Draco la miró una vez más acomodándose la camisa y sonrió al ver lo grande que le quedaba, finalmente Evangeline lo miró entrecerrando los ojos con suspicacia después de haberse cruzado de brazos y aplastado su camisa contra sus pechos donde se marcaban sus pezones, ella lo había pillado mirándolos lo que le provocó que sonriera con picardía.Cuando iba a acercarse a su mujer, Evangeline abrió su palma frente a él chocando contra su duro pecho y evitándole que se acercara a ella no obstante la menuda mujer no lo detendría en absoluto, la abrazó por la cintura atrayéndola a él y Evangeline gruñó esta vez.—Ángela —le recordó el nombre de su hermana.El turno de gruñir ahora lo tuvo él quien la soltó enseguida.Le dio la espalda caminando hasta la puerta y ella lo siguió sumidos en el silencio mientras caminaban por el pasillo ninguno de los dos habló hasta que finalmente se toparon con Ziam y Chrysanthe quienes dirigieron rápidamente su vista a la camisa de Draco en el torso de Evangeline y luego hasta el pecho desnudo de él.Ziam los miró con picardía, sin embatgo por parte de Chrysanthe solo pudo sentir la furia quemarla, abrió la boca para soltar un gritito de frustración y enojo entonces se dio la vuelta para marcharse.—Mi señora, tiene visita, es una muchacha que dice llamarse Dark Angel.Evangeline miró automáticamente a Draco y este gruñó una vez más, ella contuvo las ganas de reír al ver su cara de enfado.Si bien era cierto que Ángela y Draco nunca se habían llevado bien, él hacía todo lo posible por conciliar con ella pero el resultado siempre terminaba siendo el mismo, simplemente sus personalidades chocaban.Polos iguales se repelan, solía decir Evie para irritar a su hermana mayor.
Más gracia le dio aún cuando Ángela utilizó en apodo que le había dado Draco para identificarse, ya que él alegaba que su nombre no iba en absoluto con su personalidad maligna.
Ángela Rain entró a la estancia como si fuese de su propiedad, sin titubeos y con la elegancia de una reina. Como siempre en su mirada no había más que frialdad pero eso era ya algo que caracterizaba a su hermana.
Evangeline se lanzó a los brazos de Ángela llena de alegría por volver a verla después de casi tres semanas, ya la echaba de menos, pese a que Ángela no solía demostrar mucha efusividad aceptó el abrazo y también envolvió a su hermana entre sus brazos.
Después que se separaron los ojos verdes y suspicaces de Ángela se posaron sobre Draco quien ya la miraba con reprobación.
— ¿Qué tal? Cuñadito —dijo con sorna y a la vez con aquella frialdad que ya era parte de ella.
Draco le sonrió fingidamente.
—Hola, Dark Angel, veo que te gustó tu apodo.
Ángela caminó con la cabeza en alto hasta que se detuvo de espaldas a un sofá para seguidamente sentarse cruzada de piernas mientras no apartaba la vista de su cuñado.
—Así es, debo confesarlo, es lo único que me ha gustado que ha venido de ti.
—Anggie —advirtió Evangeline.
La aludida miró a su hermana y batió sus largas pestañas sonriéndole burlona seguidamente sus ojos se desviaron una vez más a Draco a quien azuzó con la mirada para que este le dijera algo, aun así no obtuvo lo que quería ya que él en su lugar observó a su mujer y le sonrió para tranquilizarla.
—Voy a cambiarme ángel, te dejo con tu hermana.
Evangeline asintió y ambas vieron desparecer a Draco por el extenso y oscuro pasillo, fue entonces allí cuando Evangeline fulminó a su hermana pero Ángela ni siquiera de inmutó encogiéndose en hombros.
—Eres imposible.
—Lo sabes, siempre lo has sabido —se acomodó aún más al mueble-, aparte de que sabes que Draco...
—Te cae mal, lo sé —interrumpió a su hermana—, pero deberías hacer un esfuerzo por mí.
Ángela suspiró y asintió con fastidio.
Como siempre hacía, era una promesa falsa que nunca cumplía.
—Antes que nada quiero que respondas a mi despiadada curiosidad ¿Han tenido una sección de sexo mañanero? —Preguntó con picardía—, aunque no debes responder porque de sobras sabré la respuesta a juzgar por tu vestimenta y la de él se ha puesto salvaje y te ha dejado sin camisa ¡Quién lo diría! El rígido es apasionado.
