CARTA LXXXIV EL VIZCONDE DE VALMONT A CECILIA VOLANGES Ya vio ayer cuán contrariados estábamos. No he podido en todo el día entregarle la carta que tenía, e ignoro si hoy encontraré mayor facilidad. Temo comprometerla poniendo más celo que destreza, y no me perdonaría a mí mismo una imprudencia que seríale fatal, y causaría la desesperación de mi amigo, haciéndola eternamente infeliz. Sin embargo, como conozco cuán impaciente es el amor, comprendo cuán penoso debe ser, en su situación, el ver retardarse el único alivio que puede gozar en este momento. A fuerza de pensar en los medios de apartar los obstáculos, he hallado un modo, cuya ejecución será fácil, si usted pone cuidado por su parte. He creído que la llave de la puerta de su cuarto que da al corredor está siempre sobre la chimen

