Kyoko se sentía miserable. Sólo podía pensar en Shinbe, en Toya y en aquel estúpido beso. Estaba tumbada bajo las suaves sábanas, muy despierta, pensando cómo era posible que quisiera que la besara cualquiera de los dos. Uno era Shinbe, el guardián lascivo que coqueteaba con todas las mujeres con las que entraba en contacto. Probablemente había tenido más mujeres de las que ella podía contar, pero sólo pensar en su beso la hacía desmayarse. El otro era Toya, que le gritaba por cosas sin importancia e intentaba ser siempre el jefe de todos sus movimientos. Sin embargo, a veces podía ser tan dulce. Ambos podían serlo. Apoyó la cabeza en la almohada y suspiró. Era extraño cómo solía pensar sólo en Toya antes de irse a dormir, pero desde hacía un tiempo, los pensamientos habían ido cambiando

