CARTA LXXXII CECILIA VOLANGES AL CABALLERO DANCENY ¡Oh, Dios! ¡Qué pesar me ha dado la carta de usted! ¡Por cierto que valía la pena de que yo la aguardase con tanta impaciencia! Esperaba encontrar con ella consuelo, y véame más afligida que antes de haberla recibido. ¡Cuánto he llorarlo leyéndola! No es esto de lo que yo le acuso: he llorado ya muchas veces por causa suya, sin haber sufrido; pero esta vez no es lo mismo. ¿Qué significa lo que usted me dice, que su amor es ya un tormento, que no puede vivir así, ni tolerar más tiempo su situación? ¿Va quizás a cesar de amarme, porque no es ya tan agradable como anteriormente? Me parece que yo no soy más feliz que usted, bien al contrario; y sin embargo, le amo más y más. Si el señor de Valmont no le ha escrito, no es culpa mía; yo no po

