CARTA LXXI EL VIZCONDE DE VALMONT A LA MARQUESA DE MERTEUIL ¡Pues no se ha dejado mi cartera en París el aturdido de mi criado! Las cartas de mi hermosa, las de Danceny para la joven Volanges, todo está allá y todo lo necesito. Mientras él ensilla su caballo y se dispone a partir para reparar su estupidez, yo le contaré a usted mi historia de esta noche, para que vea que no pierdo el tiempo. La aventura en sí no es nada; una simple recaída con la vizcondesa de M***. Pero en los detalles me intereso y tengo además gusto en mostrarle que si sé perder a las mujeres, sé también salvarlas cuando las quiero. El partido más difícil o más alegre es el que tomo; y no me reprocho una buena acción con tal que me ejercite o me divierta. Encontré aquí, pues, a la vizcondesa, y como ella juntara sus

