—Estoy empezando a creer que Draco es algo así como un vampiro, siempre luce todo estirado, serio y ahora que vi su casa me he convencido más, es bastante tétrica.
—Viniendo de alguien como tu es curioso ese comentario.
Ángela la fulminó con la mirada.—Actúa normal, se acerca el conde Drácula —murmuró Ángela.
Evangeline hizo un esfuerzo para no entornar los ojos entonces se encontró con la mirada azul de Draco.
—Draco y Drácula ¿No será su hijo? comienzo a preocuparme Evie, ¿Estás segura que no le has visto colmillos?
—Cállate ya Ángela.
Draco las miraba, su ceño estaba fruncido y su vista pasaba de Ángela a ella.
Los nervios se apoderaron de Evangeline y como siempre que estaba nerviosa movía las manos de un lado a otro.
— ¿Dónde estaban?
Ángela la miró burlona mientras que avanzaba hasta detenerse a un costado de su cuñado.
—No te importa, nos vemos el viernes Evie.
Sin más comenzó a caminar con elegancia hasta la salida.
— ¡Espera Angie!
Corrió a alcanzarla pero ella no giró a verla, Draco la sujetó del brazo evitando que continuara caminando para ponerla frente a él, los ojos marrones de ella dejaron de ver a su hermana y se posaron en los azules de Draco.
Su esposo sabía algo, lo notaba en su mirada, el nerviosismo una vez más hacía mella en su interior cada vez con más intensidad.
— ¿Dónde estaban?
— Estaba mostrándole a Angie las flores —mintió con rapidez.
Detrás de ese rostro lleno de dulzura se encontraba una mentirosa nata, Evangeline mentía sin pensarlo para salir de los problemas, lo hacía desde niña pese a su cara de ángel.
Draco arrugó la cara como si supiera que mentía sin embargo la soltó y le dio la espalda para caminar a la casa nuevamente.
La castaña frunció los labios mientras que se cruzaba de brazos.
Si Draco pretendía que ella lo seguiría estaba muy equivocado, no esta vez.
Ni siquiera sabía que le había hecho para enfadarlo porque era más que obvio que su esposo estaba molesto.
— ¿Por qué no fuiste a trabajar hoy primito? —preguntó la gemela más bajita.
La castaña frunció el ceño otra vez.
No sabía que Draco no había asistido a su trabajo.
Draco mantenía la mirada en otros excepto en ella y eso ya la estaba enfadando de sobremanera.
—Quise tomarme el día Cyrene, por cierto ¿Dónde estuviste Cici? No te vi por toda la casa.
La rubia nombrada se sonrojó y miró a otro lado de la mesa.
—Yo... hice algo para ti y para tu esposa —dijo con timidez mirando con recelo a su hermana gemela.
Chrysanthe la fulminó con la mirada, estaba furiosa.
—Traidora —murmuró.
Y la mujer mayor, Rhodo rió.
Draco le sonrió con dulzura impropia de él y Evangeline no podía salir de su asombro.
Ser aceptada por alguien más en la familia que no fuese Ziam le daba alegría a su corazón.
— ¿Qué es lo que tienes para nosotros Cici? —preguntó él.
La rubia pequeña se levantó de la mesa y corrió hasta una mesita que estaba al lado de la escalera donde reposaba un lienzo el cual solo dio la vuelta cuando regresó al comedor.
Evangeline soltó un jadeo de la impresión que le causó ver su rostro tallado con delicadeza con una versión mejorada sobre la tela, el dibujo era perfecto, se podía decir que era una obra de arte entonces miró que en el mismo lienzo ella miraba a Draco saliendo a relucir todo lo que ambos sentían en una muy descriptiva imagen.
—Es precioso —dijo con la vista perpetua en los trazados.
—Es simplemente basura —habló Chrysanthe menospreciándolo.
Evangeline se giró a ella indignada con las mejillas infladas por el enojo.
— ¿Acaso no ves el talento que ella tiene? —Habló molesta—, eres una envidiosa.
Todas las miradas en la mesa se posaron en ella sin poder creer lo que había dicho, cuando todos cenaban en familia la esposa de Draco ni siquiera apartaba la vista de su plato, mucho menos hablaba, sus ojos acusadores la intimidaban.
— ¡La gata sacó las garras! —exclamó Chrysanthe para después mirarla despectivamente.
Una vez más la castaña la fulminó con la vista así que se levantó de la mesa y sin decir nada más subió las escaleras para ir a su habitación.
Sintió los ojos de Draco mirarla, sabía que era él, conocía lo pesado de su vista sin embargo él no fue por ella lo cual la hizo sentir miserable.
Después de entrar en la amplia habitación Evangeline esperó por un rato a su esposo hasta que se hicieron las 10:35 pm.
Suspiró molesta.
¿Por qué se había enfadado con ella?
¿Sabía que le había mentido?
Se levantó y comenzó a caminar hasta el baño entonces al llegar comenzó a desnudarse dejando caer los manuscritos que había ocultado muy bien entre sus ropas.
Pese a que el papel era demasiado viejo y delicado no logró dañarse más que en un borde.
Aunque le había pedido a su hermana que no se llevara ningún manuscrito si por casualidad Draco se enteraba que estuvieron husmeando se molestaría y aunque fue difícil que Ángela lo aceptara cumplió con lo acordado pero ella no pudo resistirse, quería enterarse de que iban aquellos manuscritos y porque sentía que los necesitaba.
Se sentó en la tapa del baño mientras que con su celular buscaba un traductor de griego online.
Finalmente encontró uno y cuando iba a empezar a traducir la puerta sonó con insistencia ocasionando que ella saltara del susto.
— ¿Estás allí? —Se escuchó la gruesa voz de su esposo tras la puerta.
—Si —admitió ella entre el nerviosismo de ser pillada.
—Sal, necesito usar el baño.
—Ve a otro, yo entré aquí primero.
Draco gruñó y volvió a tocar la puerta con insistencia.
— ¡Evangeline!
— ¡No me digas así!
Lo escuchó reír a través de la puerta, una risita alegre, una risa que ella adoraba.
Sin poder evitarlo cerró los ojos deleitándose con la dulce melodía de su risa.
—Así te llamas ¿No?
Él sabía que ella odiaba cuando él la llamaba por su nombre.
—Voy a abrir la puerta Ángel —amenazó.
Ella jadeó asustada.
¿Dónde escondería el manuscrito?
Miró a todos lados para encontrar un lugar a la vez que escuchaba el forcejeo de la puerta que era causado por Draco.
Su corazón se aceleró a más no poder presa de los nervios por milésima vez en el día.
¿Qué le explicaría a Draco si la viese con el manuscrito?
La puerta se abrió estrepitosamente ocasionando que ella saltara una vez más en su sitio para a continuación mirarlo con temor.
Draco quien estaba frente de la puerta la miraba con el ceño fruncido y con el signo de pregunta en su rostro.