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1066 Palabras
Brant Regresar a España no ha resultado como lo esperaba. Hace varios años mi padre me envió a Alemania para hacerme cargo de una de sus empresas, hasta que finalmente decidió dejármela. Por tal motivo, decidí regresar y trasladar la sede a Madrid. Según las estadísticas de mercadeo, España es uno de los países con más afluencia de turistas, lo cual es ideal para la distribución y venta de la marca. Sin embargo, por más que quise traer conmigo a todo el personal que trabajaba en Alemania, no pude hacerlo. Esto me ha descontrolado un poco las cosas porque he tenido que buscar personal nuevo y los pedidos se están atrasando, tanto así que me ha tocado personalmente prestar apoyo al departamento de despacho para verificar que todo se envíe según las órdenes. Formo parte de una de las familias más importantes del país; mi padre, Armin Zlemberger, es uno de los fundadores de la marca textil más importante de Europa. A sus 20 años inició su carrera con diseños básicos y colores neutros, tanto para jóvenes como para adultos. Sus diseños gustaron enormemente, ya que era algo inusual para la época, así que las ventas se dispararon de un modo impresionante. Tanto así, que fue la marca más vendida en todo el año. Desde entonces, empresas Zerax fue incrementándose a través de los años, y ahora nos convertimos en varias franquicias textiles, en total 6, cada una dirigida a un público diferente. Los consumidores cambian y la ropa debe hacerlo también. Además, la competencia es dura, así que el trabajo cada vez es más extenuante. Desde que tengo uso de razón recuerdo que mi padre nos llevaba a mi hermano y a mí, a la empresa, cuando apenas éramos unos niños. Nos criamos en un régimen de formación estricto por parte de mi padre, la sangre alemana corre por nuestras venas, por lo que es imposible no tener un carácter fuerte, aunque si bien es cierto me parezco mucho más a mi madre en ese aspecto. Andreas, mi hermano, suele ser imponente y estricto en sus cosas; le gusta que todo se haga a la perfección y sin demora. En cambio, yo suelo ser más dócil, aunque si bien es cierto también demuestro carácter cuando lo amerita la situación. A mis 30 años sigo sin estar casado y sin novia. He estado tan centrado en mis labores que ni tiempo he tenido de salir en busca de una cita o algo parecido. De todos modos, todavía no ha llegado una chica que me guste tanto como para formar una relación seria. Si he tenido mis aventuras de una noche, no lo negaré, pero nada serio. Soy el menor de los hermanos y el más apegado a mi madre. El tiempo que estuve en Alemania fue bastante complicado porque estaba acostumbrado al calor familiar que allá no tenía. Mi padre, por el contrario, al ser alemán, no demuestra los sentimientos como lo haría un padre naturalmente. Provengo de una mezcla entre alemán y español, pero en mi caso, diría que saco a relucir más mis genes españoles. Físicamente, Andreas y yo, somos la viva imagen de nuestro padre; altos, cabello castaño, barba del mismo color, tez blanca y ojos cafés; a pesar de tener edades diferentes, muchos nos dicen que parecemos gemelos. Sin embargo, por mi parte soy el más alto de los dos. Mi relación con mi hermano es buena, tenemos muchas cosas en común, aunque cierto está, con ideologías totalmente diferentes. —¿Señor? —me interrumpe Alina, mi secretaria. —Dime, Alina. —Su hermano lo espera abajo. —De acuerdo, ya salgo. Guardo mi móvil en el bolsillo del pantalón y salgo de camino al ascensor. Bajo hasta la planta principal y lo veo hablando por teléfono. —Andreas —saludo al llegar a su lado. —¿Nos vamos? —pregunta. Asiento. —Te llamo luego, estoy con Brant. Lo escucho decir mientras caminamos hasta la salida del edificio. Una SUV negra está afuera esperándonos junto a Daniel, el chofer. —Brant —saluda sonriente. —Hola, Daniel, ¿qué tal estás? —Muy bien. —responde abriendo la puerta para nosotros. Subimos al auto e inmediatamente se pone en marcha. —¿Y, para cuando es la boda? —le pregunto a Andreas. Lo escucho suspirar. —Todavía no tenemos fecha. —Todavía no puedo creer que te vayas a casar —confieso. —Ni yo, pero así son las cosas. Helen es muy buen partido, además de ser una mujer muy eficiente. Papá dice que será una esposa capaz de portar nuestro apellido. —¿Solo eso? —inquiero tocando un tema un poco complicado. —Sabes que he querido terminar esta relación desde hace meses, pero papá ha sido bastante insistente en ello. —Entiendo… Pero, ¿por qué no lo enfrentas? Deberías hacerlo, no dejes que interfiera en tu relación. Al parecer piensa que ustedes se quieren mucho, por eso es bastante insistente. —Será mejor dejarlo pasar. Además, tampoco es que no le tenga aprecio, ella es una excelente persona y me ha apoyado en varios aspectos importantes de mi vida. No encontraré a alguien como ella en otro lugar, estoy seguro de ello. —Nunca sabes lo que pueda pasar, Andreas… —Bueno, ¿y qué hay de ti? ¿Cuándo llevarás a una chica decente a casa? Rio. —Cuando llegue la indicada… —Pues, si estás trabajando todo el tiempo no creo que la encuentres, no es como si fuera a llegarte una chica de la nada a tu oficina. Golpeo su brazo a modo de juego. —Quizás pase, el destino tiene su forma de mover las cartas a favor de cada uno de nosotros… —Sí, claro. Si eso llegase a ocurrir, me enfrentaré a papá y dejaré a Helen. —ríe. —Bueno, veremos qué pasa… Asiente. El auto se estaciona frente al restaurante en el que almorzaremos con mis padres, y abro la puerta para salir antes de que Daniel lo haga. El motivo de esta pequeña reunión familiar lo desconocemos, lo único que mi padre dijo es que tenían algo que decirnos, por eso estamos aquí. Espero que no sea una de sus ocurrencias de enviarnos a otro país en busca de nuestro crecimiento profesional porque en estos momentos no estoy en condiciones para viajar a ningún lado.
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