CARTA LXXXI LA MARQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT ¿Qué lástima me da con sus quejas! ¡Cómo me prueban éstas mi superioridad sobre usted! ¿Y quiere ser mi maestro, y dirigirme? ¡Ah! mi pobre Valmont. ¡Qué distancia hay todavía de usted a mi! No, todo el orgullo de su sexo no bastaría para llenar el intervalo que nos separa. ¡Porque no podría usted ejecutar mis proyectos los cree imposibles! Ente orgulloso y débil, ¿le sienta bien, querer calcular mis medios y juzgar mis recursos? Realmente, vizconde mío, los consejos que me da me han enfadado y no se lo puedo ocultar. Que para disimular su increíble torpeza, en el asunto de su presidenta, me presente usted como un triunfo el haber desconcertado un instante a esta mujer tímida que lo ama, consiento; que haya obtenido de ella una

