CARTA CXXVII LA MARQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT Si no he respondido, vizconde, a la carta que me dirigió usted el 19, no ha sido por falta de tiempo; es sencillamente porque me ha puesto de mal humor, y porque no he visto en ella el sentido común. Creí que no debía hacer cosa mejor que no ocuparme de ella; pero su insistencia, y el peligro de que piense que mi silencio significa asentimiento, me fuerza a contestarle. Yo habré tenido alguna vez la pretensión de reemplazar a todo un serrallo, pero nunca he consentido en figurar como parte de él. Creí que usted lo sabía. Ahora que al menos no ha de ignorarlo, juzgará de lo ridículo de su pretensión. ¿Que sacrifique un gusto, y un gusto nuevo, para ocuparme de usted? ¿Y para ocuparme cómo? esperando a mi vez como esclava sumisa

