CARTA CXXXI LA MAQUESA DE MERTEUIL AL VIZCONDE DE VALMONT ¡En buena hora, vizconde! Esta vez estoy más contenta de usted que la anterior. Ahora, conversemos como buenos amigos: espero convencerle de que el arreglo que usted propone es una verdadera locura. ¿No ha notado aún que el placer, que es el único objeto de la unión de dos sexos, no es suficiente para constituir un lazo entre dos seres? ¿Qué si es precedido del deseo que los une, es seguido del disgusto y hastío que los separa? ¿Es una ley de la naturaleza sentir el amor a voluntad? Fuerza es tenerlo en toda ocasión; y sería el caso arduo si no bastara que lo hubiese de una sola parte. La dificultad se ha resuelto, pues, a medias; en efecto, uno goza del placer de amar, otro de ser amado, menos vivo en verdad, pero al cual se une

