CARTA LXX EL VIZCONDE DE VALMONT A LA MARQUESA DE MERTEUIL Tengo que darle un importante aviso, mi amiga querida. Cuando ayer, como usted sabe, en casa de la mariscala de *** se habló de usted, y yo dije no todo lo bien que pienso, sino lo que no pienso, todo el mundo parecía de mi opinión y la conversación languidecía como siempre que se habla bien del prójimo, cuando salió un contradictor: Prevan. “No permita Dios, dijo, que yo dude de la honestidad de la señora de Merteuil. Pero osaría creer que la debe más a su ligereza que a sus principios; es tal vez más difícil seguirla que agradarla; y como corriendo tras una suelen encontrarse otras mujeres, que valen tanto o más, los unos se han distraído y los otros parado de cansancio. Y es quizás la mujer de París que menos ha tenido que de

