Nada se compara a ti desde que te conocí
Te quiero a morir
No hay excusas para mí
Yo ya no puedo mentir
Todo me gusto de ti
Por tu risa y tu belleza siento una adicción
Tu mirada sin clemencia me traspasa me atraviesa
Y desordena mi cabeza
Dani ama cantar, ¿Qué les puedo decir?, este es otro momento de esos en donde anda perdida en una letra y dicha letra le recuerda a alguien. –Oh wow. –Palideció. –Concéntrate tonta. No puedes asociar partes de una canción a él porque sí.
-De nuevo hablas sola, y cantas sola. –Dani soltó un grito porque no había escuchado como la puerta se abría. Su mamá estaba ahí. –Siempre que haces eso significa que te gusta alguien.
-No significa nada. Es la verdad, mamá. –Suspiró y se sentó en la cama. –No estoy lista.
-Tal vez…
-No, en serio, no lo digas. Mira, ya lo pensé bien y yo estoy hecha para ser soltera, ser libre, estudiar, trabajar… Los novios y las parejas no son cosa mía. –La confianza que había entre ambas mujeres era de envidiar, no muchas chicas pueden decir de qué hablan con sus madres como si fueran mejores amigas. –Además, no estoy a su altura.
-O él no está a la tuya.
- ¿Sabes de quien hablo?
- ¿Cuándo vas a entender de que yo sé todo? Además, oí cosas. Y oí cosas también de tu hermano, con Dayani. Y resultaron ciertas.
-Sí, a ella le gusta mi hermano. ¿Qué le ve? Mi hermano es un dolor de cabeza, nunca habla…
-Bueno, puedo preguntarte lo mismo con Samuel, ¿Qué le ves? No es tu estilo. Para nada. Son increíblemente diferentes.
-Solo somos amigos, má. En serio. Y así quiero que se quede. Si llegara a gustarme, que no pasará, todo se arruinaría, ya no sería mi amigo, ya no hablaríamos, y no quiero perderlo, por alguna razón no quiero. –Dijo y se recostó en las piernas de su mamá mientras le acariciaba el cabello. –Yo soy buena amiga, ¿Novia? No lo creo.
-Lo dices porque aún te duele todo lo que pasó antes. Y tú, eres demasiado dramática, tu cabeza es una telenovela.
-Si la escribo podría venderla a Netflix y sería millonaria.
-Inténtalo. –Dijo riéndose su mamá. –Podríamos salir del país. Aunque solo de vacaciones.
- ¿Qué escuchaste afuera?
-No mucho, si es lo que te preguntas. Tu papá lo oyó primero, pero no significa que lo crea, sabes que tu papá no se anda con chismes.
Aquello era cierto. Una cualidad que había heredado de su papá era que prefería “preguntar antes de suponer”. Luego de mucho temblar, terminaba preguntando si alguna cosa era real o no, lo prefería antes de los cuentos de camino. –Mamá… ¿Es muy terrible lo que dicen de mí?
- ¿Has hecho algo malo?
-No que yo sepa, o al menos a mi criterio, no. Aun no golpeo a nadie.
-Bueno, dicen que tú eres muy sosa y aburrida.
-Totalmente cierto, que siga así. –Dijo casi riéndose. –Ya no quiero ser la espontanea. A las niñas malas no les va bien. Lamento mucho lo del pasado, mamá.
-Dani… Ya es pasado. –A veces, el pasado regresaba para torturar, y Dani recordaba el tiempo en donde, por chismes que la había puesto como una total perra, pues decidió que era mejor serlo, para que la gente hablara con ganas. Maquillaje, corte de cabello, un cambio de ropa, y muchos meses de desastres con alcohol, fiestas y amigos de la universidad. Había conocido a Richard en esos meses. Se habían enamorado, y también sucedieron otras cosas. A otros chicos también les gustó, pero no era real, todo era gracias a los jeans ajustados, escotes y la pintura en la cara que la hacía ver como otra persona. Al final del día, estaba sola en su casa, acurrucada en la cama, llorando.
Porque no era real. –Mamá. ¿Qué tal que ese pasado se atraviese ahora en mi presente y me impida tener un futuro? ¿Qué tal que alguien me crea defectuosa? Todo lo que hice, yo…
-Pues, yo solo puedo decir que: Si alguien cree más en chismes que en ti, entonces no vale la pena.
