CARTA XLII EL VIZCONDE DE VALMONT A LA PRESIDENTA DE TOURVEL Por más duras que sean, mi señora, las condiciones que usted me impone, no rehuso cumplirlas. Siento que me sería imposible contrariar ninguno de sus deseos. Convenido esto, me lisonjeo de que me permitirá pedirle en cambio otras más fáciles de ser concedidas, y que sin embargo quiero deber sólo a mi perfecta sumisión. La una, que espero que la misma justicia la empeñará a acordarme, es declarar quiénes me han acusado a usted, pues me hacen sobrado mal para que yo no tenga el derecho de conocerlos; la otra, que espero de su indulgencia, es que me permita renovarle de cuando en cuando la expresión de un amor que más que nunca va a ser digno de su consideración. Note, señora, que me apresuro a obedecerla a costa de mi felicidad,

