El sol ya se había puesto en la cumbre, el viento azotaba al árbol junto a la ventana lo que hacía que éste golpeara levemente el vidrio lo que causó que Evangeline despertara, con algo de pereza miró a su alrededor y como siempre desde que se habían casado él no estaba ya acostado en la cama, Evie suspiró con pesar acto seguido se levantó, había pasado una semana desde la primera pelea que habían tenido, ella le había estado ignorando y evitando lo que hacía que Draco no estuviera del mejor humor.
Como todos los días había dejado bajo su almohada una nota con una bonita frase en ella que siempre terminaba de la misma manera, es decir, con Evie suspirando.
Cuando se ama de verdad como yo te amo a ti,
No importan las cosas difíciles que deba hacer,
Porque el amor que siento siempre buscará tu bien.
Aunque no lo quisiera admitir Draco le daba una felicidad sin precedentes día a día pese a su enfado con él, admitía que no podía estar en su presencia por mucho tiempo o acabaría lanzándose a sus brazos sin el menor pudor entonces acababa huyendo como la cobarde que era al sentir su aura al rededor
Evangeline buscó el teléfono celular para llamar a su hermana Ángela, de las tres Rain ella era la más seria, valiente y con un sentido del humor totalmente diferente a lo usual.
Ángela Rain se enfrentaría al mismo diablo sin titubeo alguno y eso era lo que en verdad le gustaba de su hermana.
Después del tercer tono del teléfono Ángela contestó adormilada.
—Angie Rain aquí.
—Evie Rain acá —dijo burlona.
—Evie, no esperaba tu llamada.
Evangeline chasqueó su lengua molesta.
— ¡Te lo he dicho ayer Ángela!
Ahora fue Ángela quien chasqueó la lengua.
—Que es broma hermanita.
Evie suspiró, aquello solía pasar, Ángela bromeaba constantemente pero como siempre lo hacía con voz seria todos creían que era cierto y no una broma.
—Entonces, ¿A qué hora voy?
—Ven ya.
—Deja que me aseé, oye en todo caso no deberías ser ya Evie Lethood, lo acabo de captar.
Evangeline se rió entre dientes ante el tono de curiosidad en la voz de su hermana, sabía que si le decía a Ángela que ella y Draco habían tenido una pelea Angie metería sus narices hasta que decidiera contarle qué había pasado y como no tenía fuerzas para escuchar un te lo dije decidió que no lo mencionaría.
—También lo voy notando, es que me gusta nuestro apellido además de que a veces se me olvida que estoy casada.
Ángela soltó un silbido.
—Eso es grave —dijo con malicia.
—Deja de sembrar cizaña mujer y ven ya.
—Vale, vale, ya voy.
Nadie más la podía acompañar más que sus hermanas solo confiaba en ellas y de por si ellas eran lo suficiente cotillas para querer descubrir las cosas extrañas que le ocurrían a su hermanita menor.
La razón por la que Adhara no estuviese también era que estaba fuera del país en Venezuela donde residía desde que había entrado a la universidad.
Evangeline cambió su corto vestido de seda blanca por algo más apropiado para recibir a su hermana. Se colocó una falda larga corte midi roja con un crop top n***o y un par de tacones del mismo color, por más que buscó un par de jeans no encontró ninguno cosa que le reclamaría a Draco, aquella ropa que llevaba era lo más casual que tenía en el closet.
Bajó hasta el comedor en donde como era de costumbre estaban las gemelas, la mujer vieja y su cuñado que fue el único que le sonrió. Días antes se había mostrado educada y había saludado a todos en la mesa sin obtener respuesta alguna más que la de Ziam por ello no había decidido hablar más con ellos.
Evie tenía su orgullo también.
— ¿Te nos unes Evangeline? —Preguntó con sorna Chrysanthe.
Evangeline abrió la boca ligeramente sorprendida, porque aunque hubiese burla en sus palabras la invitación era real.
—No, gracias Chrysanthe, no tengo hambre.
Caminó hasta la cocina en donde estaba Rosaura quien le sonrió al verla.
