Capítulo VII

1839 Palabras
— ¿Te he pedido acaso que entres? ¿O te he dado algún permiso? —Gruñó ella a la defensiva. Él la miró para después arquear una ceja y mirarla de forma burlona sin embargo no dijo nada y la rodeó quedado de espaldas. Evangeline giró para encontrarse con su espalda ya desnuda mientras que Draco se deshacía de su pantalón y con el mismo sus bóxers. Lo miró ruborizada al darse cuenta que él la miraba de reojo con una sonrisa pícara y a la vez burlona. — ¿Qué pretendes? —Preguntó ella con timidez. Pese a que fuese su esposa y que ya había visto a Draco mil veces desnudo aún la vergüenza la embargaba al verse en esa situación con él. Lo vio sonreír para después meterse a la tina que ya estaba preparada para él con agua tibia. — Bañarme ¿No es obvio Ángel? Ella gruñó y miró a otro lado tratando de encontrar algo más interesante que su caliente marido quien la miraba con intensidad pero aquello era algo imposible, nada era más interesante que Draco desnudo, entonces sus necios ojos volvieron a él y a su amplia sonrisa que se expandía con sorna. — ¿No podías esperar que saliera? Draco negó con la cabeza soltando una risita que puso de mal humor a la castaña. Evangeline intentó salir del baño aún así no supo cómo pero ya se encontraba aprisionada entre los recios brazos de su esposo. Jadeó ante la impresión. ¿Cómo podía ser tan rápido? De repente el miedo había desaparecido estando entre sus brazos, sus ojos se conectaron, Draco llevó su mano hasta su cabello acariciando los rizos salvajes que caían por sus hombros. — ¿Por qué te afectó tanto lo que dijo Chrys? Todo aquel sentimiento de paz y quietud que había sentido cuando él la había tocado se perdió en absoluto. Evangeline frunció el ceño y se soltó del agarre de Draco cruzándose de brazos y dándole la espalda. — ¿Chrys? —Preguntó casi con asco. No entendía como el mero hecho de que la llamara por un mote cariñoso la hacía aborrecerla. — Chrysanthe, quiero decir. El ardor en su estómago le indicó a ella que estaba celosa pero trataría de no demostrárselo a él. Después de todo ella nunca había sido tan celosa. — Ella es odiosa y la mayoría del tiempo me estresa pero lo que realmente me fastidió fue que tu queridita Chrys se burlara de su hermana, adoré el lienzo, es precioso, no soy crítica sin embargo creo que es una verdadera obra de arte ¡Ah, pero que fácil es criticar cuando no haces nada! La ira emergió desde su interior a la vez que despotricaba contra la rubia más alta, simplemente fastidiaba su cercanía con su marido y cada vez más sentía que Chrysanthe y Draco tenían algo oculto, una historia oscura que Evangeline quería descubrir y que sin embargo sabía que le iba a hacer daño. Draco ya estaba frente a ella mirándola fijamente, con sigilo se acercó a ella y la abrazó por los hombros. — Amo cuando hablas de esa forma, con tal arrebato y fiereza —gruñó en su oído—, y no es mi queridita Chrys, no estés celosa ángel, sabes que te amo sólo a ti. Él tomó la barbilla de ella para besarla pero Evangeline salió de entre sus brazos y él la siguió con la mirada, ella se recostó contra la pared mirándolo de vuelta, estaba enfadada aún así no se lo quería demostrar. — Me preocupa tu bipolaridad Dra —dijo burlona. Draco frunció el ceño esta vez en confusión. — Hace un momento allá abajo ni siquiera me mirabas y lucías enfadado conmigo y ahora quieres besarme. — Eso ya no importa, no puedo vivir sin ti. Se encogió en hombros restándole importancia a sus palabras como si no la hubiesen conmovido, suspiró y después entornó los ojos. Draco la tomó por el brazo halándola con delicadeza hasta adentrarla a la tina donde la acostó quedándose él fuera de esta mojando toda su ropa. — ¡Draco! —Fingió estar molesta aunque no lo estaba en absoluto. Él le sonrió. — Te conozco Evangeline ¿Lo olvidas? Y antes de que ella pudiese decir algo más él la besó robándole el aliento. Pronto Draco se encontraba ahorcajadas de ella sin dejar de besarla, las grandes manos de él pararon en la espalda de Evangeline para deshacerse de las molestas prendas mojadas que separaba pecho contra pecho y con maestría lo hizo, los delgados brazos de ella se aferraban al cuello de él queriéndolo tener más cerca, desinhibida ante los roces de las candentes manos de su esposo y la creciente excitación poco a poco deslizó sus manos por el pecho de él dándole caricias suaves que lo calentaban tanto como a ella el tocarlo. — ¿Estás incómoda aquí? —Preguntó con la voz ronca de deseo. — Yo... Evangeline dirigió la mirada a un punto del baño y Draco siguió su mirada frunciendo el ceño. Por fortuna era una muy buena actriz como para ocultarle cosas a su marido. — ¿Qué pasa? Ella volvió a mirarlo y a llevar sus brazos al rededor de su cuello mientras que enrollaba sus piernas en la cintura de él friccionando ambas intimidades provocando que los dos jadearan con excitación. — Vamos a la habitación —gimió ella en su oído provocándolo con suspicacia. Draco asintió con rapidez. Tomó por la cadera a Evangeline y se levantó trayéndola con él. Pese al agua que los rodeaba su pecho estaba