Mentiroso

1152 Palabras
Los ojos de la chica se abren de par en par, cuando se encuentran con mi mirada, es la nueva que había llegado hace pocas semanas, la que había escuchado hablando de mí cuando estaba en el balcón. No podría decir que sentí dolor al verlos, porque no es así, las amantes de Armando tenían la mala costumbre de conseguir mi número para mandarme fotos comprometedoras y hacerme llamadas en pleno acto s****l, quizás querían lograr que me divorciara de él, ya que por desgracia estábamos casados legalmente, pero el chiste en esta historia es que él no me quiere dejar ir a mí, no al revés, aun así me parece de muy mal gusto que lo hiciera aquí… En la casa... donde estamos bajo el mismo techo. La chica comienza a tratar de una manera desesperada quitarse a Armando de encima, pero él la tiene contra el escritorio, de repente siento ganas de vomitar, ver fotos extrañas e incluso oírlo por teléfono no se comparaba con verlo con mis propios ojos, es asqueroso, me doy la vuelta y escucho tras mi espalda la voz aterrada de la chica. — ¡Su esposa! — ¿¡Renata?!...- pregunta el muy idiota, ¿Acaso tiene otra que no me entere?.– ¡Renata! Armando me llama, parece preocupado, pero lo ignoro y me voy directo a mi habitación a seguir durmiendo, pero no sé cómo él alcanzó a llegar antes de que cerrara la puerta de la habitación metiéndose al cuarto. — Renata no es lo que crees déjame explicar... — No descuida yo entiendo que era un inocente juego entre ustedes o le estabas enseñando una manera diferente de limpiar tu escritorio a profundidad... sea lo que sea no me importa lárgate de aquí... esta casa tiene muchas habitaciones si gustas puedes ir junto con ella a enseñarle como tender la cama correctamente. — ¿Estás celosa?... Me mira divertido esbozando una gran sonrisa en su rostro, Armando es atractivo, alto, con un cuerpo dentro de lo que cabe "conservado", por lo menos no tiene esa barriga de borracho que la mayoría de sus "amigos" pero a mis ojos, es solo un hombre más, no me despierta nada que se podría considerar positivo, sino todo lo contrario; llevo ambas manos cerca de su cabeza con ganas de jalar su cabello hasta el cansancio, pero entre sus risas lo empujo fuera de la habitación y cierro la puerta. Después de eso ya no me pude dormir, me puse a pensar en lo vacía que había sido mi vida, en como me acostumbré a vivirla día con día como si yo fuera un robot sin sentimientos y emociones, tenía una venda en los ojos que nunca me molesté en apartar para ver la realidad, solo que esta vez ya estaba cansada de vivir de esa manera. ~~~~~~~ Al día siguiente lo primero que hice fue ir a la habitación de los pequeños, los llevo a jugar en el jardín junto con Benji mientras yo me siento en una silla a observarlos jugar, no puedo evitar sonreír, se miran adorables, suspiro solo de pensar en lo vacío y silencioso que se volvería todo cuando ellos se vayan. — Remi te traje una flor...– El pequeño Marco se acerca a mí a traerme un diente de león que encontró entre el pasto. — Yo también Remi mira…– Monse me dio otro diente de León, no puedo evitar sonreírle a ambos. — Muchas gracias, pequeños. - miro las florecillas en mis manos, un detalle que jamás nadie había tenido conmigo. — ¿Por qué tu cabello es color fresas? Ambos niños se acercan a acariciar mi cabello, es ondulado de un color rojizo oscuro que sin duda es muy parecido al color de una manzana o fresa. — Porque cuando era bebé comía muchas de ellas.– abrieron mucho la boca y me miraron sorprendidos. — Comeré muchas fresas para que el mío se ponga rojo.– dijo Monse emocionada — Y yo moras para que se ponga azul... Los pequeños se fueron corriendo para seguir jugando con Benji, corrían por todos lados entre risas y caídas, la tarde se fue como un suspiro, cenamos todos juntos en la mesa mientras ellos me contaban historias extrañas de su escuela, al caer la noche los lleve a su habitación, les di un beso en la frente y me marché a la mía, no antes detenerme, ya que en la parte de abajo estaban Armando y Rick platicando, su voz era apenas audible. — ¿Viste a Renata sonreír con los niños…? — Claro patrón, como no notarlo es la primera vez que la señora sonríe de esa manera... — No tenía idea de que le gustaran tanto los niños siempre fue una mujer muy callada y reservada a lo largo de estos años, tan benévola, me preocupa que se ponga mal con la partida de esos niños. — Perdone el atrevimiento ¿pero por qué no han querido tener hijos?.– se hizo una pausa larga, Armando no responde y me mata la curiosidad de que tanto iba a abrir su bocotá con Rick. — Por razones de fuerza mayor... como sea esos niños deben marcharse pasado mañana en la tarde no quiero que Renata pase más tiempo con ellos, mientras más tiempo deje que se queden aquí más le afectara a ella su partida. — ¿En verdad se los va a regresar a Bardi? — Claro que no, solo le dije eso a Renata porque no quería que se alterara más en ese momento, viste como se puso... pero aun así no desaprovecharé esta oportunidad de oro, la única razón por la que acepté que estuvieran aquí era para alargar la agonía de Bardi, con la pérdida de sus hijos estará frágil y debilitado así podre vencerlo... pero bueno después escatimamos en detalles, quiero mi auto listo para salir mañana en la noche, prepara todo, voy a... Las voces se alejaron así que lo demás no lo pude escuchar y para ser sincera ni me interesaba, lágrimas de coraje corren por mis mejillas una tras otra, ese maldito me había mentido, aún tenía planeado hacerle daño a esos pequeños, a pesar de que me dio su palabra de que no lo haría, es un maldito mentiroso doble cara, infeliz. No había tiempo para pensar en él, la llegada de estos pequeños me hizo despertar del sueño profundo en el que estaba día con día, no iba a permitir bajo ninguna circunstancia que Armando y sus hombres los lastimaran, yo los llevaría a casa, aunque eso significara la muerte segura para mí, ya sea en manos de ese tal Bardi porque piense que soy cómplice o me quiera hacer lo mismo que mi esposo con los niños por su problemilla de enemistad que tienen o por las de Armando por arruinarle los planes que tenía.
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