A pesar de que por obvias órdenes de Draco todos allí la trataban de maravilla solo con aquella mujer tenía cierta confianza, todos a su alrededor parecían temerle como a Draco sin embargo Rosaura era una mujer serena en todo momento.
—Hola Rosa.
—Hola mi señora, luce aún más preciosa hoy —habló emocionada observando su ropa.
Cuando la vieja mujer iba a hacer una reverencia Evangeline la detuvo.
— ¿Sabes dónde puedo encontrar una linterna?
La regordeta frunció el ceño confundida y la miró como si estuviese tratando de saber para que la quería.
—Bueno... en el sótano hay un par, espere aquí ya lo busco.
—Trae las dos, por favor.
—Como ordene mi señora.
—Espera, mejor te acompaño —se ofreció con amabilidad.
Rosaura asintió sonriéndole de vuelta y ambas emprendieron el camino juntas.
Evangeline dio gracias al cielo por no tener que pasar por el comedor nuevamente, resultaba bastante incómodo todos los días toparse con la familia de Draco.
El camino hasta el sótano fue largo y tenebroso vivir en el castillo la hacía sentir como si de alguna extraña manera perteneciera allí pero a la vez tenía nervios de andar por aquel desolado pasillo y cada vez que iban avanzando más hacia ese lugar todo se tornaba aun más oscuro, al llegar a las escaleras por donde había que llegar para bajar al sótano Evangeline vio a un costado una puerta negra y sus ojos la examinaron con total curiosidad.
—Rosa.
La nombrada dio un respingo, al parecer se había olvidado de la persona que iba detrás de ella siguiéndole los pasos.
—Lo siento —sonrió con culpa—, ¿Qué es esta habitación?
Evangeline vio que la mujer se tensó y a la vez se volvió muy nerviosa de pronto.
—Es el lugar donde mi rey amaba estar antes de que usted llegase, pasaba horas allí sin que nadie lo molestara.
—Ah, entonces...
Cuando Evangeline tomó la manilla de la puerta, Rosa la miró embargada de miedo y con suma rapidez tomó el brazo de ella sorprendiéndola, la mujer volvió su mirada al agarre repentino y seguidamente la soltó como si su brazo quemara.
—Lo siento pero mi señora es mejor que no entre, nadie nunca ha entrado además de mi rey Draco, ni siquiera la señorita Chrysanthe o mi príncipe Ziam.
Evangeline no lo demostró pero estaba enojada, ¿Qué quería decir con que ni siquiera Chrysanthe había entrado?
¿Es que ella tenía más derecho sobre la misma esposa de Draco?
¿Qué tenía Chrysanthe con su marido?
Quizás estaba exagerando pero no podía evitar hervir en celos, aún perdida en sus pensamientos furiosos asintió a Rosa.
—Tú tienes razón, por favor ve a buscar las linternas, te esperaré en mi habitación.
Rosa pareció aliviada y continuó con su caminó al sótano.
Evangeline frunció el ceño y cruzó de brazos entonces se giró para ir en busca de su habitación pero no pudo evitar mirar una vez más aquella puerta negra que la embargaba de curiosidad.
Miró otra vez den la dirección que Rosa había seguido finalmente se dio cuenta de que la mujer se había perdido en las penumbras de las escaleras. Ni siquiera entendió como es que podía ver tan bien pese a la oscuridad.
Tomó con terquedad la perilla de la puerta y la giró consiguiendo abrirla con rapidez y sin esperar más se introdujo en la fría y poco iluminada habitación.
Con la leve luz que alumbraba la estancia miró a su alrededor.
Todo era n***o y rojo como el castillo mismo, elegante, discreto y sobrio, todo parecía estar en un orden perfecto, libros en los estantes y un escritorio vacío con un retrato sobre el que le daba la espalda a Evangeline. Quiso mirar la foto que había en su interior sin embargo en vez de eso siguió observando su alrededor.
Se sintió un pequeño golpe en la puerta entonces Evangeline ahogó un jadeo con su mano la cual tapó su boca. Miró hacia la puerta pero por esta no apareció nadie.
Recordó lo que le decía su hermana Adhara cuando las puertas sonaban y no había nadie, ella decía que la madera crujía ante el frío y para ser sinceros en esa habitación había demasiado frío.
