faiza apretó los puños a cada lado de su cuerpo tratando de contener la ira. Ella sentía que en cualquier momento iba a golpearle el rostro a Zaida.
—Te crees una reina solo porque el príncipe está encantado contigo, pero recuerda que eres solo una concubina, no serás nada más que eso… ¡Una maldita concubina! —carcajeó levemente. Era una ironía, pues ella también era una concubina—. Solo eres una más en su innumerable lista de mujeres, una pobre desgraciada que luego caerá en el olvido.
—Tú me das tristeza, tan desesperada e inútil… Tarde que temprano, el príncipe me dará la corona y el cetro, de eso estoy segura.
—Pobre ilusa eres porque la emperatriz viuda ya ha escogido una esposa para el príncipe y el nombre de ninguna de nosotras figura en la tablilla real.
Zaida escuchó con atención las palabras de Faiza. Aquello alarmó de inmediato a la mujer, pues su objetivo al entrar al palacio era conseguir el trono para su clan, solo de esa manera podía regresar su lealtad… Responder las expectativas del clan con paños de agua tibia no era una opción. Tenía el ejemplo de su tía, la mujer que murió siendo la concubina Al-Husaini en vez de haber conservado un título póstumo, muy bien pudo haber muerto siendo la consorte Akil.
—Mientes —susurró. Sus ojos irradiaban incredulidad—. El príncipe…
— ¿El príncipe Hadid te aseguró el puesto de reina? Sí es así, entonces te enfrentarás a una dura oposición por parte de su majestad la reina viuda y la madre biológica de su alteza.
— ¡Mientes! No puede haber una princesa consorte heredera.
—Créeme, lo que te digo es verdadero… Es más, sé a quién han elegido: es la sobrina de la emperatriz viuda.
— ¿La sobrina? Pero si es solo una niña, ¿Cómo va ella a casarse con Hadid?
—No te digo mentira, la misma dama Macnuka me lo ha dicho —argumentó con expresión triunfante—. No podrás ser la reina, porque no tienes un linaje como el de esa niña… Considérate afortunada de recibir el favor del príncipe, ruega porque logres conquistar su corazón y que no te olvide.
Zaida quedó inmóvil en medio de la cámara y vio como Faiza salía de esta sin prestarle más atención.
Zaida no podía pensar en otra cosa que en lo dicho por la concubina. Entró en pánico de manera momentánea, pues aunque en ese momento lo tenía todo y no le faltaba la atención del príncipe, sería una ilusa si pensaba que aquel favor sería eterno. Ella muy bien sabía lo peligroso que era consolidar el poder sobre los deseos de un hombre… Jamás caería en la trampa del enamoramiento; perder el tiempo esperando un sentimiento de reciprocidad era la mayor equivocación que una concubina podía cometer.
Ella cerró su corazón bajo llave, su mente y su corazón eran empresas ajenas una de la otra, eso lo sabía muy bien.
¿Qué sentía por Hadid? Nada, solo simple admiración. Después de todo era gracias a él que podía seguir siendo favorecida.
—Señora, el príncipe la solicita en el jardín —La doncella personal de ella ingresó a la habitación.
Zaida salió de sus pensamientos y sonrió con las palabras de la mujer. Cuando llegó junto al príncipe ofreció una de sus mejores sonrisas, la mejor actitud era única y exclusiva para su esposo.
—Su alteza —saludó con una sonrisa—. Me alegra verlo por aquí
— ¿Cómo estás? —Hadid preguntó mientras la ayudaba a levantarse—, ¿te gustaron las telas?
—Gracias por sus cuidados y mimos, su alteza. Me gustaron mucho —respondió
—Vamos a pasear un rato por tu jardín, ¿te parece?
Zaida asintió y acompañó al príncipe en su recorrido por el extenso jardín. Su esposo le hablaba, pero ella no pensaba en nada de eso, solo buscaba una manera de averiguar si él ya había elegido a su esposa oficial.
— ¿Pasa algo? Te noto muy callada
—Discúlpeme, su alteza. Es solo que hay un asunto que me tiene un poco pensativa, pero no es nada de lo que deba preocuparse.
— ¿Qué te preocupa? Si está en mis manos no dudaré en calmar tu angustia
—Su alteza, yo… He escuchado unos rumores acerca de usted y la elección de su esposa principal. ¿Es cierto que se casará con la sobrina de la emperatriz viuda?
El príncipe Hadid se tensó de inmediato cuando Zaida mencionó a la niña.
— ¿Dónde escuchaste eso? —Preguntó con dureza—, ¿quién te lo dijo?
— ¿Eso importa, alteza? Lo único que sé es que usted se casará nuevamente, y no me lo dijo… ¿No merezco saber nada de los temas importantes que usted maneja? —Recriminó al borde de las lágrimas, creyendo que así lograría ablandar el corazón del hombre—. Soy su esposa favorita, comparto más tiempo con usted, ¿no valgo nada en su corazón?
Hadid se sintió incómodo con la acusación de la concubina. Estaba cansado, no tenía energías para lidiar con los celos de ella, no iba a tener ningún caso quedarse con Zaida ese día, pues solo lograría amargarlo.
—Madre quiere que Shaina sea mi esposa, en eso no deberías meterte.
— ¿No aspiro yo a ser su esposa principal? ¿¡Qué tiene ella que no tenga yo!?
—Deja de hablar sandeces, cierra la boca si no quieres despertar mi furia —amenazó perdiendo la paciencia—. La emperatriz viuda y la dama Macnuka han llegado a ese acuerdo, además yo estoy de acuerdo.
—Ella es una niña, ¿Cómo una niña pretende controlar un palacio? ¿Cómo podrá servirle ella a usted? Eso no muestra ninguna jerarquía… Una niña será la cabeza de todas las concubinas de este palacio. —Replicó desesperada—. Yo soy la mejor opción, su alteza. Recuerde todo el cariño entre ambos.
—Perteneces a un clan que viene en decadencia desde la caída de la consorte Akil y su deshonrosa muerte. No calificas en absoluto para ser la emperatriz regente. No sigas hablando con necedad y calla, porque si madre imperial se entera de lo que has dicho te castigará con dureza. No lo olvides, no seas imprudente y respeta la jerarquía. —Ordenó mientras se encaminaba a la salida de esa residencia.
—Su ateza, ¿dónde va? —Zaida preguntó cuando vio que Hadid iba a salir de su sección. Sin embargo, el hombre no le respondió lo que le hizo saber que el príncipe estaba enojado.
Zaida vio con impotencia como Hadid salía del palacio, no hubo nada que lo retuviera dentro de las instalaciones. Eso sí que hizo enojar aún más a la muchacha.
El príncipe enojado, la reina viuda queriendo ganar el trono mediante su sobrina y ella perdiendo en estrategia y táctica frente a la niña. Esas situaciones resaltaban como el oro.
......
¿Quienes están leyendo?
Diganlo para no sentirme sola