CARTA CXXVIII LA PRESIDENTA DE TOURVEL A LA SEÑORA DE ROSEMONDE No he recibido hasta ayer su tardía carta. Me hubiera matado, seguramente, si yo fuese dueña ya de mi existencia; pero hoy es de otro, de monsieur de Valmont. Verá usted cómo no le oculto nada. Si cree no encontrarme digna de su amistad, sepa que temo menos perderla que engañarla. Todo lo que puedo decirle que, puesta por monsieur de Valmont en la alternativa de hacer su felicidad o determinar su muerte, me decidí por el primer partido. Ni de ello me jacto, ni tampoco me acuso: digo no más lo sucedido. Comprenderá fácilmente la impresión que su carta me hizo, y las verdades que contiene. No crea, sin embargo, que ha producido pena alguna en mí, ni que pueda tampoco hacerme cambiar de sentimiento ni de conducta. No por esto