Evangeline suspiró aliviada y continuó con su inspección hasta que sus ojos se detuvieron en el mismo retrato que había en aquel lugar.
Se sorprendió por el descubrimiento entonces decidió caminar con paso rápido hasta aquella pintura vieja hasta que estuvo finalmente frente a ella.
Tocó una y otra vez la pulsera buscando otro pasillo secreto pero esta vez no encontró ninguno.
—No hay nada —murmuró.
Se inclinó a un costado del escritorio para tomar en sus manos el retrato sobre el pero sintió un peso prácticamente encima de ella y un bulto entre sus nalgas.
Evangeline y aquel sujeto gimieron al unísono pero no por lo mismo, ella gimió por miedo a que fuera de nuevo ese rubio y la otra persona de simple excitación. Él puso su gran mano sobre la pequeña boca de ella para que no gritara mientras que su otra mano descansaba en la cintura de la joven.
—Has sido una chica muy mala Evangeline Lethood.
Seguidamente él se movió contra su trasero.
La castaña se mordió los labios para no gemir cuando aquel hombre mordió su hombro de una manera realmente sexy.
—Es por eso que debo castigarte.
Acto seguido estampó su palma contra el trasero de la mujer.
Evangeline una vez más gimió y se movió contra su m*****o mientras que él se aferraba a su cintura, su boca se descendió por el cuello pálido de ella y Evie se dio la vuelta para enfrentarlo y sus ojos se clavaron en su alma.
—Ángel, otra vez metida donde no debes.
Ella sonrió burlona y aprovechó para separarse de él, caminó hasta el otro lado de la estancia donde él pudiera mantener sus manos fuera de ella.
— ¿Estás enfadado?
La mirada de Evangeline se mantuvo fija en la repisa que estaba pegada a la pared con muchos trofeos, tomó uno en sus manos y leyó la inscripción en griego Protathlitís sto sóftmpol3.
Sintió los pasos de él acercarse a ella y pronto sintió como era arrancado el trofeo de sus manos.
Draco volvió a ponerlo en su lugar mientras que su mirada estaba fija en los ojos de ella.
— ¿Cómo podría enfadarme contigo? Más bien debería acostumbrarme a ti, a que rompas todas las reglas ¿No es así Evangeline? Rosa te dijo que éste lugar está prohibido para todos y aún así tú decides declinar su advertencia y de todas formas entrar.
Parecía como si le reclamara pero una misteriosa y sexy sonrisa adornaba su bello rostro.
¿Cómo resistirse a él?
Al igual que la vez anterior Evangeline caminó a otro lado dándole la espalda ganando la frustración de su esposo, Draco sentía la necesidad de tomarla entre sus brazos y estrecharla como si no hubiera un mañana, la necesitaba, por los dioses que lo hacía y cada vez era más difícil mantener las manos alejadas de ella y de su delicado cuerpo.
— ¿Puedes quedarte quieta? —gruñó él.
—Deberías acostumbrarte, sí —dijo ignorando su anterior pregunta— ¿Por qué nadie más que tú entra aquí?
Draco se encogió en hombros para añadir:
—Este es mi lugar, solo mío.
Evangeline giró su cabeza para encontrarse con la mirada caliente de Draco que la recorría entera de pies a cabeza, sintió pronto la humedad entre sus muslos pero no se permitió que él lo supiera, arqueó una ceja para preguntarle con sorna:
— ¿Debería irme?
Draco sonrió de la misma manera y se cruzó de brazos.
Evangeline maldijo en su interior, ¿Cómo podía ser tan hermoso?
— ¿Y ahora lo preguntas?
Ella entornó los ojos y siguió curioseando por toda la habitación pero la verdad era que se encontraba turbada por su presencia.
— ¿Qué quiso decir Rosaura con que ni siquiera Chrysanthe ha entrado en éste lugar?
Entonces volvió su mirada a él fulminándolo con ella.
Eso era lo que le había querido preguntar desde hacía rato, los celos la estaban consumiendo. Él frunció el ceño confundido para después soltar una sonora carcajada lo que terminó de enfadar a Evangeline.
— ¿Estás celosa ángel?