Lo cierto es que nunca había hecho nada, solo beber un par de tragos y parar antes de llegar al número tres, incluso para ser mala era pésima. Con Richard no había pasado de besos. Se intentaron propasar con ella una vez en una fiesta, pero tuvo a una amiga que le salvó el cuello y la sacó de ahí. En su exterior, parecía solamente una chica loca y promiscua, pero por dentro, no era nada de eso, por el contrario, era una “masita”.
Definición de persona “masita”: Una persona dulce, delicada y muy llorona, en general.
Y lo había intentado. Richard le había propuesto matrimonio, ella quería intentar algo más… pero, aunque él la besara e intentara algo, cualquier cosa, ella solo se sentía incómoda con sus abrazos y sus besos. Aquel miércoles paró, no podía hacerlo, Richard se enojó, evidentemente, pero luego dijo que la entendía, pero no volvieron a hablar del tema. Y ella no volvió a intentarlo tampoco. No tenía prisas por tener relaciones, para ser honesta, ni siquiera se sentía lista.
Y eso pasó a sus dieciocho.
Y con veintidós, estaba lejos de sentirse preparada para algo así. –No debería pensar en esto.
-No deberías pensar en nada, darle tantas vueltas a las cosas que no fueron es lo que te tiene tan dramática.
-Y es lo que me da buenas novelas para escribir.
-Pensándolo bien… -Ambas rieron, Dani se levantó y suspiró. –Mejor vístete bien, vamos al servicio del miércoles.
-Okay. Me vestiré. –Luego de que su mamá saliera buscó algo de ropa, falda, camisa, botas, ni siquiera se esforzó, solo tomó lo primero que encontró colgado y se lo puso, cola de caballo y a salir de aquella habitación. La parte linda de ser invisible, es que podía usar lo que quisiera y nadie repararía en que ella estaba ahí. La parte mala, es que oía todo, y oír todo sin que nadie se dé cuenta de que estás, puede ser lo peor.
O tal vez sí se daban cuenta.
“Ella es fea. No tiene nada de buen gusto, ¿Cómo es que le gusta?”
“Se viste feo, además, su cabello es horrible. Es como si no se peinara nunca…”
“Está gorda. Y su cara…”
“No parece de 22, sino de 14… Es que yo se los digo, él nunca sería amigo de ella porque sí, yo pienso más bien que le tiene lástima o algo así. Samuel es demasiado bueno…”
“No supongas, Dani, pregunta”. –Suspiró y solo salió del templo en silencio, porque no estaba escuchando el tema y la gente no dejaba de hablar de ella sin notar que estaba detrás. Irse parecía la mejor opción. Subió al tercer piso a seguir escuchando, o a intentar concentrarse en el servicio. Por alguna razón, comenzó a llorar. ¿Cómo es que teniendo 22 esa clase de comentarios la hacían sentir igual o peor que cuando tenía 15?
Lo peor, es que unos pocos segundos de lágrimas le hinchaban los ojos y su nariz se ponía roja. –No puede ser… -Se secó la cara y suspiró tratando de no pensar en nada de lo que había escuchado. Eso era lo que necesitaba. No pensar. Audífonos, teléfono, y meterse al cuarto otra vez a cantar. Así era como ella sobrellevaba el dolor.
Terminó dormida luego de dos canciones y un antialérgico. Pero no demasiado como para no escuchar. Era como estar a mitad de camino del sueño. –Desapareció de pronto del servicio. ¿Se siente bien?
-No lo sé, alergia, seguro. Bueno, me conozco su clave de la laptop, yo te puedo pasar la serie.
-Es probable, tu hermana es muy alérgica. Siempre se anda muriendo.
-Sí, es como cuidar a un pollito de colores, la descuidas cinco minutos y algo le dio alergia. A lo mejor alguien tenía un perfume fuerte hoy.
-Yo no, cuando vengo no uso la mía, desde que me dijo que era alérgica. Bueno, solo la cambié por otra, y no parece ser alérgica a esa porque ya la he usado antes y no estornuda.
