Dos semanas después de la boda Sofía despertó a las 5 AM con sensación extraña. No dolor. Todavía no. Pero... presión. Y humedad. Se tocó las piernas. Mojadas. —Mikhail. —Lo sacudió—. Mikhail, despierta. —¿Mmm? ¿Qué pasa? —Mi agua. Creo que se rompió. Mikhail saltó de la cama como si estuviera en llamas. —¿TU AGUA? ¿AHORA? —Eso acabo de decir. —Está bien. No entres en pánico. —No estoy en pánico. Tú estás en pánico. —Tienes razón. Estoy en pánico. —Mikhail corrió al closet, sacó ropa aleatoria—. ¿Bolsa del hospital? —Junto a la puerta. La empacamos hace dos semanas. —¿Llamo a Alexander? —Todavía no. Primero confirmemos que es trabajo de parto real, no falsa alarma. Pero entonces llegó la primera contracción. Fuerte. Definitiva. Real. —Okay. Llama a Alexander. Y al docto