Evangeline gruñó molesta con sus mejillas sonrojadas a la vez que miraba furiosa a su hermana.
Ángela rió como poco hacía y levantó las manos tratando de amansar la cólera de su hermana menor.
—Ya no digo nada, soy toda oídos ¿En qué puedo ayudarte, hermanita?
Evie miró a su alrededor buscando muros en la costa, no podía contarle a Ángela si alguien merodeaba por allí porque seguro que le dirían a Draco y no quería tener más problemas con él. Después de que Evangeline le contara a su hermana el porqué la había llamado, Ángela no dijo nada sino que la miraba con el ceño fruncido y con asombro a la vez.
—Déjame ver si entendí Evie... estoy procesando aún. ¿Tú me estás diciendo que encontraste una especie de pasadizo secreto aquí? Y que tú, la persona a la que nada le importa ni le causar curiosidad quiere investigar sobre que ese esconde allí... Draco me ha cambiado a mi hermanita la aburrida —dijo finalizando con una sonrisa llena de humor—, este cambio me agrada, te estás volviendo como Adhara y como yo, finalmente siento que no te han cambiado en el hospital. Para serte sincera llevo años dudándolo, ahora si te siento una Rain.
Si Evangeline la pudiera aniquilar lo hubiera hecho.
Ciertamente tanto su madre Addison, su padre Elian y por supuesto sus dos hermanas Adhara y Ángela eran demasiado curiosos, de hecho su padre y su madre eran arqueólogos y Ángela estaba a punto de graduarse de arqueóloga también, la curiosidad venía en sus venas, la necesidad de saber más de lo que los rodea, los misterios, lo que está entre líneas, lo oculto.
—Tampoco creas que soy igual de chismosa que mi madre, Adhara o tu hermanita —habló poniendo mala cara—, es algo extraño, siento que debo saber que se esconde allí en ese lugar Anggie, es como si algo me llamara, ¿Has sentido eso alguna vez?
—Hermanita, todos los días de mí vida cuando mis padres y yo emprendemos un viaje, cuando sientes que algo te llama es porque quiere ser descubierto por ti, no obstante también debes estar preparada para todo Evie, porque los secretos al descubierto pueden hacer mucho daño.
Evangeline negó con la cabeza sabiendo que no daría un paso atrás.
—Necesito saber que me sucede con ese lugar.
— ¿Aunque te lastime? —Preguntó Ángela como si supiera algo que ella desconocía.
—Aunque lo haga —aseguró Evie con su corazón latiendo con desenfreno.
—Entonces, que así sea Evie.
Salieron con sígilo de la sala rumbo a ese sitio misterioso que tanta curiosidad le causaba, caminaron por el sendero de flores acelerando el paso, nerviosa de que alguien las viera, Evangeline miró a su alrededor con disimulo buscando aquella mata de cabellos rubios pero no logró conseguirlo. El lugar estaba sumergido en una oscuridad absoluta.
Evie guió a Ángela entonces hasta donde estaba el cuadro de la guapa mujer.
Los ojos claros de su hermana se entrecerraron mirando con fijeza y curiosidad ese cuadro como si estuviese leyendo algo entre líneas, como si supiera de quien se tratara.
—Evie ¿Conoces esta mujer? —Preguntó sin apartar la vista.
Evangeline miró una vez más a la mujer del cuadro y una extraña brisa chocó contra su cuerpo erizándola, manteniéndola alerta, sin querer que Ángela se diera cuenta negó con la cabeza convencida de que en su vida la había visto pero lo más extraño de todo es que le resultaba tan extramente familiar.
—No, ¿Tú sí?
—Se me hace vagamente familiar.
Rozó con el dorso de su mano los contornos de este cuadro.
—Igual a mí y ve esto.
A continuación ella presionó el botón oculto en la pulsera de la mujer.
—Es de lo que te hablé.
Ángela asintió y miró las escaleras oscuras, prendió la linterna que Evie le abría dado y alumbró las escaleras polvorientas. Aterrada la menor de las Rain observó aquella imagen digna de una película de terror, y se sintió tentada a decir que no bajaran las escaleras, pero ella sabía que su hermana no la escucharía así que tuvo que tragarse su ridículo miedo y seguir a Ángela a lo que rogaba no fuese una muerte segura.
—No es de extrañar este pasadizo, este es un lugar demasiado viejo, restaurado eso si puedo ver, sin embargo es tan viejo que no podría calcular cuánto aproximadamente. Incluso me atrevo a asegurar que este no es el único pasadizo que hay.
