CARTA LXXXIII EL VIZCONDE DE VALMONT A LA PRESIDENTA DE TOURVEL Muy señora mía: Continuemos, se lo suplico por favor, una conversación tan desgraciadamente interrumpida. Pueda yo acabar de probarle cuán diferente soy del retrato que le habían hecho de mí; pueda, sobre todo, gozar aún de aquella amable confianza que empezaba usted a manifestarme. ¡qué atractivo sabe usted dar a la virtud! ¡Cómo sabe hermosear y hacer amar los sentimientos honrados y puros! ¡Ah! ésta es la más fuerte de sus seducciones, la única que la hace respetable y poderosa. Sin duda, basta ver a usted, para desear agradarle: oírla hablar, para desearlo continuamente. Pero el que tiene la dicha de conocerla más de cerca, que puede leer alguna vez en su corazón, cede muy pronto a un sentimiento más noble; y penetrado

