—¿Qué tan molesta se puede tornar esa mujer?
Se mordió el interior de su boca con fuerza incluso sintiendo el fuerte sabor a hierro para tranquilizarse. Pensó en llamar a alguien de afuera para hacerlo, pero sabía que solo sería una pérdida de tiempo.
Se aseguró de que Armando pudiera sacar a Barbara y comenzó a caminar en dirección a la fragancia. Era tan dulce y deliciosa que comenzó a salivar con ansiedad como si estuviera muerto de hambre queriendo morder hasta la última parte de su cuerpo.
Su propio cuerpo estaba en llamas y lleno de desesperación mientras más se acercaba. Su erección cada vez era más dolorosa y le era inclusive difícil caminar. Al final...
Perdió por completo el control...
*******************
Liliana sentía su cuerpo en llamas y un dolor indescriptible en su parte baja. Su incomodidad era tal, que su cuerpo comenzó a moverse sin darse cuenta. Estaba tan ansiosa de algo que ella misma no podía explicar, pero estaba segura de que lo anhelaba tanto, que su desesperacion y calor solo iban en aumento.
Un momento después, sintió un aliento calido y, por reflejo; comenzó a moverse y retorserse pidiendo antención. Aunque ella misma sabia que era algo irracional, su cuerpo se movia solo y nublaba su raciocinio. Al final no le prestó atención, lo único en lo que pudo pensar, fue en el fresco y delicioso aroma que la envolvió de repente.
Su cuerpo se comenzó a sentir ligero y se aferró con fuerza a esa extraña satisfacción. El perfume le pareció familiar, sin embargo, todo fue barrido al fondo de su mente al sentir un enorme “objeto” introducirse desesperadamente ella.
— ¡Ahh! ¡Mnngh!
—¡Ugh!
Sus cuerpos comenzaron a entrelazarse con desesperación y fuerza. El cuerpo ya muy lastimado de Liliana sentía un dolor desgarrador, sin embargo, la fuerza extraña que la “movía” le impulsaba a aferrarse al hombre con ella.
—¡Más! ¡Más, no te detengas!
Los sonidos obsenos llenaron la habitación y el aroma y las feromonas de ambos solo los hacia instigarse mutuamente. Ella no podía moverse a su voluntad, pero Héctor se aferraba a ella y la puso en distintas posiciones tanto como quiso.
Para ella era, tan dolorosamente placentero que perdió el conocimiento varias veces. Las mordidas eran tan fuertes y despiadadas que, sumaron varios dolores y marcas más a su piel.
Varias horas más tarde, perdió cualquier sensibilidad, dejándose llevar como una muñeca de trapo.
Héctor recuperó el conocimiento hasta un día y medio después.
Mientras que Liliana...
Tres semanas después...
—¡Maldición! ¿No dijiste que un alfa no falla en embarazar? ¡¿Qué rayos es esto?!
Barbara arrojó la hoja sobre el escritorio, mientras Armando veía nuevamente confundido el papel.
Desde que se le dio de alta, Héctor no volvió a pisar el hospital de la familia Barner.
—Lo... lo siento señora, yo... la señora es una Omega dominante, el hecho de que los Omegas normales, así como los Betas se embaracen debe ser debido a la aceptación biológica de un macho sobresaliente, pero ella...
Barbara entrecerró los ojos y lo observo de manera amenazante.
—¿Estás diciendo que mi hijo no es suficiente para ella?
—Ah, eh. Bueno...
—Hay, ya deja de decir estupideces y resuelve esto. No es absurda esa conclusión. Sin embargo...
«Ahora estoy menos dispuesta a soltar a esa chica...»
Ella que no pudo hablar con Héctor durante ese tiempo debido al “problema” con Liliana, tuvo que revelar el secreto a voces de la existencia de los humanos con casta.
Tuvo una exorbitante carga de trabajo. Héctor hacia su parte y la ayudó considerablemente. No obstante, las naciones que tenían una idea, pero no una confirmación con estudios y registros. Se habían vuelto completamente locos.
Junto con el lanzamiento de los inhibidores, una campaña para la concientización y apoyo a las personas con casta fue lanzada.
No solo la Química Barner ofrecía medicamentos, sino también trabajos y espacios para que fueran tratados en caso de “accidentes”.
Se trató de una campaña única en la historia.
—Entonces... ¿Tu madre podrá aceptar lo nuestro por fin?
Preguntó Ethan con una emoción tal, que hacía que sus ojos brillaran. Pero para su decepción...
Héctor, desvió la mirada sin responder.
Al instante sintió como si estuviera en medio del frío invierno. Su mirada se transformó en un instante en una llena de rabia y odio sin precedentes.
—¡Esa perra! ¡Sigue viva! ¿Cierto? ¡Eso era lo que no me pudiste decir en todo este tiempo! ¡¿Por qué demonios no puede morirse?!
Héctor suspiró profundamente y continuó su trabajo. Estaba muy sorprendido debido a los grandes preparativos que había hecho su abuelo. Sabía que se había hecho una gran y exhaustiva investigación, rayando en la obsesión.
Pero nunca imaginó que sería para hacer ese tipo de seguimiento y, mucho menos para el apoyo tan grande que se les estaba dando en ese momento. Suspiró profundamente debido a los años de malinterpretación.
Probablemente a él no le importó, pero Héctor se sentía terrible, no solo por el rencor que desarrollo todos esos años, sino por…
Muchas otras cosas más.
—Agua...
Liliana, por fin después de cuatro semanas pudo moverse y hablar un poco. Trató de levantarse, pero aún se le hacía muy difícil.
—¡Ugh!
—No haga mucho esfuerzo señora, aún se encuentra muy débil y lastimada. Ya se ha recuperado bastante, así que solo descanse. El doctor Armando la revisará en un momento, por favor espere un poco.
La enfermera salió rápidamente a buscarlo, en el camino envió un mensaje de texto y continuó su camino.
Héctor al recibirlo, frunció el ceño, había estado trabajando en su departamento desde lo sucedido, tanto él como Barbara siempre le daban prioridad al trabajo, por lo que ninguno presionó al otro.
Ethan que era dos años menor a Héctor, había dejado de trabajar y solo vivía de lo que le proveía, era muy sedentario, por lo que a diferencia de las mujeres, solo compraba consolas de videojuegos, juegos y tonterías para perder el tiempo.
Cuando se aburría salía con sus amigos a convenciones u obligaba a Héctor a llevarlo a cenar. Casi toda su vida tuvo envidia por la suerte de su "hermano", sin embargo, en ese momento disfrutaba la vida que en un principio era de él.
Ironías...
Había repudiado a todas las personas que fueron cercanas a él alguna vez, se aisló de todo y se había negado a verlos desde que decidió seguir a Héctor. No había mucho de su vida que rescatar, por lo que sin importar que, debía cumplir con sus ambiciones por lo menos antes de morir.
Héctor, muchas veces pensó en el tipo de persona que era realmente, sin embargo...
Sin él.
Literalmente, no podría seguir viviendo.
Por lo que sin importar lo que fuera, debía permanecer a su lado siempre.