CARTA XXXV EL VIZCONDE DE VALMONT A LA PRESIDENTA DE TOURVEL Muy señora mía: Es preciso obedecer a usted y probarle que, a pesar de la sinrazón que se complace en suponerme, me queda bastante delicadeza para no tomarme la libertad de reconvenirla y bastante valor para resistirme a los sacrificios más dolorosos. Usted me impone el silencio y el olvido; pues bien, obligaré a mi amor a que calle y olvide, si es posible, el modo cruel con que lo ha tratado. No hay duda de que el solo deseo de agradar a usted no da derecho para ello, y aun confieso que la necesidad que yo tenía de su indulgencia no era un título para lograrlo. Pero usted mira mi amor como un ultraje; olvida que si puede ser un yerro, sería usted justamente la causa de él y de su excusa. Olvida también que acostumbrado yo a de

