Para Diana, aquel día parecía interminable. El ambiente fue tan tenso que cuando al fin terminó tenía ganas de salir corriendo sin mirar atrás, pero se esforzó por ser profesional y esperar todo lo necesario antes de irse. Al ver cumplida la tarea y luego de recibir las felicitaciones de los comensales, regresaron a la cocina para la supervisión, pago y charla final. Joseph se mostró diplomático con ellos, agradeciendo a cada uno su servicio y entregándoles el pago, animándolos a marcharse. La última fue Diana. Cuando llegó su turno solo se encontraba ella y el chef dentro de la cocina. —Te has vuelto una mujer intransigente. Esta ciudad te ha cambiado para mal —inició el hombre. Ella puso los ojos en blanco y emitió un suspiro teatral. —¿Me dices intransigente por esforzarme a darle

