«Come idiota, come» repetía en mi cabeza sin quitarle los ojos de encima, el maldito estúpido saboreaba su plato devorándolo con ganas, tomó la cuchara del chimichurri y aderezó más lo que le quedaba de comida.
–El chimichurri está muy bueno–y se metió otro poco a la boca.
Sin darme cuenta yo estaba imitando, mi boca se abrió lento y simulaba llevarme algo a la boca y saborear, el estúpido se dió cuenta y pensó que estaba coqueteando con él.
–Soy irresistible lo sé, que golosa que sos... ya te va a tocar en un momento más–me dí cuenta de lo que había hecho y tuve que aguantar las ganas de vomitar ante sus palabras.
Ahora debía fingir desearlo a él, que asco por Dios, bueno, sólo un poco más, debo aguantar sólo un poco más.
Terminó de comer su plato y tomó un trozo más de pan, lo abrió en medio y lo relleno de más aderezo.
–Está buenísimo–dijo con la boca llena.
–Me alegro que te guste– respondí sonriendo.
Tomó un poco de jugo para bajar la comida y enjuagó su boca con el, era totalmente asqueroso verlo comer como un cerdo y luego enjuagar su boca y tragar el jugo.
Se levantó de su asiento y se acercó a mí, puso sus manos grasosas sobre mis hombros y trató de ser sensual haciendo suaves movimientos. Simule sentir deseo y con un movimiento me quité poniendo la excusa de que no podía dejar la cocina así.
–Sube y me esperas en la cama, iré enseguida–mordi mi labio inferior.
–No demores o vendré por tí...y no quieres eso ¿verdad?.
–Ire corriendo–le sonríe.
Lave las pocas cosas que había usado y le guardé el poco chimichurri que dejó en la heladera. Tenía que apurarme para que no viniera por mí de mala manera.
Subí las escaleras con muy pocas ganas de llegar arriba.
Llegué a la habitación y por suerte se había dormido, me quité los zapatos y caminé en puntillas hasta la cama, me quité el pantalón sin hacer movimientos bruscos y en total silencio; corrí apenas la sabana y me acosté sobre la orilla sin moverme mucho para que no se despertara.
Me estaba quedando dormida ya cuando el pesado brazo de él cayó sobre mi cintura aferrándose a mí y acomodando su cuerpo detrás de mí sintiendo su erección en mis nalgas.
Cerré los ojos con fuerza y tragué saliva esperando el momento, su mano se movió hasta mi pelvis y se metió entre mi ropa interior bruscamente tratando que entrara en calor, el movimiento de los dedos se detuvo de repetir y un ronquido sonó en mi oído.
Era ensordecedor y molesto, muy molesto pero prefería pelear contra el sonido e intentar dormir que tenerlo a él dentro de mí.