Aitana
No sé si únicamente me pasa a mí, pero siento que los fines de semana pasan demasiado rápido. Todavía me parece ayer cuando recibí la llamada de la empresa y justo ahora estoy frente a los malditos hijos del Dios Zeus, porque eso mismo es lo que parecen. Carajo si hasta el mismo señor Armin Zlemberger parece salido de una revista.
No sé con exactitud lo que sucede conmigo, no debería estar imaginándome escenarios sucios con ambos hermanos, ¡pero es que hasta empapada estoy de solo verlos! ¡En definitiva, soy una pecadora! Estoy dejando volar mi imaginación con ellos; la cual, por cierto, es bastante amplia.
«¡Aitana, por favor, en qué diablos estás pensando. ¿Recuerdas a Arturo, tu novio?!», regaña mi subconsciente. ¡Mierda! Es cierto, Arturo. Borro rápidamente los pensamientos que posiblemente nublarían mi razón si no los hubiera detenido, y me apresuro a argumentar las ideas que tengo para beneficio de una mejor elaboración de las prendas.
Escucho al señor Armin con atención para no distraer la mente con semejantes esculturas que tengo frente a mí. Jamás hubiera imaginado que iba a conocer hoy no a uno, sino a dos hombres que son capaces de desequilibrar mis emociones y mojar mis bragas con su presencia.
En definitiva, la resaca que agarramos después de la gran celebración que tuvimos el viernes en el club, en donde Ela al igual que Raúl, hicieron de las suyas ligando con todo aquel que se les cruzaba en la pista de baile, continúa en mi grupo sanguíneo y es la que me está haciendo traicionar a Arturo con el pensamiento.
—Bueno, Aitana no me queda más que volver a darte la bienvenida y hacerte personalmente un recorrido por el área en la que trabajarás. Estoy entusiasmado con tu ingreso porque me encantan tus ideas frescas, eres joven y muy talentosa, así que tengo mucha fe en que harás una extraordinaria labor. Además, en estos momentos estamos tratando de innovar y tu presencia nos ayudará muchísimo. —dice el señor Armin.
—Yo puedo acompañarla en el recorrido, papá —se apresuran en comentar los hermanos.
Giro a verlos y me quedo asombrada. Esto sí que fue extraño…
—Creí que ninguno estaría interesado en acompañarla, por eso me tomé el atrevimiento —alega el señor Armin.
—Es que tienes razón en lo que dices, padre. Debemos darle una cálida bienvenida a la persona que ayudará al crecimiento de la empresa —responde el primero en presentarse como Brant.
Le sonrío y me apresuro en decir:
—Gracias por lo que dices, pero tampoco me elogien como si fuera la razón de ser para que la empresa continúe en su desarrollo. Imagino que existen personas capaces de hacer mejores cosas que yo y además que forman parte de un pilar fundamental dentro de la organización. Si deseas hacer amena mi estadía, puedes acompañarnos al recorrido, ¿cierto, señor Armin? —Giro a verlo esperando su respuesta.
—Por supuesto, no tengo problemas con ello. Andreas, ¿gustas acompañarnos también? —inquiere.
—Será un placer —expresa.
—Muy bien, entonces vamos.
Andreas se hace a un lado para que pase por su lado y me dirija a la puerta, mientras que Brant abre la puerta para salir.
Me siento muy alagada con este gesto que están teniendo conmigo, no entiendo a qué viene todo esto. Generalmente, en la empresa anterior era el personal de captación, estaba encargado de hacer los recorridos y presentaciones, no el C.E.O., al menos que lo hubieran hecho conmigo porque no me tomaban tanto en cuenta. En ese caso puedo decir que es un gran cambio…
Vamos de camino al ascensor cuando un teléfono interrumpe la conversación que estábamos teniendo sobre mi medio de transporte.
—Lo siento, debo atender —comenta Andreas.
Su padre le hace un gesto y lo vemos apartarse un poco para atender la llamada.
—Con que una moto, ¿eh? —inquiere Brant.
Sonrío.
—Sí, me encantan las motos, siento que son versátiles y cómodas para andar en la calle.
—Nunca me he subido a una —responde.
—Bueno, quizás un día de estos puedas hacerlo si te animas. Juro que manejo muy bien. —rio y ellos también lo hacen ante mi comentario.
—Disculpen, creo que dejaremos el recorrido para después. Debo irme, surgió algo.
—¿De qué se trata? —pregunta su padre.
—No te preocupes, ocúpate de esto y luego hablamos. ¿Vale?
Me quedo admirándolos tontamente para grabar sus rostros en mi cabeza. Ahora que los veo mejor me doy cuenta de que Brant es mucho más alto que Andreas. Ciertamente, el parecido físico es impresionante, pero si los detallas con cuidado notas las diferencias.
—Fue un placer conocerte, Aitana. Espero que pronto podamos conocernos un poco más. —comenta, al mismo tiempo que extiende su mano y yo la estrecho.
—Lo mismo digo, Andreas. Lo mismo digo —susurro en voz baja para que nadie escuche.
Subimos al ascensor y marca el cuarto piso.
—Te tomaré la palabra de la subida en moto —rompe el silencio Andreas.
Me sorprendo ante su revelación, y su padre nos observa con una sonrisa en el rostro. Carajo, quien me manda a mí a estar de bocazas. Es imposible que un sujeto como él se suba a mi moto, creo que no podría manejar. Su cercanía hace que mi corazón se acelere rápidamente y su sonrisa, esa maldita sonrisa me está volviendo completamente loca.