El camino a la casa fue en absoluto silencio. Luego de que Berenice nos diera una copia de la ecografía, y retirara el implante que llevaba, Anton me cargo nuevamente y me dejo en el coche para luego subir el también. Ninguno de los dos omitió palabra durante el viaje, y al llegar a la casa fue igual. Solo me dejo en la habitación y se fue. No pude evitar que mis ojos dejaran salir las lágrimas que contuvieron desde que supe que llevaba un bebé en mi vientre. Habían pasado cerca de dos horas, yo seguía sola en la habitación, abrazando mi almohada, y mirando por la ventana. Ya no me quedaban lágrimas por derramar, solo me quedaba asimilar la situación. Después de todo, ese bebé no tenía la culpa de nada. Mis pensamientos se esfumaron en cuanto oí la puerta de la habitación ser abierta. -M