La muchacha de los ojos verdes sin titubeos comenzó a bajar las escaleras alertando a Evie quien sabía que debían bajar, pero no tan pronto.
— ¿Dónde vas Anggie?
—A investigar Evie ¿Sino a que he venido?
Evangeline asintió y encendió su linterna para bajar con su hermana aunque aún seguía temerosa de que podría encontrar abajo.
El lugar estaba en penumbras con la poca luz que tenían se podía apreciar varios estantes donde habían libros demasiado viejos, incluso habían manuscritos tirados por doquier.
—Dios mío, sospecho que hemos encontrado una mina de oro —jadeó contenta.
Evie la miró con el ceño fruncido.
—Nada de eso Ángela Rain, no quiero sacar nada de aquí, ¿Y si Draco se da cuenta?
Ángela entornó los ojos y bufó, ya se esperaba algo así por parte de su hermana entonces avanzó hasta donde se encontraban un montón de manuscritos arrumados en una esquina.
— ¿Entonces para que vinimos? ¿Sólo para ver? Parece que no me conoces Evangeline.
— ¡Ángela! déjate de juegos, no quiero que mis padres se enteren de algo de lo que encontremos.
— ¿Y por qué estás tan segura de que encontraremos algo? —mencionó con chulería.
—No lo sé, siento que será de ese modo, es como si lo supiera de antemano.
Su hermana se giró hasta ella y le regaló una inmensa sonrisa.
—Tienes sangre de arqueóloga, es normal, ahora sientes lo que sentimos mis padres y yo cuando nos vamos de viaje. Concuerdo contigo hermana, hay algo aquí que quiere ser descubierto, pero déjame decirte algo que he aprendido de mis padres, algunas cosas solo quieren ser descubiertas por una sola persona, si sientes que hay algo que susurra tu nombre, solo tú lo encontrarás hermana, no yo.
—Pero me ayudarás ¿No es así? —habló temblorosa además de extrañada por sus palabras.
Ángela le sonrió asintiendo.
—Ya estoy aquí ¿No?
Evangeline le devolvió la sonrisa y ambas empezaron a buscar entre tantas escrituras.
Los manuscritos abundaban aunque casi todos estaban escritos en griego clásico que por desgracia Evangeline no sabía.
—Es fácil para ti Anggie, yo no sé griego.
—Cuando quieras te enseño, ¿Ves? Ahora te hacen falta las clases de la tía Rebecca.
La concentración de Ángela estaba en unos manuscritos que sostenía, estaban viejos y llenos de polvo, así que Evangeline caminó hacia otra esquina donde se encontraban tirados papeles muy viejos incluso más de los que Ángela sostenía.
Se dobló y los tomó en sus manos con un extraño nudo en la garganta.
*
— ¿No fuiste a trabajar hoy? Eso es muy extraño —Preguntó Ziam a su hermano tomando asiento a su lado.
— ¿Ya se fue Ángela? —preguntó él mientras hojeaba una revista que Chrysanthe había dejado sobre la mesa.
— ¿Tu cuñada? –Preguntó Chrysanthe sentándose al lado de Draco-.
Se cruzó de piernas y con osadía le quitó la revista de las manos.
—No sé, desde que llegó se desapareció con tu mujercita —dijo con desagrado.
—No es mi mujercita, es mi esposa y deberías respetarla Chrys —gruñó él malhumorado—, y ¿Cómo es eso que desapareció con Evangeline? ¿A dónde fueron?
Chrysanthe se encogió en hombros y siguió ojeando las páginas.
A Draco no le dio muy buena espina que su esposa se hubiera ido con Ángela, siempre que Evangeline estaba con su hermana mayor volvía con algo que preguntar y que en definitiva, Draco no quería responder.
— ¡Kyrios!
Tan pronto como lo llamó el rubio apareció en la sala tan serio como era.
— ¿Evangeline salió en el auto?
—No señor, no ha salido de aquí.
— ¿No ha salido? —susurró para él mismo en confusión.
— ¿Quieres que la busque hermano? Ella debe estar por allí.
—No, la buscaré yo mismo.
Se levantó y comenzó a caminar hacia donde creía que estaba ella, solo a veces Evangeline solía ser terca pero junto a su hermana la terquedad se triplicaba, a Ángela Rain le gustaba desafiarlo y aún más si era por medio de Evangeline, su única debilidad.