Había pausado mi trabajo para estirarme un poco después de varias horas consecutivas de trabajo y aproveché para revisar cualquier mensaje en mi teléfono. Estaba a punto de escribirle un mensaje a mi ángel cuando una llamada suya entró. Justo a tiempo para hablar un par de minutos. Me alejé un poco de las personas con las que estaba trabajando y me llevé el trago que me habían servido. —¿Ángel? —contesté, pero al instante escuché su llanto del otro lado y todo mi cuerpo se tensó. —Charles —pronunció mi nombre en medio del llanto, rota, desesperada y aterrorizada. Una sensación amarga me subió por la garganta, aun sin saber qué había pasado. —¿Qué sucede? —pregunté—. ¿Dónde estás, amor? —A continuación ella intentó hablarme entre hipidos, pero casi todo era incomprensible—. Respira, á