caliente, su respiración agitada lo que estaba ocasionando que Evangeline perdiera la cordura. Ella besó su cuello con alevosía entonces él gruñó pegándola a la pared chocando levemente con un pequeño cuadro del que se cayó un papel amarillento muy bien doblado. Draco se dio cuenta y frunció el ceño, no tuvo chance de hablar pues los suaves labios de su mujer chocaron contra los de él callándolo y haciéndolo olvidar absolutamente todo. * Evangeline maldijo mediante murmullos lo estúpida que había sido, se había quedado dormida luego de yacer con Draco. Se levantó con cuidado del lado de su esposo tratando de no despertarlo por nada del mundo, por suerte había logrado esconder el manuscrito detrás de aquel cuadro del baño. Con lo que no contaba era que Draco estuviese tan tórrido al momento de entrar al baño, no quería ni imaginar lo que él le hubiese dicho a tomar el papel en sus manos y leer el contenido porque su marido obviamente sabía hablar griego. Rápidamente tomó un vestido morado, un brasier, unas bragas y caminó hasta el cuarto del baño. Agradeció por decima vez a Dios cuando entró al baño y finalmente pudo encontrar tal y como lo habían dejado aquel manuscrito perfectamente doblado, lo tomó y lo volvió a esconder una vez más entre su vestido después de aprovechar a darse un baño rápido y a vestirse de una vez. Sonrió radiante al ver a Draco dormido, lucía tan hermoso como siempre. Cuando Evangeline lo había visto por primera vez sintió su corazón agitarse más de lo debido aún más cuando sus ojos azules se posaron en ella, fue mejor cuando él le dedico una espléndida sonrisa baja bragas como lo decía Adhara, nunca había estado en presencia de un hombre tan guapo como lo era su marido sin embargo para ella la belleza era sinónimo de frialdad por ello no se fiaba de Draco ni de sus finos modales, obviando el hecho de que ella era una mujer normal y él era absolutamente lo contrario. Lo que no había sabido Evangeline es que desde el primer instante que Draco había posado sus ojos en ella había sentido una irrefrenable pasión que no sucumbía en ninguna de sus visitas a casa. Desde ese día en que la había conocido en su cumpleaños número diecinueve las visitas por parte del él eran constantes como los regalos hacia ella. Se sentía abochornada ante su sobria presencia pero no le era indiferente a los sentimientos que asechaban a Draco. Entonces en una noche tormentosa accedió a ser cortejada y lo que jamás pensó se cumplió. Evangeline una simple estudiante universitaria terminó casada con el empresario y condenadamente guapo Draco Breisacher, sin duda era una mujer afortunada. Se apresuró a salir de la habitación antes de que su esposo despertara y la pillara con las manos en la masa, ni siquiera quería pensarlo. Ya era de por si raro que no estuviese levantado para esas horas. La familia de su marido ya estaban en la mesa desayunando, Ziam como de costumbre le sonrió pero lo que no se esperaba Evangeline era ver el mismo gesto por parte de Cyrene y Rhodo. —Cuñada, siéntate a mi lado —ofreció Ziam. Ella declinó el ofrecimiento con gratitud y se excusó, tenía que llevarse esos manuscritos fuera de allí. —Lo siento Ziam, iré a desayunar fuera con mi madre —mintió—, quizás te acompañe para el almuerzo. — ¿Draco sabe que saldrás? —Preguntó Chrysanthe con cierto fastidio. Sin embargo Evangeline la ignoró por completo, Draco no necesitaba saber todo lo que hacía. —Adiós —se despidió. Y pudo escuchar unas pequeñas risitas que provenían de Cyrene y Rhodo, sabía que si se daba la vuelta podría apreciar el enfadado rostro de Chrysanthe y por supuesto su mirada fulminante dirigida a su hermana y a su tía. Caminó hasta la entrada donde estaba Kyrios apoyado a un árbol fumando y mirando hacia donde se perdían las flores, más allá, hasta aquel lugar. Evangeline sintió un escalofríos que la hizo estremecer de repente, el aire frío impactó contra su rostro níveo entonces percibió una pérfida voz que se cernía en el viento mediante un susurro. ''Volverás y te tomaré'' Recitó como una amenaza de ultratumba en su mente, lo que la hizo delirar de miedo y cuestionar su propia cordura. Pronto sus ojos chocaron con los verdes de Kyrios quien parecía estarla viendo desde hacía rato, su cabello largo y su estatura intimidante lo hicieron compararlo con el hombre de aquel lugar no obstante se negó a creer que el fiel sirviente de su marido la atacara además Kyrios no se parecía a Draco en absoluto pese a que era muy guapo. —Kyrios ¿Puedes llevarme a la ciudad? —preguntó ella. El rubio asintió y arrojó la colilla de cigarrillo al suelo sin apartar sus ojos intensos de ella. —Por supuesto, a donde quiera que la lleve iré, mi señora. Aquel tono misterioso que utilizó la cohibió aun más pero no por eso abandonaría la idea de irse por un buen rato de aquel lugar tan intimidante, así que se montó en la parte de atrás del auto mientras que Kyrios abordaba el mismo. Draco miró el auto alejarse con la mandíbula tensa y las manos apretadas, se encontraba muy furioso, demasiado.
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