— ¿Es todo lo que tienes para decir? Idiota —murmuró con ímpetu.
Ahora fue ella la que se cruzó de brazos y lo miró fastidiada
Antes de que se diera cuenta Draco ya la tenía presionada una vez más contra el escritorio con la diferencia que eran ahora sus nalgas las que eran presionadas contra el mismo.
— ¿Cómo has llegado tan rápido? —preguntó sorprendida.
Draco le sonrió ampliamente y no hizo más que besarla con alevosía.
Todo a su alrededor desaparecía al estar con él, todas sus preguntas, sus dudas, sus miedos, ahora sólo quería sentirlo, quería sentir a Draco Breisacher, sentir a su esposo.
Porque no quería resistirse nunca más a él.
La habitación poco a poco dejó de ser fría para convertirse en ardiente y sensual en donde apenas se oían los siseos de placer de ambos.
Draco la subió al escritorio por completo colándose entre sus piernas sin dejar de besarla, con su mano fue recorriendo la tela de la falda roja hasta llegar a su cintura donde la apretó aún más hasta él.
Evangeline gimió al sentirlo tan cerca y tan férreo, con sus manos lo apretó del cuello para intensificar su acalorado y largo beso hasta que ella misma lo rompió por falta de aire. Los labios rojos de él se apretaron contra la mandíbula de su mujer y Evangeline volvió a gemir poseída por la pasión, Draco no pudo sentirse mejor. La larga semana que había pasado sin hablarle, sin tocarle e incluso lo evitaba como la peste hizo que él se sintiera aún más atraído por ella, por su aroma de mujer. Si bien era cierto que había sido un idiota al gritarle solo había sido por querer protegerla de todo, de que nadie en absoluto la dañara.
Nunca estaría dispuesto a perderla, Evangeline era su todo y Draco estaba seguro de que no haría absolutamente nada sin ella.
Las manos de él separaron los muslos de Evangeline sin apartar su boca mientras que le acariciaba las piernas hechizado por su dulce olor, ella apenas había puesto las manos en su cabello atrayéndolo a ella fue cuando aprovechó para girar las caderas entorno a la dura longitud que se colaba entre sus piernas haciendo gemir a Draco quien cortó el beso y su traviesa lengua fue a parar en el lóbulo de la oreja derecha de Evangeline, luego bajó lentamente hasta su cuello y ella dejó caer el mismo hacia atrás dándole más acceso dónde se deleitó dejando un reguero de besos que llegaron hasta el inicio de los pechos blanquecinos de su mujer.Draco se separó otra vez para que salvajemente rasgara el crop top dejándola en brasier.Evangeline lo miró con la boca abierta y de cierta manera excitada, Draco por lo general era tierno a la hora de hacer el amor y que en ese momento se estuviese comportando de una forma que desconocía de él le gustaba más de lo debido.Entonces ella también se atrevió a ser descarada y antes de que se lanzara a por ella Evangeline se bajó del escritorio con rapidez y se arrodillado frente a él lo que lo hizo fruncir el ceño, no dijo nada más porque ella ya estaba ejecutando su plan.Le bajó el cierre al pantalón y tiró del junto con sus bóxers dejándolo al descubierto ante ella.—Ángel tu no debes…
Masculló impresionado por su atrevimiento, el mismo atrevimiento que lo encendía por completo.— ¿Por qué? Preguntó con voz inocente como si no supiera de lo que hablaba sin quitarle la mirada al ya excitado m*****o de su marido.—Levántate —ordenó.Aún así antes de que pudiese levantarla ella ya estaba tomando el m*****o en su boca.Draco no hizo más que soltar un improperio seguido de un bestial gemido cuando Evangeline succionó la cabeza una y otra vez como una lenta tortura, el sensual sonido la hizo erizar mientras que Draco solo podía pensar en que aquello sólo hacía que la desease más y que quiera estar en esos momentos en lo más profundo de su carne, pero él no podía tomarla como quería o se arriesgaría a lastimarla y era lo que menos quería hacerle a su mujer.Ella lo acariciaba con torpeza y se encendía más, adoraba su inocencia y por sobretodo adoraba verla gemir por su causa pero que ella lo hiciera gemir a él no tenía precio.Las succionadas que ella daba sumadas con sus pequeñas manos a su alrededor le darían un fuerte orgasmo pero él no quería terminar así, quería terminar piel contra piel, sentirla estremecerse entre sus brazos.Por lo que con una fuerza de voluntad infinita la levantó del suelo sobresaltándola.