-Entonces no fuiste tú. –Abrió un poco el ojo izquierdo notando que se trataba de su hermano con Samuel y solo fingió volver a dormir, no quería interrumpir aquella conversación, aunque para su mala suerte, no hubo más palabras.
***
Nuevo miércoles, nueva pesadilla. Esta vez se había esforzado en verse mejor, como dirían “decente”, pero la nueva ola de rumores fue peor que la anterior, porque al parecer, incluso usando ropa diferente, más al estilo del resto de las chicas de esa iglesia, seguía sin encajar. En esta ocasión era porque no lucía el vestido, ni las sandalias, menos el cabello planchado, y que lo hacía por un chico. De nuevo, prefiriendo ir a resguardarse para no tener que lidiar con la gente. Sabría que no podría hacer eso el sábado.
Así que mientras pasaban los días, solo cantaba.
Porque tenía mucho dolor que sacar de sí misma.
Miércoles. ¿Qué tenían la mayoría que eran malos?
Leandro la había dejado un miércoles. Un miércoles tuvo una pelea con Richard porque no quiso hacer nada. Un miércoles terminó con Richard. Ahora hablaban de ella los miércoles, eso sin contar otros miércoles que pasaron cosas malas y peores… Enfermedades, acabar en el hospital con una reacción alérgica. Emergencias por un esguince en el tobillo. Chocar con un poste y romperse la frente… Entre otras cosas. –Un miércoles bueno, solo pido eso.
Y algunas veces, lo que pedía se cumplía. Porque tuvo un buen miércoles.
Nuevo servicio en el templo, sentarse en la última banca y prestar atención, o al menos intentarlo, porque estaba escuchando y de lo que escuchaba, escribía un poema. - ¿Qué haces?
-No lo sé. –Dijo bajito y dejó el lápiz. - ¿Qué ves?
-Lo que escribes. ¿No puedo?
-No. –Rió un poco y suspiró. –Ni siquiera es bueno. Así que olvídalo.
-Y yo no sé si es bueno o malo, no sé nada de poemas.
-Te lo enseñaré cuando acabe. Tal vez, si es que lo acabo.
-Pero no sé nada de poemas.
-Solo di si rima o si no rima. –Sonrió y trató de prestar atención al servicio, pero le estaba resultando imposible. Sus manos estaban demasiado juntas, a punto de tocarse en el banco, y eso la hacía sentirse rara. El latido de su corazón se escuchaba en sus oídos. Sus mejillas se sentían calientes, pero, a pesar de que le faltaba el aliento, porque se estaba quedando sin aire, se sentía a gusto. Eso era algo nuevo. No se movió el resto del servicio y solo jugaba a veces con su bufanda fucsia, hasta que acabó, y se sintió bien salir del templo, y, al hacer una rueda para saludarse, su mano acabó en la de él.
No, no fue como en las películas en donde se oye música de fondo o hay una chispa que salta, pero se sentía muy bien. Cálido. Extrañamente familiar, aunque era la primera vez que tomaba su mano.
“¿Qué rayos te pasa, Dani?”
Casi lamentó tener que soltarlo. Pero seguía cuestionándose el por qué le gustaba. Fue corriendo a encerrarse y a tratar de pensar. Su mamá tenía razón, pensaba demasiado las cosas. Lo que necesitaba era una persona racional que le pusiera los pies en la tierra. Así que solo tomó el celular y buscó con quien hablar.
¿Richard?
Mala idea.
¿Nany?
No estaba.
¿Las chicas de Montalbán?
Montón de chismosas.
-Okay, no tengo con quien hablar. –Excepto que sí tenía, se detuvo en el contacto de Jonathan, el hermano de Samuel. Pensó que era mala idea, pero al final ¿Qué otra opción tenía?, sí, le haría bullying por siempre, pero al menos habría risa. Así que terminó por contárselo.
Y en efecto, le hizo bullying.
Pero le dijo la verdad. Ella no tendría oportunidad con él, porque eran DEMASIADO diferentes.
- ¿No te lástima que te lo diga?
-No, mejor ahora que luego. Aunque sabes que no te haré caso y al final seguiré sintiendo cosas, ¿Verdad?
- ¿No eres tú la que dice que el amor es una decisión? Fácil, decide no quererlo, tú eres muy blanda, es lo que pasa.
