CAPÍTULO 11 - El viaje.

1212 Palabras
Ya en el avión... Lorena Ya han pasado como máximo dos horas, desde que salimos de casa y abordamos el avión. Por ahora todo ha sido tranquilo, mis tíos y padres están algo alejados. Mientras que Roghert está a solo un asiento de distancia con uno de los hijos del hermano de papá, si no me equivoco se llama Sebastián. No es que no me cayera bien, solamente tenía un pequeño problema en recordar los nombres y las caras de las personas a simple vista. Cuando pasaba demasiado tiempo con ellas quizás lograba acordarme de algunas de sus facciones, pero muy complicado sería acordarme de sus nombres. Por otra parte, a mí me tocó con el chico de cabello rubio. El hijo del mejor amigo de mi padre para ser más exacta. Yo quería ir donde estuviese una ventanilla y por alguna razón él se me unió. El tiempo había pasado algo aburrido para mí, al no tener mucho que hacer la mayoría decidió solamente dormir, era la única despierta así que lo mejor que pude hacer fue leer un libro que me habían recomendado. Tome mi celular y empecé a leer en una aplicación. El tiempo voló, cuando mire la hora está marcaba las seis y media de la tarde. Mire por la ventana y pude contemplar un cielo colorido, se había tornado de un color naranja con algunas combinaciones de azul marino y el blanco de las nubes. Un recuerdo vago llegó a mi mente. Era yo cuando tenía unos ocho años, recuerdo que había llegado a casa tarde, el cielo empezaba a tornarse justo de esos mismos colores. Había estado en la casa de un señor que conocí en uno de esos tantos paseos en el parque, pues solía escaparme cuando nadie me vigilaba. Me gustaba bagar por el parque en busca de niños de mi edad para jugar con ellos un rato, recuerdo que conocí al señor, ya que tenía la costumbre que pasaba todos los días a la misma hora, aquel día siguió con la rutina a comparación que está vez una de sus bolsas de compras se rompió. Recuerdo que la mayoría de sus cosas cayeron por su alrededor, intento recogerlas, pero se quejó de dolor al hacerlo, entonces llegué yo y le ayude. Era algo fuerte según él, pues le ayude cargando algunas cosas pesadas, para la edad que tenía en ese momento lo eran, pero ahora me parecían absurdas. Aquel día conocí a la señora Dori y a su nieto Mateo, era un buen niño. Ese día supe lo que era un buen chocolate caliente y por alguna razón me sentí en casa. Recuerdo que tuvimos una plática algo incómoda para mí. — Y, dinos pequeña, ¿Dónde están tus padres? — hablo la señora Dori con dulzura. — Supongo que en casa, ambos están peleados así que puede que alguno este afuera — dije sin más, mientras saboreaba el chocolate. — ¿No se llevan bien? — pregunto con extrañeza el señor. — No — respondí con simpleza. — ¿Ellos saben que estás aquí? — pregunto la señora Doris. — No y no creo que noten que me escape de casa — hable con timidez. — Pero que niña tan traviesa, terminando tu chocolate te lavas las manos y Luis te irá a dejar — afirmó con el ceño fruncido. — Está bien, ¿pero puedo venir otro día?, es que ustedes me han caído bien — fui sincera. — Claro, pero pídele permiso a tus padres — — Si señora Doris — la alegría me inundó, cuando termine hice lo que la señora me mandó, cuando estuve lista, don Luis me llevo a casa. Eso fue algo vergonzoso, cuando llegamos ruidos fuertes se escuchaban en casa. El señor Luis tocó la puerta y mi madre abrió con los ojos llorosos, cuando me vio su cara fue de enojo, me tomo con brusquedad y miro con atención al señor Luis. Él solo quería explicar lo que sucedió y pedir permiso a mi madre para que pudiese visitarlos, sin embargo, ella lo prohibido e incluso a él volver a verme. Le cerró la puerta en la cara, aquel día me castigo, dejándome sin comer por tres días. Intenté volver a escaparme, pero está vez no pude, pues si lo intentaba ella me castigaría peor que la anterior vez. — ¿Todo bien? — hablo una voz sacándome de mis pensamientos. — ¿Cómo? — pregunte volviendo. — ¿Que si estás bien?, te he notado distante — hablo con preocupación el chico a mi lado. — Sí, sí, estoy bien — revise mi teléfono y continúe con mi lectura. — ¿Y qué lees? — pregunto interesado en mi lectura. — Una historia — no pronuncie más, ya que no quería dar tanto detalle. — A ver — me arrebato el aparato tan rápido que no pude reaccionar, solo cuando empezó a reírse en alto fue que reaccione. — Dámelo — se lo arrebaté y él únicamente me miró con ternura, algo raro la verdad. — ¿En serio lees estás cosas? — hablo el rubio con burla. — Al menos leo — intenté escudarme. Nadie dijo nada y lo agradecí por el momento, me acomode en mi asiento mire por la ventana, estaba a punto de colocarme los audífonos, pero él volvió a hablar, desgraciadamente. — ¿Por qué te gusta tanto está lectura?, veo que incluso lo tienes en favoritos — miro el aparato y después a mí en busca de respuesta. — Eso no te incumbe — fui algo brusca al decirlo, lo cual incluso me sorprendió a mí. — Vamos, nada más intento entablar una conversación — suspiró con cansancio, solo me miró por un segundo y se enderezó, dejándome un mal sabor en la boca. — Disculpa, creo que estoy estresada, no ha sido mi intención hablarte así — él no pronunció ni una palabra y entonces entendí que lo había arruinado, con resignación mire a la ventana. — ¿En serio no insistirás? — hablo ofendido. — ¿Cómo? — con confusión lo mire. — Pensé que me insistirás, pero veo que no, ¿A si quieres que te perdone? — con la ceja alzada me miró. — ¿Tengo que insistir? — hable incrédula. — Puff, hermana de Roghert tenías que ser — rodos los ojos con diversión. — ¿Entonces me perdonas o no? — hablé con cautela. — Quizás — pronunció pensativo. — ¿quizás? — dude. — Gánate el perdón — pronunció con seguridad. — ¿Cómo? — cuestione. — Bueno, quizás te pueda perdonar— hablo pensativamente, aquello me hizo reflexionar que le estaba hechando ganas — ¿Qué quieres a cambio?. — ¿Un beso? — con coqueteo paso una de sus manos por el cabello, acomodándolo hacia atrás. — En tus sueños — dije tajante. — Que aburrida — su voz sonó decepcionada. — Es lo que hay — sentencie. Pasamos una plática animada, el tiempo pasó, sin embargo, pudimos dormir un poco antes de aterrizar, cuando llegas al hotel cada quien fue a sus habitaciones. Yo me dediqué solo a dormir, después vería con claridad el lugar, tenía la certeza que mañana sería un día lleno de muchas emociones.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR