Los primeros días fueron normales, pero a medida que los días pasaban volvía a asomar el mounstro que había en él, poco a poco. Primero le comenzó a molestar que la pequeña llorara en la noche y porsupuesto era culpa mía, mala madre que la dejaba llorar, no la alimentaba debidamente o la alimentaba demasiado. Los cólicos de ella debían ser insoportables porque se retorcía llorando desconsolada y los míos duraron varios días también mientras sangraba expulsando aún los restos del embarazo. A duras penas me levantaba en la noche y lloraba en silencio junto a ella tratando de calmar su dolor en incansables paseos por la habitación y masajes suaves en su pequeño abdomen. Finalmente pasamos esa etapa y ya dormía mucho mejor, pero los insultos nunca faltaban por exis o por ye, yo nunca sería u