-Gracias por la honestidad brutal. Al menos tú dices la verdad, no como otros. –Lo cierto es que quería una segunda oportunidad, y aquí viene su primer error.
Le dijo a alguien más.
Una chiquilla llamada Jocabed, y les puedo apostar que ella regó más el chisme porque si antes la gente hablaba con lo que veían, o suponían, ahora lo hacían con pruebas.
Cosa de la que se arrepentiría siempre.
Así un buen miércoles pasó a ser uno malo, en un abrir y cerrar de ojos.
Más rumores, más chismes, más ganas de querer desaparecer… Tan lejos como la llevaran.
Pero ni que tuviera tanta suerte, tendría que soportar hasta enero en ese sitio, viéndolo todas las semanas y muriendo de pena.
-No debí contarles nada, los secretos mejores guardados son los que no compartes. Ya es tarde, ahora solo queda orar para que esto no se haga grande. –Soluciones, solo debía orar y eso era todo. Aquellos sentimientos se irían y podría seguir con su vida. Se levantó tan rápido que se metió un golpe con la litera, pero entre quejidos solo siguió, consiguió su cuaderno y escribió su plan de oración de mes, con nuevas oraciones, las que nacían de su corazón.
6 am
12 m
6 pm
“Pido poner en orden lo que siento. Que todo se vaya si no es real, que pueda superar cada chisme que salga, que tenga la valentía para enfrentar cada problema, aunque tiemble. Que esta experiencia sirva para crecer. Pero sobre todas las cosas, que Dios sea quien dirija mi corazón, y me enseñe cosas buenas de esto que siento, que aún no quiero definir como amor…”
“Pido por Samuel. Es mi amigo. Y tal vez yo no sea la persona más consagrada del mundo, aún tengo fallas, pero pido para que su fe no falte nunca, que pueda ver a Jesús a cada paso de su vida, en cada instante.”
Pasó los dedos por su nombre y suspiró. –Bueno, tranquila, solo son tus conversaciones con Dios.
Y así lo hizo. Cada que sonaba la alarma, se iba a una esquina del cuarto, oculta, a orar, ni siquiera medía el tiempo que pasaba ahí, solo se deshacía hablando en su mente, sin prisas, con pausas. Siempre iba rápido por la vida, a las carreras, pero en aquellas ocasiones, no.
Para aquella semana encontró un post interesante que le hizo pensar en sí misma, si no estaba vacía.
Una secuencia de imágenes que decían:
- “Si te enamoras de alguien tan rápido…”
- “Eso no se llama amor…”
- “Se llama estar vacío…”
- “Y querer llenarlo con cualquier cosa…”
Así que añadió una oración más a su lista.
“No quiero un corazón vacío. Cada día, que se llene más de Jesús y su amor.”
***
-Richard, no sé qué hacer. –Dijo mientras hablaba por el video chat. Era amiga de su ex, lo cual era raro, al menos en su cabeza, pero se tenían confianza. Era lo que importaba. –Llevo un mes orando y no dejo de sentir cosas.
-Yo te diré que no soy religioso y lo sabes. Además, ¿Qué sentido tiene sufrir por un idiota que no sabe de tu existencia? Dani, eres preciosa, si a él no le gustas entonces…
-Entonces está en su derecho. Y sí, lo sé, no sé porque te cuento mis rollos de amor y religión a ti. –Dijo riendo. –Ya, como dije, estaría en su derecho, porque no siempre somos correspondidos, míranos, lo nuestro fue rápido y fugaz, ahora estás en una relación seria… bien por ti.
-Tengo algo que contarte. ¿Si?
-Okay, suéltalo.
-Andrea y yo… lo hicimos. –Dani no se esperaba aquello, y la cara de emoción de su ex tampoco ayudó, fue muy random aquel cambio en la conversación, pero no lo iba a cuestionar. –Así que… ¿Qué dices?
-Felicidades, creo.
-Okay, volviendo a lo tuyo. El idiota no es idiota, ¿Por qué dices que no es idiota?
-Deja de decirle idiota, Samuel no es idiota, es un buen chico de hecho. Es interesante, y agradable, y me trata muy bien, somos amigos.
-Pero tú quieres más.
-No, bueno, sí. Pero es complicado. No quiero lo mismo de siempre. Antes, en el pasado, me gustaban los chicos por pura cosa hormonal.
