CARTA LXXII EL CABALLERO DANCENY A CECILIA VOLANGES (No entregada hasta el 14.) ¡Cuánto, Cecilia mía, envidio la suerte de Valmont que la verá mañana! ¡Él le entregará esta carta y yo languideciendo lejos de usted arrastraré mi penosa existencia entre penas y recuerdos! Amiga mía, mi tierna amiga, compadezca mis males, compadézcame más aún por los suyos, contra ellos sí que me abandona el valor. ¡Qué horrible causar la pena de usted! Sin mí estaría dichosa y tranquila. ¿Me perdona, Cecilia? Diga, sí, diga que me perdona, diga que me ama, que me amará siempre. Necesito que me lo repita. No porque dude… pero mientras más seguro estoy de ello, más dulce me es el escucharlo. Me ama usted, verdad. Sí, me ama con toda su alma. No olvido que ésta es la última palabra que le he oído. ¡Cómo la