Ahora la sentó en el escritorio y deslizó sus bragas por las piernas de ella, sus dedos entraron en contacto con su húmeda carne en un suave y erótico vaivén, Evie jadeó acercándose más a su pecho con ojos brillantes de deseo entonces soltando un gruñido se unió al placer de su mujer embistiéndole con fuerza pero cuidando de no hacerle algún daño mientras que Evangeline se aferraba a sus anchos hombros y colocaba su cabeza en el cuello de él donde jadeaba con excitación.
Draco mordisqueaba sus pechos evitando que sus gruñidos animales escaparan por accidente, no quería asustarla pero el deseo que sentía por Evangeline lo abrumaba infinitamente. Sentir sus pequeñas manos recorrerlo lo estaba haciendo perder la cabeza, con deleite la acercó más empujándose más en su interior.
—Dra —gimió ella con los ojos cerrados.
Y Draco supo que nunca había visto una cosa más hermosa que su mujer perdida por su placer, recibiendo todo lo que quería darle.
—Eres mía ángel, solo mía.
—Dios —respondió entre jadeos—, sí, solo tuya.
Su boca se abrazó a la suya con un beso lleno de sentimientos, un beso que le hizo sentirse tan querida que su corazón se calentó y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Si importar lo que diga o haga, siempre voy a estar ante tus pies ángel, porque yo te pertenezco tanto como tú me perteneces y porque te amo como nunca amaría a nadie.
Con emoción ella se lanzó otra vez a por sus labios y finalmente ambos encontraron la liberación que tanto anhelaban juntos.
— ¿Cómo se supone que voy a salir si rompiste mi crop top? —Habló ella con vergüenza.
Sus mejillas arreboladas, sus labios hinchados y su cabello enmarañado dictaban lo que había sucedido en ese lugar sumándole el crop top roto, sin duda no tendría cara para mirar a la familia de su esposo.
—Entonces... ¿Qué hacían por aquí tú y Rosa?
Evangeline lo fulminó con la mirada a la vez que se tapaba los senos con ambas manos evitando suspirar cada vez que lo veía sonreir.
—No me cambies el tema.
Él volvió a sonreír divertido.
—Podemos pasar toda la tarde aquí si te apetece, todos salen de casa a las siente en punto, allí aprovecharíamos para ir a nuestra habitación y retozar un poco más —dijo con picardía tratando de tomarla otra vez.
— ¡Draco! —Chilló Evangeline avergonzada—, nada de eso falta poco para que venga mi hermana y como comprenderás no la puedo recibir así.
La cara de Draco cambió por completo y la seriedad cubrió sus rasgos.
— ¿Qué?
—Que viene Ángela —habló tras bajarse del escritorio.
—Ángel...
—Es mi hermana ¿sí? Tiene derecho de visitarme ¿o no Draco?
Él gruñó y se dio la vuelta caminando hasta la puerta.
—Bien, pero no la quiero husmeando por la casa, sabes cómo es de...
—Yo sé, la tendré controlada.
Le guiñó un ojo divertida ya que Ángela vendría exactamente para eso, para husmear por su casa.
Draco asintió para finalmente vestirse pero al alzar la mirada se encontró con la ceja alzada de su mujer entonces él la imitó.
— ¿Qué?
— ¿Cómo piensas que saldré de aquí así? A menos que quieras que Ziam y todos los hombres que viven aquí me vean.
Draco gruñó una vez más y acto seguido se quitó su camisa dejando su torso marcado desnudo entonces le tendió la camisa a Evangeline.
—No voy a dejar que otro hombre te mire, eres mi mujer y solo yo puedo verte de esa forma.
Evie sonrió en su interior, su psicología inversa nunca fallaba, los celos de su marido siempre actuaban antes que él.
Protathlitís sto sóftmpol3: Campeón en softbol.