- ¿Hasta conmigo?
-Eso no importa ahora. –Dijo y suspiró. –Creí que se iría lo que siento, pero no. No se ha ido. Ahora es peor.
- ¿En qué sentido?
-Me preocupo. Demasiado, por todo. Si comió, si no le ha pasado nada en la moto, ese chico es propenso a chocar cuando va con chicas en esa cosa. Hago postrecitos y le doy. Es raro, porque haría cualquier cosa por verlo bien, y no me importa si solo me ve como amiga, esa es la diferencia.
-Tú estás colada por un idiota. ¿Por qué no le gustarías? Y no me salgas con la estupidez de que eres fea, porque no lo eres. No tengo mal gusto.
-Porque… no lo sé, a veces no hay motivos. A veces las personas solo se quieren como amigos y ya. Tú me quieres como amiga. –Con la cara de Richard supo que lo había herido, pero suponía que estaba bien. –Lo siento.
-Ahora es que te quiero como amiga, antes, cuando estabas conmigo, quería besarte todo el tiempo.
- ¿Y eso cuando cambió? ¿Antes o después de conocer a Andrea?
-Eso no tiene nada que ver. Yo te amaba, Dani. Te consta que te amé, solo que ahora te amo diferente.
-No eres el primero en decir cosas así, así que ¿qué tiene de malo que las diga yo?
-Decretas al universo que él solo te querrá así, y lo veo en fotos y me parece un idiota, no te conviene, solo consigue otro. Mereces más.
- ¿Más? ¿Más qué? ¿Dolor? Oye, al menos con él sé que esperar, y nadie se ilusiona, y nadie sufre, y nadie espera nada. Así está bien, no quiero más.
-No hablo de eso, ¿Sigues enojada conmigo porque terminamos? Siento que me reprochas.
-No, para nada. –O tal vez eso era cierto. No había sacado todo lo malo que llevaba por dentro. Solo suspiró y negó. –Mejor ahora. Lo siento, yo no estoy enojada contigo. No te reprocho nada, para reprocharte y sentirme enojada por romper tendría que quererte como novia todavía y no, ya eso no lo siento. Yo te quiero, pero como una hermana y eso es todo, solo me molesta que tú te hayas enamorado tan rápido en México y yo aquí estoy luchando por definir que siento. Es todo.
-Así que tienes envidia. ¿Eso?
-Sí, si lo quieres poner así, sí. Tengo envidia. Yo tardo… Parezco una perdedora, ¿No?
-No lo creo, todos tenemos distintos ritmos. Tú te enamoras rápido, pero tardas en recuperarte luego de que te rompen el corazón. Perdón, es mi culpa… Yo…
-Olvídalo. Pero tienes razón, tal vez soy muy rápida para darle mi confianza a la gente, debo dejar de hacer eso. Oye, hablamos otro día. ¿Si? Quiero dormir, y ya es tarde. Nueve de la noche.
- ¿Eso es tarde? Antes dormías a las once, casi doce, Cenicienta.
-Pero no ahora, estoy anciana, adiós.
-Adiós, anciana. –Lo cierto es que quería abandonar esa conversación, estaba lejos de quedarse dormida. Terminó por bajar de la litera y salió de la habitación, corrió escaleras abajo y luego al garaje. Era el único punto de aquel edificio donde se podía ver la luna, y siempre era relajante verla. Hablar directamente con el cielo también era otro hábito, solía hacerlo mirándolo, y pensando todas sus palabras. Era otra manera de conectar con Dios.
“Por favor, solo quítalo de mí. Decido quererlo, como un amigo nada más. Yo no estoy lista para nada más. Bueno, no puedo mentirte, yo no quiero nada más, aún. No me cierro a la posibilidad. Pero no aún, no ahora, además, ¿Seguro que él es? Tú siempre estás seguro, pero no estoy segura yo… ¿Qué tal si ponemos señales?, así sabría. Tres. Si las cumple en algún momento, sabré que tengo que ser paciente y esperar.”
Y aquella noche se pactaron tres señales que jamás mencionaría a nadie, era mantener los secretos bien secretos.
Algunos miércoles eran peores que otros. Pero aquel miércoles, supo que su vida cambiaría para siempre.