Al no paraba de mirarme acusadoramente, yo, por esta vez, decidí ignorarlo, mientras me convencía a mi misma de que esta era mi oportunidad de empezar de cero con alguien, y olvidar a Dylan. Apenas unos minutos después, Al y yo nos despedimos. Yo debía apurarme en regresar a casa, para alistarme para la cita, y, después de mi accidente no podía conducir muy rápido, así que, necesitaba salir de allí lo antes posible. –No hagas muchas locuras. – me dijo Al, mientras me abrazaba para despedirse de mí. –No te preocupes. – le dije. – No haré nada que tu no harías. Al, rio al escuchar mi respuesta. Iba de mojigato últimamente, pero la verdad, es que él ya había tenido su propia dosis de caos debido a sus relaciones amorosas. Quizás, por esa razón, se sentía ahora tan sabio y vivido. Después

