CARTA LXXXVI LA MARISCALA DE *** A LA MARQUESA DE MERTEUIL. (Billete incluso en la precedente). ¡Válgame Dios! ¿Qué oigo, mi querida buena amiga? ¿Es posible que el joven Prevan haga cosas tan abominables? ¿Y con usted? ¡A qué no está expuesta! ¡Con que ni en su propia casa se puede ya vivir segura! En verdad, lances de esta especie consuelan a una de ser vieja. Pero de lo que jamás me consolaré es de haber sido en parte causa de que usted haya recibido en su casa un monstruo semejante. Le prometo que si todo lo que me han dicho de él es cierto, no volverá a poner los pies en la mía; es el partido que tomarán con él todas las gentes honradas, si hacen lo que deben. Me han dicho que se ha puesto usted mala, y su salud me inquieta. Deme noticias suyas, que espero con impaciencia, o bien

