No entiendo lo que sucede o porque él hace esto, ya que juraría que estaría furioso conmigo al punto de casi echar espuma por la boca por lo que acabo de hacer, pero no es así, cuando se separa sé mi no puedo evitar observarlo desconcertada.
— Nunca me habías contra decido de esa manera, me encantó lo fuerte y firme que te pusiste a exigir a costa de tu vida lo que querías. – me mira con total admiración y emoción, pero a mí no me interesa si mi actitud lo encantó o no
— ¿Eso quiere decir que dejaras ir a los niños entonces?.- Él tuerce la boca un poco, comienzo a mirarlo mal al instante, rápidamente sonríe, una sonrisa que volvería loca a cualquiera que no supiera el monstruo que es.
— Aún no, dejaremos que su padre sufra unos días con su ausencia, pero después te prometo que los devolveremos. - tomo aire, eso no es lo que quiero, pero supongo que es mejor que... lo que sea que pensaban hacerles
— Gracias...
Le sonrió ligeramente, cosa que no fue desapercibida por él, ya que yo nunca solía sonreír, lo abrazo pasando mis brazos sobre su cuello, él se queda rígido un poco de repente, pero después me abraza, me siento tranquila, me sentí útil y que por fin había hecho algo bueno.
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Al entrar a la casa una de las empleadas me dijo que los niños estaban instalados en una habitación del segundo piso, esta tiene una enorme cama en el centro, por desgracia no teníamos juguetes ni nada, no teníamos niños por aquí, dos de las empleadas estaban con ellos, pero los pequeños estaban con la cabeza baja acariciando la cabeza de Benji quién feliz meneaba su cola y lamia sus manos, se me apretó el corazón en el pecho al mirar a esos pequeños con las miradas perdidas y rostros tristes.
Cuando se percatan de mi presencia con un movimiento de cabeza les indico a las chicas que se marcharan y me dejaran a solas con ellos, cerraron la puerta tras de irse, los pequeños me observan con nerviosismo, están espantados, ambos son muy idénticos una niña y un niño de ojos grandes de un color café claro y cabellos oscuros como la noche misma, piel blanca, mejillas rosadas y regordetas.
Me siento en la cama frente a ellos a una distancia apreciable, no pretendía asustarlos más, ellos me miran atentos sus ojitos sobre mí me hacen sentir nerviosa, no solía socializar con nadie me cuesta mucho hablar y no sé que decirles a un par de pequeños bajo estas circunstancias.
— Me llamo Renata... ¿Cómo están?.- Los pequeños se miraron entre ellos.
— Yo soy Monse.- dijo la niña con esa vocecita dulce y melodiosa característica de los pequeños.
— Y yo me llamo Marco... ¿Por qué estamos aquí?
Esa pregunta me toma desprevenida, me pongo firme y empiezo a poner a trabajar a mi mente, nunca había tenido la necesidad de mentir, pero claramente no les diría que estaban secuestrados.
— Ee... es un... juego... entre su padre y el hombre que llegó después de mí a la cabaña... es como las escondidas les ayudamos a esconderse de su padre... pero no se preocupen el juego acabará pronto y quizás mañana ya están con su papá.
— Este juego de escondidas es muy extraño, tenía mucho miedo... como se atreve papá a no decirnos cuando empezaba el juego- en verdad mi mentira fue pésima y absurda, pero todo parecía indicar que me creyeron.
— Lo siento, los hombres grandes, tienden a jugar más... raro.- No puedo verles a la cara me siento culpable.
— ¿Puedo decirte Reni?.– levanto la cara para ver a la pequeña que habla.
De repente se forma una sonrisa en el rostro de ambos niños, siento que mi corazón en el pecho se vuelve pequeño, hace años que nadie me llamaba de esa forma, me invadió el sentimiento de la nostalgia.
Poco a poco empezamos a llevarnos mejor, los niños se sentían más cómodos y yo, bueno no recordaba desde hace cuando no sonreía de esa manera tan genuina, las horas pasaron volando que ni siquiera nos dimos cuenta del avanzar del reloj, cuando menos la oscuridad de la noche cubrió el cielo, apagado la luz del día, las sirvientas nos trajeron la cena al cuarto, arrope a los pequeños y me fui directo a mi habitación, podía escuchar las voces de los hombres y risas del exterior, entre ellas la de Armando que estaban bebiendo, me pongo mi pijama y me acuesto a dormir esperando que no me despierte borracho, igual que anoche.
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Me despierto en eso de las 3:00 a.m, no es común que yo me levante a esa hora, pero algo dentro de mí me obligó hacerlo, me doy cuenta de que Armando no está en la cama, no me sorprende ni me pareció extraño, no sería la primera vez que se largaba con sus hombres a beber y no regresaba a dormir.
En calcetines salgo de la habitación recorriendo un largo pasillo que solo es iluminado por la luz propia de la luna, tratando de hacer el más mínimo de los sonidos me escabulló a la habitación de los niños para cerciorarme que todo está bien y en definitiva ellos duermen tranquilamente, abrazados el uno al otro.
Empiezo a sentir la boca algo seca, así que regreso por el pasillo y bajo las escaleras para ir a la cocina por un vaso de agua fresca, pero al llegar al primer piso un ruido extraño me hace voltear a mi izquierda, voy en silencio y al llegar a la sala de estar, esta se encuentra vacía, el ruido volvió a hacerse presente, parecía que alguien estaba moviendo y desordenando cosas, el ruido parece venir del estudio de Armando, es algo tarde y me cuesta creer que estuviera trabajando.
A pasos ligeros me voy acercando, la puerta está abierta, pero a la vista no hay nadie solo su escrito solitario, conforme más avanzo escucho respiraciones aceleradas y besos descontrolados, rápidamente me llega a la cabeza la idea de que el idiota de Rick anda haciendo de las suyas con alguna mujerzuela, pero mientras más me acerco me pongo a pensar en las razones por las que no podía ser él y solo se podía tratar de un maldito hombre.
Armando arroja a una de las empleadas sobre su escritorio sentándola sobre el mientras se mete en medio de sus piernas y la embiste con fiereza, ella esta de espaldas de mí, él mantiene su rostro metido en el cuello de ella, llenándola de besos y lametones.
Él se aparta del cuerpo de la chica haciéndola bajar del escritorio para darle vuelta y ponerla boca abajo sobre la mesa, la chica pone sus manos con rapidez, por poco su rostro se impacta con la madera, él besaba su espalda desnuda pasando su lengua por toda su piel, después comienza a penetrarla nuevamente jalando su cabello obligándola a que ella levantara el rostro, él estaba tan concentrado observando la zona en que sus cuerpos se unen, pero en cuanto la chica abre los ojos se topa con mi silueta entre la oscuridad observándolos en silencio, con una mirada fría y una actitud calmada, digna de un psicópata.