CARTA CXXVI LA SEÑORA DE ROSEMONDE A LA PRESIDENTA DE TOURVEL Antes le hubiera respondido, amada niña, si la fatiga de la última carta no me hubiera devuelto mis dolores, que me han privado durante estos días del uso de mi brazo. Ansiaba testificarle mi agradecimiento por las noticias que me comunicaba acerca de mi sobrino, y felicitarla por ellas sinceramente. Sí, querida bella. Dios que sólo quería probarla, la ha socorrido cuando llegaba el momento en que las fuerzas parecían abandonar a usted. Preciso es reconocer en esto el sabio consejo de la Providencia, que ha salvado a la vez a usted y a mi querido sobrino. Mucho le debe, querida, a la divina Omnipotencia, y algún motivo de arrepentimiento será sin duda para usted haber dudado de ella un salo momento. Comprendo, sin embargo, qu

