El día llegó y de nuevo la noche. Nadie más que Eas a entrado a mi cuarto y ha sido una niña muy buena, ha subido a la cama, me ha dado un beso y un abrazo y ha vuelto a salir. Estoy convencida que todos allí fuera, en la casa de la manada o donde quiera que estén están discutiendo en como ayudar, pero no pueden hacerlo. Nadie puede ayudarme, estoy paralizada por el miedo. Perder de nuevo a mi compañero y dejar que la locura nos lleve a los dos, no es posible. Cierro los ojos y me dispongo a pasar la noche sin levantarme aún de nuestra cama, la que aún huele a Titus. Algo me hace inquietar y abro los ojos y junto a mi cara está la Brando. - Estúpido chupasangre, ¿que haces aquí? - Mis oscuros pensamientos hacen que reaccione tan mal que hasta el frunce el ceño al oír como le insulto. - E

