Aitana
Los días han pasado y con ellos el vaivén de emociones que me provocan los hermanos Zlemberger cada vez que los veo. Cuando no es Brant es Andreas quien pasa a saludar mientras estoy en cosas importantes.
Hoy, finalmente es viernes lo que quiere decir que mañana será nuestro día libre, así que podremos pasar la noche fuera de casa bailando y tomando. Ha sido una jornada extenuante de trabajo y ya quedé con los chicos en vernos esta noche; iremos a un lugar diferente, el cual tenemos tiempo queriendo conocer, pero por cuestiones de dinero yo no lo había podido hacer, y ellos tampoco no querían ir sin mí, así que decidieron esperar.
Recojo mis cosas y salgo de la oficina con mi casco en mano. Me dirijo al ascensor y cuando este llega entro en él. Marco el sótano porque allí es donde se encuentra mi moto, llegamos a la planta baja y cuando todos se bajan mi móvil comienza a sonar. El nombre de Raúl se refleja en la pantalla y atiendo sin titubear.
—Cariño, qué bueno escucharte justo en este instante —respondo.
—De saber que extrañabas tanto mi voz te hubiera llamado antes —se carcajea.
—Eres un malagradecido, para la próxima te trato mal. —sonrío.
—Sabes que bromeo, nena. Tú eres mi rayito de sol…
—Lo sé, amor… Tú lo eres igual para mí.
—Y, ¿bien? ¿Sigue en pie la salida al Forsex?
—Sí, por supuesto. La ansío desde que hablamos al respecto hace algunos días. ¿Pasarás por mí a casa? —pregunto justo cuando el ascensor se detiene en el sótano. Salgo y camino hasta donde se encuentra mi BMW F900XR. Subo a ella mientras continúo hablando por teléfono.
—Sí, pasaré por ti y luego buscaremos a la indigente de Ela.
Rio.
—No le digas así —regaño en juego.
—¡Ay por Dios, Aitana, digo la verdad!
Reímos.
—Está bien, como sea te espero a las 9:00 pm. —expreso.
—Perfecto.
Nos despedimos y guardo el móvil en el bolsillo. Cuando estoy por colocarme el casco, escucho una voz ronca decir:
—¿Saldrá esta noche, señorita Quiroga? —doy un respingo porque no tenía idea de que alguien más estaba detrás de mí. Ni siquiera vi en qué momento llegó.
Giro a ver de quien es la voz varonil y mi garganta se seca al acto al ver a Andreas con su mandíbula cuadrada. Su pregunta me toma por sorpresa por el tono en que la hace, es como si estuviera reprochádome algo.
—¡Andreas! —saludo a modo de asombro para que note la extrañez de este encuentro—. Efectivamente, saldré esta noche, no te creas, a mi edad sigue haciéndome falta.
Trato de sonreír para que no suene tan mal mi respuesta; es decir, qué carajos le importa a él lo que vaya a hacer o no. Pero como no quiero ser tan grocera como lo hizo él, prefiero sonreír un poco al dar mi respuesta.
—Tienes razón, no soy quién para juzgarte —comenta, tajante.
¿Y a este qué rayos le pasa? Se está comportando como un novio celoso. «Qué tonterías piensas, Aitana es obvio que te lo estás tomando personal. Las cosas no son todo el tiempo como las imaginas», comenta mi subconsciente. Es cierto, capaz yo haciéndome una novela en la mente y posiblemente, él ni pendiente de este tipo de cosas.
Dicho esto, se retira y me deja allí con las emociones a flor de piel. Pero, ¡¿qué...?! ¿Se irá sin decir más nada? «Pues al parecer sí, ¿qué esperabas?», pienso. Respiro profundo y boto el aire retenido. No dejaré que este momento incómodo y extraño entorpezca mi salida. ¿Cuándo dejará de afectarme sus actitudes extrañas? No lo sé, lo que sí sé es que Andreas es un personaje porque no es la primera vez que noto un tono de celos en su voz.
Mejor me pongo en marcha y salgo de aquí. Me coloco el caso, enciendo la moto y salgo del estacionamiento con la mente dándome mil vueltas. No entiendo lo que acaba de ocurrir y tampoco creo que él quiera aclararlo, mejor decido pasar la página y continuar con los planes antes mencionados.
Llego a casa y me quito la ropa que llevo puesta. Me baño y entro al armario en busca de un vestido corto de color blanco, se verá genial con mis… El sonido de mi móvil interrumpe mis pensamientos. Corro en su búsqueda y suspiro al darme cuenta quién es.
—Querido —saludo.
—Hola, cariño, ¿Ya estás en casa? —pregunta.
—Sí, llegue hace poco.
—¿Qué haces? —inquiere en tono tosco.
—Preparándome para salir con Ela y Raúl.
—Ah, genial y, ¿a dónde irán?
—A un nuevo club, no lo conoces…
—Mmm, de acuerdo. Por favor, trata de regresar temprano, no me gusta que andes muy tarde por la calle.
—Calma, Arturo. Sé cuidarme sola, no te preocupes por ello.
—Como digas, Aitana. Te dejo para que termines tus cosas. —espeta, molesto.
—De acuerdo. Adiós. —me despido. Hoy no toleraré malas vibras de nadie, mucho menos de él.
Últimamente, nuestras conversaciones se basan en más de lo mismo. Parece que me llama justo cuando voy a salir para amargarme el rato o incluso incomodarme. Lleva días buscándome la vuelta en todo lo que hago, no entiendo por qué, pero lo averiguaré. Sin embargo, no será esta noche porque hoy disfrutaré y bailaré a más no poder…
Termino de arreglarme y exactamente a la hora pautada, Raúl se encuentra en la puerta buscándome. Nos saludamos y partimos a la casa de Ela en su búsqueda.
Una vez los tres juntos en el auto aprovechamos de sacarnos unas cuantas fotos y subirlas a nuestro estado de w******p. Llegamos al lugar y Raúl le paga al sujeto de la entrada para que nos deje pasar sin hacer fila.
Entramos y visualizo todo a mi alrededor, emocionada. ¡No puedo creer que estemos aquí!
—Esto es increíble —comento en voz alta para que me escuchen.
—Sí, está genial. Por lo visto no será nuestra primera vez aquí… Me encanta lo que veo —responde Ela.
—A mí también me encanta lo que veo —escucho una voz familiar a mi espalda.
¡Mal-di-ci-ón! ¡Esto debe ser una estúpida broma! ¿Qué hace este hombre aquí? Hasta puedo pensar que está siguiéndome, es muy extraño… ¿O no será más que una simple coincidencia?